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De fascistas, escritores y duendes

Arturo Peinado, Federación Estatal de Foros por la Memoria, | 9 octubre 2009

¿Es posible separar al escritor, al creador literario y a su obra,  de sus acciones y sus opiniones?. ¿Las cualidades literarias, estilísticas… dan patente de corso para actuar de manera abyecta?En uno de sus poemas, Mario Benedetti escribía que hasta el fin de sus días iba a continuar haciendo poesía no neutral, incluso cuando tratase  “de mariposas y nubes y duendes y pescaditos”. (1)

¿Es posible separar al escritor, al creador literario y a su obra,  de sus acciones y sus opiniones?. ¿Las cualidades literarias, estilísticas… dan patente de corso para actuar de manera abyecta?. ¿Quién puede asegurar que Vlad el Empalador o el estrangulador de Boston, con un papel delante no eran unos finos estilistas mimados de las musas?. ¿La concesión del Nobel de Literatura lava automáticamente el pasado?, por ejemplo, imaginemos un caso completamente hipotético: si el premiado hubiera sido un confidente de la policía franquista.

Esta reflexión surge a partir del aluvión de críticas recibidas por la Delegada de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla, de IU, a partir de que el pasado día 6 de octubre denegase un local para la realización de un “Homenaje literario” a Agustín de Foxá.

Leí hace unos años “Madrid, de corte a checa”, y me resultó muy interesante, especialmente al exponer la versión de unos acontecimientos históricos desde un punto de vista y una mentalidad que, de ningún modo, me siento capaz de compartir. No me considero autorizado para hacer una valoración literaria del libro; me conformo con esta comparación de las obras de Foxá y de Valle Inclán, por parte del maestro Umbral (2):

“Su Madrid de corte a checa es un Ruedo ibérico de derechas, que decae en seguida (estaba proyectado como trilogía). A Foxá, para escribir El ruedo ibérico, seguramente le sobraba un brazo. Quizá el derecho”.

Sin embargo, la sensación que me dejó la lectura del libro de Foxá fue indudablemente, de profunda repugnancia. Me asqueó la historia del joven falangista madrileño José Félix, a quien el autor presta aspectos autobiográficos. En fin, es el retrato de un señorito fascista, de mentalidad clasista rayana en el racismo. Resulta especialmente repulsivo ese profundo desprecio de las clases populares madrileñas, de los obreros, las modistillas, los conductores de tranvía:

“Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos, el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.”

Algunos historiadores han analizado cómo, previamente al exterminio físico del enemigo, es precisa la deshumanización y cosificación de la imagen del mismo. La conceptualización del pueblo como “chusma” (esa chusma que defendía la legalidad democrática republicana), posibilitó los posteriores crímenes, aún hoy impunes, protagonizados en gran medida por los pistoleros de camisa azul. Es cierto que por lo general, “la gente bien” como el conde de Foxá y marqués de Armendáriz no se manchaban personalmente las manos de sangre: nunca les faltaron esbirros dispuestos a hacer el trabajo sucio.

Algunos bienpensantes dirán que mi argumentación no es imparcial. Por supuesto que no lo es, es tan poco neutral como los duendes y pescaditos de Benedetti: ¿es lícito defender abiertamente la neutralidad y la equidistancia entre la democracia y el fascismo; entre los defensores de la legalidad republicana y los militares perjuros del 18 de julio; entre los intelectuales comprometidos con un mundo mejor y los señoritos fascistas?.

¿Quién en pleno siglo XXI está dispuesto a justificar el elitismo del que hace gala Foxá, otorgándose a sí mismo una pretendida superioridad sobre el resto de los mortales por derecho de nacimiento?.

Felicito a aquellos que son capaces de valorar por separado a un escritor y a su obra, pero sospecho que, en algún caso, lo que se oculta detrás es un cierto relativismo moral, o incluso una connivencia con lo que representa Foxá: Y no me refiero a sus valores literarios.

Comparto con algunos autores la idea de que una evolución ideológica  e incluso una loable actuación posterior (como sería el caso de Ridruejo, no de Foxá), no eliminan automáticamente responsabilidades anteriores, y opino que, del mismo modo que los presuntos valores artísticos de la obra de cada autor pueden ser ensalzados por “neutrales” lectores y por la crítica “aséptica”, sus ideas, sus principios y sus actos deben ser juzgados (y condenados) por los demócratas y por la Historia.

Discúlpenme por tanto, si me quedo con Cortázar.

Arturo Peinado
Federación Estatal de Foros por la Memoria

(1), Mario Benedetti, “Soy un caso perdido”

http://www.patriagrande.net/uruguay/mario.benedetti/poemas/soy.un.caso.perdido.htm

(2) Francisco Umbral, Trilogía de Madrid

http://lahordafeliz.blogspot.com/2009/10/de-fascistas-escritores-y-duendes.html