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Una España que duerme y otra que bosteza

Rogelio Diz. O Xornal, | 6 septiembre 2009

A raíz de los últimos acontecimientos de los ataques realizados sobre varios monumentos erigidos a las victimas del franquismo en Navarra, me siento en verdad indignadoA raíz de los últimos acontecimientos de los ataques realizados sobre varios monumentos erigidos a las victimas del franquismo en Barrioplano, Artica, Aizoain y en la ladera del monte Ezkaba, todos ellos en las inmediaciones de Pamplona en Navarra, destruyéndolos y dejando pintadas con simbología falangista y lemas de “viva Cristo Rey”, me siento en verdad indignado, y más aun con el silencio de la mayoría de los medios de comunicación en que la noticia no tuvo transcendencia alguna, y los pocos que lo hicieron principalmente en medios electrónicos las opiniones de las personas que ahí las externaron escudándose –como no podía ser de otra manera- en el anonimato, para expeler insultos o infamias contra los que no piensan como ellos, sean de la ideología que sean, rara vez debaten u opinan con fundamento o argumentos, cosa que al no tenerlos, les queda el insulto soez para demostrar su mala leche, una depreciada educación además de una supina ignorancia.

Me duele también el volver a comprobar, el silencio de la Iglesia sobre estos actos y por la parte del gobierno quien junto con todos los grupos condenaron los atentados, lógicamente menos el PP, para el cual solamente se debe condenar el terrorismo de ETA, todos los demás actos, y más si son de grupos de la derecha, estos son simplemente pequeños desordenes sin ninguna importancia.

Fue Ahaztuak y la Sociedad Txinparta, las que hicieron la denuncia de estos hechos, ambas son asociaciones de familiares y amigos de los asesinados en el 36 del País Vasco y Navarra así como de la recuperación de la Memoria Histórica. Un trabajo arduo y reconocido por todos los que tuvimos contacto con ellos, Una labor realizada por muchos en sus tiempos libres, sin ánimo de lucro y solamente con algunas aportaciones de sus mismos integrantes y subvenciones de pequeños Ayuntamientos.

Las inscripciones que figuraban en el monolito del monte Ezkaba, solamente decía esta frase en castellano y en Euskara: Por la libertad y la Republica dieron la vida, muero sin dolor ya que doy la vida por la libertad. Este monumento que lo único que reivindica es el recuerdo a las victimas asesinadas en ese lugar, ya fue victima también de varios atentados en años anteriores, y siempre a pesar de su denuncia jamás fueron investigadas y mucho menos sus perpetradores fueron detenidos, demostrando que la impunidad en algunos grupos de extrema derecha campa a sus anchas.

Algunos parecen olvidar que un verdadero Estado democrático, defiende todos los valores sean de izquierdas o de derechas, lo que hay que evitar es que ninguno se salga de las reglas y valores que entre todos hayamos decidido, y que de esta manera trate de imponer su ideología con otras armas que no sea el dialogo y la palabra basados en un valor de justicia universal.

Pues esas cárceles como la de San Cristóbal, en la cima del monte Ezkaba, eran un verdadero cementerio de hombres vivos, pozos de venganza para aniquilar al enemigo, donde se dieron todas las variantes delictivas por parte de sus gestores en esa época donde torturar, secuestrar, matar, robar y malversar, fueron sus propios mandamientos, y que aun los sobrevivientes que lograron salir en libertad –una libertad siempre vigilada- tenían que cargar hasta el final de sus días el estigma marcado a fuego sobre su piel, el de convicto. Muchos de ellos, por no decir la mayoría, jamás pudieron entender el que habían sido castigados simplemente por ser fieles a un juramento de lealtad a los valores en que habían sido educados y que habían ratificado en las urnas. Y que los otros, quienes habían traicionado esos valores y roto la libertad democrática, serian sus verdugos.

Con juicios tan justos como cuando condenaron a mi padre en el año 36 en Pontevedra, donde junto con 21 compañeros más, los cuales no se conocían entre si, y pertenecían a diferentes comarcas de Pontevedra, y que fueron acusados del mismo delito, que rezaba así: robar pan y leche de las manos de una niña, hacer actos de sabotaje en la carretera de Cambados y tratar de traer a España los restos de Moscu. Por estos actos fueron condenados 5 a Pena de muerte, y todos los demás a 30 años y un día por rebelión militar, con excepción de dos menores de edad que fueron condenados solamente a 18 años.

