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El estado postfranquista de derecho

José Mª Pedreño | 25 septiembre 2009

Cuando llegan estas fechas, nos llaman numerosos medios de comunicación para preguntarnos que es lo que queda del franquismo. Normalmente suelen preguntarnos por monumentos, calles, etc. Sin embargo hay algo que se está olvidando y es que del franquismo no queda sólo lo que se ve (que es mucho) sino lo que no se ve, o que se ve, pero no se piensa que es una herencia del franquismo.

Vivimos inmersos en una sociedad con un bajo nivel de cultura democrática. Es tan bajo que, incluso, podemos afirmar que la población española no es democrática, sino postfranquista. Tenemos tan interiorizados los tópicos, los valores, la mentalidad y las razones que el franquismo impuso a golpe de fusil que, sin darnos cuenta, queda más de franquismo en nuestras mentes que en nuestras calles, y ya es decir.

Una vez aprobada la timorata “Ley de memoria Histórica”, indicando que había que eliminar todo símbolo que hicieran apología del franquismo, nos hemos encontrado con numerosos ayuntamientos que, escudándose en razones diversas, no eliminaban nombres de calles o quitaban monumentos. Las razones que se han dado han sido variopintas: los ciudadanos no quieren, habría problemas con la correspondencia al cambiar el nombre de la calle, los comerciantes tienen que cambiar el domicilio, el monumento es un bien de interés cultural, estamos borrando la historia, etc., etc., etc.… Incluso hay quien –el alcalde de Guadalajara-, en un ejercicio de democracia orgánica al mejor estilo franquista –como lo ha definido un compañero del Foro por la Memoria de esa provincia – hizo un referéndum entre los vecinos de las calles afectadas, consultando exclusivamente a los cabezas de familia mediante carta. El tercio familiar de las cortes franquistas era resucitado para no actuar contra la apología del franquismo. Ganó el referéndum, demostrando con ello hasta que punto la población española sigue siendo franquista, y dado el escaso número de votos a favor de la retirada del nombre de las calles, nos atrevemos a decir que incluso muchísimos votantes de izquierdas dieron la razón al alcalde. El alcalde de Guadalajara dijo que era una tontería eso de la Memoria Histórica y que de lo que hay que preocuparse en este momento es de la crisis. Y tiene razón, hay que preocuparse de la crisis, pero no sólo de la económica, sino de la crisis de valores que pervive en nuestra sociedad, porque en ella se encuentra el origen de gran parte de la que nos está afectando cada vez más a los trabajadores. 

Bajo el prisma que el alcalde de Guadalajara ve la cuestión, trasladémonos a Euzkadi. A la hora de retirar calles dedicadas a militantes de ETA, por ejemplo en Intxaurrondo, debería convocarse un referéndum, o no molestarse en quitarlas porque “como lo importante en estos momentos es la crisis…”. Sin embargo, a la hora de hacerlo en Euzkadi con las calles dedicadas a miembros de la organización ETA (incluidos aquellos que murieron luchando contra el franquismo a los que esta democracia –inexplicablemente- acusa también de terroristas), se ha hecho sin pestañear. Tolerancia cero, han dicho; no sólo con los militantes de ETA, sino también con aquellos que buscan los mismos fines que ETA, aunque sea de forma pacífica. Si esta es la forma en la que se actúa en España, Dios -si existe- nos libre de que surja algún grupo armado que luche por la III República, porque a los pacíficos republicanos de este país se nos procesaría por tener los mismos objetivos que un grupo violento. 

Con ETA (3.000 víctimas), tolerancia cero, con el franquismo (140.000 ejecuciones extrajudiciales, 190.000 ejecuciones en posguerra, 200.000 presos políticos, 500.000 exiliados, 30.000 niños robados, violaciones,  torturas, y no se sabe cuantos crímenes más) tolerancia infinita. Esa es la situación. ¿Éste es el estado democrático al que aspiramos? El problema estriba en que mientras la mayoría pensamos que las acciones armadas de ETA son un lastre sangriento del que nos tenemos que desprender, sólo una minoría somos conscientes, al mismo tiempo, de que el franquismo fue una dictadura fascista, tan criminal, o más, que el nazismo, y no perseguir su apología es un lastre, mucho más sangriento, que impide el verdadero desarrollo democrático de nuestra sociedad. Si esto continúa así, con los vientos que soplan por Europa, corremos el riesgo que de estos polvos vengan unos lodos que ahoguen la democracia en un nuevo baño de sangre. Y los responsables, esos que votan leyes de memoria que no son acordes con la consecución de Verdad, Justicia y Reparación, dirán que ellos no pensaban que pudiera ocurrir. Nos recuerdan a Casares Quiroga que cuando fue informado de la sublevación militar en África dijo aquello de “si ellos se han levantado, yo me voy a acostar”. Nuestros representantes institucionales o duermen, o son cómplices, o ambas cosas. 

