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El honor de Juan Negrín

El Plural, 28-10-2009 | 30 octubre 2009

Un hombre con un lema resumido: “¡Resistir es vencer!”Más allá de las historias de carácter global sobre la guerra civil española, en las cuales aparecen siempre referencias a Juan Negrín, cabe citar un primer esbozo biográfico sobre su figura publicado en 1996 por Tuñón de Lara, Ricardo Miralles y Bonifacio N. Díaz. Allí, en la parte redactada por los dos primeros, nada más comenzar, afirman lo siguiente: “Juan Negrín López nació el 13 de marzo de 1892 en Las Palmas de Gran Canaria, España, y murió el 12 de noviembre de 1956, en París, Francia, a la edad de sesenta y cuatro años.

Este parece ser el único punto de acuerdo entro todos cuantos se han ocupado de él, protagonistas, investigadores, políticos, amigos y enemigos de Juan Negrín, último Presidente de Gobierno de la República durante la Guerra Civil española”. Esto nos da idea de lo controvertido que ha sido el personaje en nuestra historia, hasta el punto de que al día de hoy aún se leen muchos errores y tergiversaciones sobre su actividad pública.

Negrín, nada más acabar el bachillerato (1906) se marchó a realizar estudios de medicina en Alemania, un país al que siempre admiró por su cultura y por su manera de fomentar el estudio y el conocimiento. De aquellos años derivó el interés que siempre mantuvo por la música. Tras volver a Canarias, al poco tiempo se desplazó a Madrid, donde en 1917 comenzó a trabajar en un laboratorio de Fisiología, gracias a la ayuda de Ramón y Cajal. En 1922 obtuvo la cátedra de Fisiología de la Universidad Central en Madrid, y en esos años ya era reconocido, dentro y fuera de España, como un excelente científico.

En 1929 ingresó en el PSOE, y participó de modo activo en política como diputado en las legislaturas de 1931, 1933 y 1936. Durante la guerra civil, al formarse el gobierno presidido por Largo Caballero en septiembre de 1936, desempeñó la cartera de Hacienda, y en mayo de 1937 pasó a ocupar la presidencia del Gobierno, puesto en el que se mantuvo hasta el final del conflicto, e incluso durante los primeros años del exilio. Su posición política de esos años se sintetizó en los “13 puntos” y se resumió en el lema “¡Resistir es vencer!”, pues era consciente de que el futuro de la guerra se jugaba en el plano internacional; su decisión más controvertida, aunque justificada, fue la de utilizar las reservas en oro del Banco de España para poder financiar el armamento necesario para mantener la guerra. El problema fue que el único país dispuesto a prestar esa asistencia fue la Unión Soviética, de ahí que se construyera el mito de que había enviado el oro a Moscú, cosa que aún mantienen los cultivadores de la pseudo historia. Su exilio transcurrió entre Francia, México, Gran Bretaña y Francia.

En 1941, el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo lo condenó, en ausencia, a 30 años de reclusión mayor. En cuanto a su presencia en México, fue algo coyuntural, pues viajó tras asistir en San Francisco a la constitución de la ONU y debido a que las Cortes en el exilio iban a celebrar allí sus sesiones, durante las cuales él presentaría su renuncia como presidente del Gobierno republicano en el exilio. Fue inmediatamante después, cuando, junto a otros diputados, sería expulsado del Partido Socialista.

Este hecho tiene su vinculación con las diferencias existentes en el seno del PSOE al menos desde la revolución de octubre de 1934, continuadas luego tras la victoria del Frente Popular, cuando un sector se negó a participar en el gobierno y finalmente acrecentadas durante la guerra. Durante el exilio fue Indalecio Prieto quien mantuvo una lucha abierta contra Negrín, entre otras cosas por el control y administración de la carga que transportó el Vita, que se tradujo incluso en la formación de dos organismos encargados de auxiliar a los exiliados: JARE (Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles), promovida por Prieto, enfrentada al SERE (Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles), que había sido creado por Negrín.

A los pocos meses de finalizada la guerra, Negrín daba la primera prueba de que no estaba sometido al dictado de los comunistas, puesto que en agosto de 1939 desaprobó públicamente el pacto germano-soviético. Pero sin duda, como señala Miralles, lo más controvertido de su actuación en los años del exilio fueron dos iniciativas personales: una, la de manifestarse a favor de la inclusión de España en el Plan Marshall, y otra, la de entregar al Estado franquista toda la documentación referente al depósito del oro en la Unión Soviética, junto con el conjunto de órdenes para su venta y conversión en divisas. Adoptó la decisión de forma personal, quizás por patriotismo, por si cabía alguna posibilidad de reclamación o quizás para lavar su imagen siempre denostada.

En los últimos años han aparecido varias biografías que dejan clara la manera de abordar la personalidad de Negrín, de la mano de autores solventes como Enrique Moradiellos, Gabriel Jackson o Ricardo Miralles, y asimismo obras en las que su papel en la guerra civil es tratado con el rigor necesario en toda buena historia, como ocurre por ejemplo con los trabajos de Helen Graham, y muy en especial en los de Ángel Viñas, con una trilogía en la cual nos habla de la soledad, del escudo y del honor de la República; en este último volumen el capítulo final es “El honor de Juan Negrín”, y a él he recurrido para titular estas líneas. Viñas, con el recurso indispensable de gran cantidad de documentos prueba la integridad con la que en todo momento se trató la utilización de los recursos en oro y al mismo tiempo deja claro hasta qué punto es falso el hecho de que Negrín fuera un instrumento de los comunistas a lo largo de la guerra civil. Hace sólo unos días, en colaboración con Fernando Hernández Sánchez, Viñas acaba de publicar un volumen sobre el desplome de la República. Sin tiempo material para poder consultarlo, no me cabe la menor duda de que ofrecerá información esclarecedora sobre el papel de Negrín en los últimos meses de vida de la República.

En 2006, a los 50 años de su muerte, en Madrid, el Ministerio de Cultura celebró una exposición sobre su vida y su trayectoria, con diversos documentos y fotografías, y se publicó un catálogo de la misma con las colaboraciones de expertos, así como un interesante Apéndice con el título de “Yo lo conocí”, que recoge diversos testimonios de personas que mantuvieron relación con Negrín, alguien que por su talla como político, como intelectual y como científico no merece estar en el olvido. Sin duda, el hecho de hacer efectiva hace unos días la decisión de devolverle el carné de militante socialista fue un acto de justicia, a pesar de que su nieta dudara de que Negrín lo hubiese aceptado.

José Luis Casas Sánchez es Profesor de Historia

http://www.elplural.com/politica/detail.php?id=39613