La realidad es que todos ellos eran buenas personas, personas de ley, que su único crimen fue estar a favor de la democracia.

Pero peor aun fueron los llamados presos gubernativos, los cuales nunca fueron ni enjuiciados ni sentenciados por lo que su estado de indefensión era total, ni siquiera existían en las listas de las cárceles donde estaban recluidos, así que en su gran mayoría simplemente desaparecieron.

Menos mal que la gran mayoría ya no pudieron ver que los herederos de aquellos traidores, siguen siendo ahora bajo el escudo de la piel de cordero “demócratas de toda la vida” los mismos que hoy dirigen el país encubriéndose en las siglas del PP o del PSOE.

Los mismos que nos ofrecieron una Ley de Memoria Histórica encubierta como Ley de punto final, a la que nadie hace caso y donde todos aquellos que fueron juzgados por los tribunales ilegales franquistas, siguen siendo victimas del estigma de la prisión, donde el que más y el que menos fue objeto de tener que oír a sus espaldas frases lapidarias como: “Si estuvo en la cárcel, por algo seria” mientras que los que los encarcelaron siguen considerados personas de bien, gracias a una transición donde nos engañaron pidiéndonos que aparcáramos nuestras reivindicaciones mientras ellos trataban de refugiarse en una Ley de amnistía –seria que no tenían la conciencia muy tranquila- para que después de treinta años perpetraran esta Ley de punto final que esperaban que nos tragáramos.

Mientras tanto, Partidos y grupos de ultraderecha, violentos, racistas y xenófobos, de ideología neo-nazi y por supuesto claramente antidemocráticos, campan a sus anchas por todo el territorio nacional, como la considerada Gestapo del franquismo, como Falange Española en todas sus acepciones, Democracia 2000, España 2000, Alianza Nacional y un largo etc.

Así que por todas estas cosas la independencia de la Justicia queda en entredicho, mientras que la mayoría de los que la componen, no quieren oír nada de la historia anterior al periodo de la transición, sino que se lo pregunten al Juez Garzón.

De la misma forma que queda en entredicho también esa España como nación que es la única que tiene su memoria secuestrada.

Países como Alemania, Francia, Italia, Argentina, Chile y ahora Guatemala, han anulado las sentencias de sus regimenes dictatoriales y llevado a muchos de sus protagonistas al banquillo de los acusados, España es la única que se niega siquiera a reconocerlo, donde la oposición que tanto le gustan las condenas, cuando se trata de quienes les convienen, nunca ha condenado de forma firme y explicita la dictadura franquista, y se jactan hablando de la libertad de expresión y ponen todas las trabas y obstáculos a los investigadores que intentan sacar a la luz todo lo que paso durante los cuarenta años de dictadura, es más fácil ser investigador de otra rama, incluso con facilidades para robar mapas incunables, y no para saber donde están enterrados como perros, cintos de miles de compatriotas asesinados en las cunetas de nuestro territorio nacional.

Es verdad que la venganza no te descubre el camino, es la esperanza la que te hace seguir para retomar la senda de la lucha por los ideales de una verdadera justicia y una real democracia, pero cuando las varas de medir son tan diferentes dependiendo de la barrera que te cobije, y viendo desde ahí como todos los demás tienen que sortear los dragones de la impunidad, la corrupción y la justicia acomodada que aun pulula por España y ante un publico apático, insensible y temeroso de tener que bajar al ruedo.

Porque sigue siendo más fácil el no mojarse en nada, el vivir de espaldas a todo lo que pueda hacerte resaltar, el ser el eterno espectador en los conflictos que consideramos de los demás, tratando de navegar en aguas tranquilas, si es posible dentro del canal, aunque no estemos seguros que el rumbo que nos marcan los demás sea el mejor.

http://www.xornal.com/opinions/2009/09/06/Opinion/espana-duerme-otra-bosteza/2009090619321794284.html