Las contradicciones se agudizan. En un pueblo de la provincia de Soria llamado San Leonardo de Yagüe,  los vecinos no quieren cambiar el nombre, retiran las estatua del “Carnicero de Badajoz” -porque algún ciudadano verdaderamente demócrata la decapitó, sino seguiría estando allí- y erigen un monolito, según ellos, despolitizado y aséptico al vecino “Juan Yagüe” (entre 3.000 y 4.000 asesinatos en una sola tarde). Si esto se permite, porque no erigir un monumento “despolitizado y aséptico” en honor, por ejemplo, de De Juana Chaos (25 asesinatos) como vecino de San Sebastián. ¡Y esto del monolito y lo de mantener el nombre del pueblo tal cual, lo apoyan todos los grupos municipales! ¿No son demócratas todos ellos? Juan Yagüe, como ha demostrado documentalmente el historiador Francisco Espinosa es responsable del asesinato de miles de personas en su avance por Andalucía y Extremadura al mando de la “Columna de la Muerte”. El que no haya sido procesado no significa que no sea un asesino de masas y, si se pone en duda es porque las llamadas fuerzas democráticas han colaborado en el silencio y la ocultación. Tampoco fue nunca procesado Adolf Hitler, pero nadie duda que fuera un asesino de masas. 

El otro día, un presentador de informativos de la CNN, hablando del juicio contra el asesino de Carlos Palomino, dijo que Carlos era un joven de ideología antifascista y que había sido asesinado por un joven de ideología fascista. La sorpresa fue mayúscula ya que se supone que el antifascismo no es una ideología, sino una postura beligerante frente al fascismo que cualquier amante de la libertad debe mantener. Se supone que cualquier democracia debe ser antifascista, sin embargo, parece ser que los demócratas españoles, no se sienten antifascistas y consideran que el antifascismo es una ideología que tienen algunos jóvenes. Lo lógico en una democracia sería que todos, incluso los demócratas conservadores, fueran antifascistas. ¿No? Pues aquí, parece que ni muchos militantes del PSOE lo son. Por poner un ejemplo -sin decir la población, ni la persona-, en uno de los muchos viajes que he realizado, en una cena con los concejales socialistas de un pueblo, hablando de la manifestación antifascista desautorizada por el gobierno civil de Madrid en el año 2007, manifestación a la que muchos demócratas –y por lo tanto antifascistas- acudimos y fuimos duramente agredidos por la “democrática” policía española a pesar de estar pacíficamente en la acera sin interrumpir el tráfico, uno de los concejales dijo que “los antifascistas y los fascistas eran unos extremistas”. Le pregunte si él no era antifascista y que yo creía que todos los demócratas debían haber estado en esa manifestación. No supo que contestar. 

Y no hablemos de la policía. Se supone que está para proteger a los ciudadanos y sus derechos constitucionales, entre ellos el de reunión. Sin embargo parece que en cuanto ven a varias personas juntas en cualquier esquina, enseguida se aprestan a pedir la documentación, exigir que la gente circule, etc. Son formas de entender la labor policial heredadas del franquismo. En vez de estar para defender nuestros derechos –que es su obligación-, tienen asumido que están para mantener el orden establecido. 

La herencia franquista se muestra también en cuestiones tan extrañas a este debate como la ciencia y el fútbol. ¿Cómo puede ser que, en este país se paguen millones a las estrellas del futbol y a científicos españoles que descubren la forma de curación de un tipo de cáncer se les tenga contratado en precario y no les conozca casi nadie? ¿No será esto también una herencia del franquismo? Mucho futbol y muchos toros para desahogo del pueblo, y la mayor parte de nuestros intelectuales y científicos en el exilio. Antes se exiliaban por ser amantes de la libertad, hoy, la mayoría tiene que hacerlo porque aquí se moriría de hambre. 

Sería bueno analizar muchas de las actitudes que tenemos, de nuestros propios comportamientos y seguramente nos encontraríamos con numerosas cuestiones heredadas del franquismo que nos hacen ser un pueblo que aún no ha adquirido la cultura democrática suficiente como para poder sentirnos orgullosos de ello. 

