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Tumba faraónica para un Dictador

Público, 04-10-2009 | 5 octubre 2009

Durante el franquismo, miles republicanos fueron exhumados y trasladados sin consentimiento al Valle de los CaídosQUERALT SOLÉ – 04/10/2009

El 9 de abril de 1959, pocos días después del 20 aniversario conmemorativo del final de la Guerra Civil y de la inauguración del monumento, habían entrado en la Cripta del Valle de los Caídos 10.001 restos de civiles y soldados, franquistas y republicanos, muertos durante la contienda y que hasta entonces habían permanecido bajo tierra, en centenares de fosas comunes repartidas por todo el Estado. En junio de 1983 se inhumaba el último resto en la Basílica: provenía de la provincia de Barcelona y los familiares habían solicitado expresamente su traslado al Valle de los Caídos.

En los años ochenta, ya en democracia, aún existía la posibilidad de ser enterrado junto al dictador; en los años 50, 60 y 70 no hubo opción, y muchos restos fueron trasladados hacia Cuelgamuros con el absoluto desconocimiento de sus familiares, tanto republicanos como, también, franquistas.

En 1958 empezó un movimiento de tierras que abarcó todo el territorio español para ir llenando de antiguos “mártires” y “héroes” las cavidades construidas expresamente en los laterales de la basílica y del altar mayor.

El proceso se realizó con absoluta transparencia, se publicaron anuncios ofreciendo la posibilidad de la inhumación en el Valle de los Caídos en los principales periódicos estatales y en los Boletines Oficiales de todas las provincias.

Pero las respuestas no fueron ni mucho menos las que el régimen esperaba. Las solicitudes individuales de los familiares de los “mártires”, los represaliados en la retaguardia republicana, distaron tanto de las previsiones que se decidió incrementar las exhumaciones de fosas de soldados franquistas muertos en el frente, así como las fosas de los soldados republicanos a los que también se optó por trasladar, en este caso, sin informar a los familiares.

Fueron los Gobiernos Civiles los que centralizaron la recogida de información respecto de los lugares en que existían fosas, también sobre las “zanjas de rojos” de las que los ayuntamientos preguntaban qué hacer con ellas. Y no sólo de soldados rojos: se desconoce aún el número de fosas de civiles, represaliados en este caso en la retaguardia franquista, que también se exhumaron y se trasladaron al Valle de los Caídos. Exhumación en este caso es un eufemismo: los restos óseos se sacaban de la tierra que durante veinte años los había acogido con pico y pala, se metían en cajas de madera de pino, siempre de la misma medida, dónde podían caber les restos de hasta 15 personas. Estando todos ellos mezclados se trasladaban al Valle de los Caídos, dónde al llegar se les rezaba un responso y servían para ir llenando la monumental cripta.

En su mayoría, de los civiles y soldados franquistas se sabían los datos: en 1939 había sido un ejército vencedor que durante 20 años preservó la información de los lugares dónde se habían abierto grandes fosas: en el Ebro, en Teruel, en Madrid… Los soldados habían sido enterrados con botellas en las que se incluía su filiación; los civiles se habían servido de la Causa General para recuperar los restos de sus allegados. En cambio, los republicanos habían perdido la guerra, y con ella cualquier posibilidad de localizar las grandes fosas de soldados y civiles, unas fosas que ahora cuesta tanto abrir y que entones el régimen utilizó para llenar de huesos lo que sería la tumba del Dictador.

Los nombres de los que están enterrados con el Dictador se conocen: los listados del mismo Valle de los Caídos se pueden consultar libremente, igual que la documentación custodiada en el Archivo General de la Administración o en el Libro de los Muertos de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid. Pero muchos de los familiares nunca fueron informados. Y más allá de los nombres que se conocen, hay miles, decenas de miles de restos que fueron trasladados sin conocer su identidad, la mayoría soldados republicanos. Las cifras no pueden ser exactas: 20.000, 30.000, ¿40.000 quizás? Muchos de los que lucharon en su día contra el Dictador ahora están forzados a acompañarle en la mayor fosa común de España, la única tumba de la Guerra Civil, la tumba del Dictador que por más restos de los que se envolviese no le pueden hacer sombra alguna en un monumento pensado, ideado y construido para perpetuar con cemento lo que fue el régimen franquista.

http://www.publico.es/espana/257518/tumba/faraonica/dictador