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No saben tratar la historia y la memoria sin hacer trampas

Vicente Gabarda. Levante-Emv, 09-11-2009 | 11 noviembre 2009

¿Eso no es hacer trampas al jugar con la Historia, con la memoria y con los sentimientos?No ejerzo la docencia ni la he ejercido jamás, pero no por ello dejo de considerarme un historiador que ha dedicado a la investigación varios años de su vida y que, en la actualidad continúa trabajando en la Historia, aunque de forma esporádica. Durante años, durante muchos años, mi única lectura fueron los miles de libros del Registro Civil, Sección Tercera o “De Defunciones” de los cientos y cientos de juzgados de los pueblos y ciudades del País Valencià, y mi sorpresa iba en aumento cuando, pueblo a pueblo, iba conociendo, y añadiendo a mis listas, los datos de unas personas que en un momento determinado habían perdido la vida por causas “no naturales” o en unos lugares que no eran donde ellos habrían deseado morir. Y me adentré en los registros civiles de Paterna, de Liria, de Valencia, de El Puig, de Serra o Náquera y de tantos otros cuya lista sería interminable. Y luego trabajé con los datos obtenidos con el fin de darles una homogeneidad, entenderlos, intentar asimilarlos, y sacar unas conclusiones. Y si el resultado visible es conocido de muchos, materializado en un par de libros y otro tipo de publicaciones, hay otra consecuencia no tan palpable, el profundo respeto y valor que han alcanzado para mí los muertos de la guerra civil y de la posguerra, objeto de mi trabajo, y el asumir el horror que supone el que unas personas, que muchas personas, sean capaces de matar y de morir por unas ideas que en ese momento se creen justas y justificadoras.

Por ello, cuando hoy en día unos y otros utilizan unos muertos en beneficio propio, cuando tergiversan unos datos, los malean a su antojo y los lanzan como arma arrojadiza en una guerra que nada tiene que ver con la Historia ni con la recuperación de la Memoria Histórica, cuando, tocando la vena sensible, utilizan unos muertos para confundir a familiares y arrastrar a los que se dejan arrastrar por los temas llamativos, escabrosos, cuando utilizan a los muertos, a sus familiares y a los que se dejan arrastrar como un medio de intentar hacer mella en algo que, al parecer les viene grande, en nombre de la Historia y de la Memoria Histórica, se me revuelve el estómago. Necrófagos, demagogos e irreverentes.

Hace unos días, Matías Alonso, Coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica, escribía: “No saben tratar la Historia y la memoria sin hacer trampas” y esa es la frase que nunca debió de salir por su boca, si es que la dijo al pensarla, ni de su mano cuando la escribió, porque él y los que antes que él utilizaron a los muertos como los están utilizando, son los que más maltratan la Historia y la Memoria que pretenden honrar y recuperar.

Primera trampa: El plácido jardín conocido como “Jardín del Recuerdo” es sólo una pequeña parte de lo que en su día fue la Fosa Común de la Sección 11, mientras que el resto aparece cubierto de tramos de nichos individuales; no es por ello una muestra del agravio comparativo con el trato dado al resto de las fosas comunes del Cementerio: sobre todas se ha construido. Por cierto, los valencianos que allí fueron en su día enterrados tenían edades, profesiones y causas de la muerte similares a los miles y miles de valencianos que lo fueron en las otras fosas, y como aquéllos, fallecieron en lugares muy similares: sus propios domicilios, hospitales, etc. Y previamente fusilados sólo fueron enterrados en una de las fosas, no en todas.

No ha habido diferencia de trato: todos los inhumados en una fosa, sea ésta la quinta, la séptima, la octava o la décima, han sido exhumados si en los planes de funcionamiento del cementerio se pretendía volver a inhumar cuerpos como fosa común, o reestructurar la misma y convertirla en tramadas de nichos, en tumbas individuales o en panteones familiares. Y esa limpieza de la fosa, en alguna de ellas, se ha realizado en varias ocasiones desde 1940. Para un régimen represor, los cuerpos tienen importancia mientras viven, y, todo lo más, durante los primeros meses tras su muerte por aquello de dificultar o impedir a la familia el hacerse cargo del cuerpo y darle la sepultura que deseen. Pero una vez es enterrado en una fosa común, deja de ser republicano, ejecutado, pobre paria o valenciano del pueblo para convertirse en una masa de carne en espera de la putrefacción y posterior traslado de lo que quede al osario si, por decisión familiar, no se practica un traslado a otro tipo de enterramiento. Porque esa es la labor del Ayuntamiento, hacerse cargo del cuerpo durante ese proceso. La pervivencia de la memoria debe estar más allá de la institución, está en manos de la familia, de los amigos, de los allegados.