Siempre me consideré un patriota, quiero a España, y quiero sentirme orgulloso de ella, porque hoy, tal como veo las cosas, no puedo estarlo. Considero que ser un patriota de verdad, no es gritar enloquecido cuando gana la selección, sino sentirse orgulloso porque en su país a nadie falta un trabajo con derechos, todos tienen un techo digno bajo el que vivir y nadie pasa calamidades, ni hambre. Ser un patriota es desear que nuestro país sea el más solidario, el que más hospitales y escuelas tiene y el que más construye fuera. Ser un patriota es el que recibe a los que vienen de fuera buscando una vida mejor como si fueran de la familia. Patriota es aquel que desea que su país sea conocido en el mundo como modelo de convivencia y bienestar social. Patriota es aquel que ama la historia de los hombres y mujeres que lucharon por la libertad, la igualdad y la solidaridad. Patriota es aquel que se niega a que los soldados de su patria vayan a otros lugares a matar ciudadanos de otros países. Patriota es el que quiere sentirse orgulloso de sus científicos e intelectuales, trabajando por la paz y el bienestar de la población mundial. Patriota es el que defiende el derecho de sus compatriotas a sentirse, hablar y pensar diferente, incluso gobernarse de forma diferente si es su deseo. Patriota es el que pone los derechos de sus compatriotas por encima del mercado y la propiedad privada. Ser un patriota, en definitiva, es el que lucha para sentirse orgulloso de su país por todas estas cuestiones. 

Sin embargo nada de esto tiene que ver con el sentido de patria heredado del franquismo. El sentido de patria que tiene la mayoría de la sociedad es el sentido rancio y patriotero del fascismo y no tiene nada que ver con el concepto de patria que debe presidir una sociedad democrática. Es el de los que dándose golpes de pecho, lleva la bandera borbónica  (o el toro, que está de moda) en el coche y pisotea a todos los compatriotas que tiene a su alrededor con tal de ganar dinero y demostrar que es más que nadie. ¿Es que acaso son patriotas aquellos que defienden a las multinacionales españolas en sus rapiñas por tierras lejanas, provocando el odio de sus pobladores contra nuestra patria? ¿Son patriotas los empresarios españoles cuando su pretensión es la de obtener más beneficios a costa de la perdida de derechos de sus compatriotas? ¿Son patriotas los que especulan para hacerse ricos de la noche a la mañana a costa de sus compatriotas? ¿Y los banqueros? Los banqueros, ya saben… Opinan que lo que es bueno para los bancos es bueno para el país aunque sea malo para el pueblo. Son capaces de estrujar el bolsillo de sus compatriotas hasta la extenuación con tal de seguir acumulando poder y riqueza ¿Y el himno y la bandera? Los actuales representan la matanza y el asesinato de centenares de miles de compatriotas; no representan los valores de libertad, igualdad y fraternidad a los que aspiramos. No vale que cambien el escudo de la bandera y la letra del himno. Fueron impuestos a fuego y hierro por aquellos que decían defender la patria, incluso matando a la mitad de sus compatriotas si fuera necesario. Nos pongamos como nos pongamos, siguen representando el fascismo de nuestro país. ¿Y la constitución de 1978? ¿Alguien se ha molestado en mirar el original firmado por el hijo adoptivo de Franco, Juan Carlos de Borbón? Aconsejo que lo miren, porque el escudo que lo encabeza es el que utilizaban los que dieron un golpe de estado contra la voluntad democrática de la mayoría de sus compatriotas. Esa constitución, por mucho que digamos no deja de ser un caramelo envenenado, en el envoltorio venía indicado de forma clara con ese escudo. 

Todo quedó atado y bien atado. En la calle, en nuestros pensamientos, en nuestras actitudes… El franquismo ideológico sigue ahí y, en vez de profundizar y actuar para extirparlo, lo que hacemos es frivolizar, cuando se debería actuar con contundencia. Mientras en España siga quedando algún resto del franquismo fuera de los museos de los horrores, y dentro de nuestra forma de pensar y actuar, no habremos llegado aún a la democracia y nos encontraremos todavía viviendo en un estado postfranquista de derecho. Todos somos responsables, pero unos, los que gobiernan y, sobre todo, los que tienen el poder real, son más responsables que otros. Todos debemos ser conscientes de ello, pero ellos mucho más.

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