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Alemania perdona a los desertores

Público, | 4 septiembre 2009

El Parlamento alemán rehabilitará a todos los condenados por “alta traición”, lo que supone anular unas 100.000 sentencias de cárcel y otras 30.000 de muerte, de las cuales 20.000 se ejecutaronGUILLEM SANS MORA – CORRESPONSAL – 04/09/2009 06:00

Ludwig Baumann, cabo de la Marina alemana, tenía 22 años cuando desertó en Burdeos junto con su compañero Kurt Oldenburg. Era junio de 1942 y los dos jóvenes soldados se negaban a partir hacia Rusia. Planearon pasar al territorio de la Francia libre, con destino a EEUU vía Marruecos. Amigos franceses de la Resistencia les prestaron ropa de civil y un par de pistolas cargadas. A poca distancia de la línea de demarcación, una patrulla aduanera alemana los descubrió. Baumann asegura que no tuvo valor para disparar. Los dos cabos fueron condenados a muerte tras un proceso que duró 40 minutos.

El 8 de septiembre Alemania dejará de considerar a Baumann un traidor y se borrarán sus antecedentes. El Parlamento alemán rehabilitará a todos los condenados por “alta traición”, lo que supone anular unas 100.000 sentencias de cárcel y otras 30.000 de muerte, de las cuales 20.000 se ejecutaron.

Muchos de los casos conocidos no dejan lugar a dudas sobre su injusticia, como el del teniente Anton Schmid, documentado por el historiador Wolfram Wette. Schmid fue ejecutado en 1942 por haber protegido a unos 200 judíos en Lituania. Entre las víctimas se encuentran también oficiales relacionados con los conspiradores que intentaron matar a Hitler en 1944.

Jueces nazis en la RFA

Para Baumann, una de las pocas víctimas de la Justicia militar nazi aún con vida, la absolución llega tarde, pero llega. Atrás quedan seis décadas de una vida difícil en la Alemania de posguerra, donde muchos jueces militares nazis se pusieron togas democráticas sin tener que dar explicaciones sobre su pasado. Baumann pasó los primeros años de la posguerra entre insultos y amenazas, además de las dificultades de encontrar trabajo por sus antecedentes. Baumann se dio a la bebida. Su padre murió en 1947 y él “se bebió” la herencia. “Mi mujer era infeliz”, recuerda. Cuando ella falleció, Baumann dejó el alcohol y empezó a luchar por su rehabilitación. En 1990 creó una asociación de víctimas de la Justicia militar nazi que ahora ha logrado la anulación de las sentencias.

El 1 de septiembre, en el 70 aniversario del inicio de la guerra, Baumann inauguró en Colonia el primer monumento a los desertores en una ciudad alemana. La rehabilitación llega tras superar innumerables obstáculos.

La Unión Demócrata Cristiana de la canciller Angela Merkel se había opuesto siempre a anular esas sentencias, con el argumento de que no todos los condenados actuaron por motivos desinteresados y algunos podrían haber perjudicado a sus compañeros. Jürgen Gehb, portavoz de la CDU, explicó así el cambio de postura de su partido: “Durante muchos años hemos apostado por una anulación caso por caso. Para ello había y sigue habiendo buenos motivos. Pero no queríamos que nos consideraran como los anticuados de siempre”.

Históricamente, la anulación de las sentencias desvirtúa una línea de argumentación de los conservadores alemanes que Hans Filbinger, ex juez de la Marina con carné del partido nazi, resumió en una frase famosa que forzaría su dimisión como primer ministro del land de Baden-Württemberg en 1978: “Lo que entonces era legal, no puede ser hoy ilegal”. Filbinger había ordenado dos sentencias por alta traición, de las cuales al menos una se ejecutó. La Alemania de hoy ya no acepta esta visiónde la Historia.

“Estuve diez meses en la celda, atado de manos y pies, con el miedo permanente a que vinieran a buscarme para la ejecución. Me torturaron. La experiencia me persigue hasta hoy”, cuenta Baumann a sus 88 años. El joven soldado de entonces utilizó contactos familiares para canjear la condena a muerte por otra de 12 años, que pasó en el campo de concentración de Emsland, en la cárcel de Torgau y, finalmente, en las filas de un batallón de castigo en Bielorrusia, donde su amigo Oldenburg murió. Una herida de bala en el hombro salvó a Baumann, que vivió el fin de la guerra en un hospital militar.

http://www.publico.es/internacional/248685/alemania/perdona/desertores