Segunda trampa: ¿Cuántas fosas tapó Rita (Barberá) con hormigón? ¿Tres (segundo párrafo) o seis (tercer párrafo)? El hormigón de Rita difícilmente podría haber tapado seis fosas (y dudo incluso que se le puedan atribuir tan sólo tres de ellas) por la sencilla razón de que Rita (y el PP) sólo lleva en la Alcaldía de Valencia desde 1991, aunque a algunos les pueda parecer mucho y a otros poco. Si te paseas un rato por el Cementerio General de Valencia y vas leyendo en voz alta (aparte de los números y letras que aparecen en los márgenes de las antiguas fosas) las fechas que aparecen reflejadas en las tramadas de nichos, o en las tumbas individuales, verás que la influencia de Rita no puede llegar tan lejos: la fosa de la sección tercera, donde eran enterrados los valencianos en el año 1913 y siguientes, aparece hoy soportando el pabellón de los bomberos, la cruz de las Víctimas del Cólera o la tumba de Maximiliano Thous Orts; en la fosa de la 5ª derecha las tumbas individuales de los cuadros 1º y 2º datan de la década de los años 50 y sesenta (del pasado siglo), al igual que ocurre con la desaparecida fosa de la sección 8ª derecha y la de la sección 10ª e incluso la posterior de la sección 7ª izquierda. Si en la de la sección 11ª se ha respetado la memoria de los allí enterrados mediante el “Jardín del Recuerdo” y en la 7ª derecha crece la ignominia en forma de hierbajos, ¿cuántas fosas “tapó” el hormigón de Rita? ¿una? ¿la 5ª izquierda quizás? Creo que en este caso no viene a ser lo mismo una que seis. Se le podrá acusar de continuar con la obra destructora de las fosas, pero lo hace porque nadie antes se ha encargado de frenar ese proceso, natural por otra parte.

Tercera trampa: Los que han pasado por estas fosas comunes, que hasta hace muy pocos días eran víctimas de la represión franquista, muertos de forma directa o indirecta como consecuencia de la guerra civil y de sus secuelasÉ invocando de nuevo la vena lastimera, han pasado a convertirse en indigentes, gente humilde sin etiqueta política y algún exponente culturalÉ que acompañan a la “gente asesinada en la paz de Franco”, por cierto globalizando así a los que permanecen en la fosa de la sección 4ª izquierda (cementerio civil) con los del resto de las fosas, e intentando convencernos de que esas causas de muerte tan llamativas, consecuencia de las torturas, de las palizas, de los asesinatos cometidos en comisarías, cuarteles, etc. junto a los suicidios (provocados y no provocados), vamos a verlas repetidas en cada una de las fosas.

Y tras las trampas, las “soluciones”: se critica el monolito propuesto por el Ayuntamiento y se pretende en cambio la elaboración de un mural que, fosa por fosa, recoja los “todos los nombres”, datos personales y causa de la muerte de los más de 50.000 valencianos que habrán pasado por ellas desde el fin de la guerra civil hasta finales de los años setenta (por poner una limitación, tan inútil como cualquier otra cuando se quiere recordar a los humildes miembros del Pueblo Valenciano olvidados por el señor Grau y, aunque no se diga, por los miembros del GRMH), no restituyéndose la memoria de no hacerse de ese modo; por otro lado, critican el que no se haya planteado hasta ahora la construcción en la 7ª derecha de “esa gran pradera, como en la Sección 11, donde otras familias pueden honrar la memoria de sus difuntosÉ” y en cambio muestran su desprecio por lo que se realizó tiempo atrás en el cementerio civil, convirtiéndolo en un jardín. ¿Hay modo de aclararse? ¿Dónde está la diferenciación de trato con los muertos? ¿Eso no es hacer trampas al jugar con la Historia, con la memoria y con los sentimientos?

Doctor en Historia Contemporánea. Universidad de Valencia.

 http://lamemoriaviva.wordpress.com/2009/11/09/no-saben-tratar-la-historia-y-la-memoria-sin-hacer-trampas/

http://www.levante-emv.com/valencia/2009/11/09/tratar-historia-memoria-trampas/649491.html