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“Me alegra que no hayan dado con mi tío”

El Mundo, | 22 diciembre 2009

Lo dice Vicenta Fernández-Montesinos, una de los seis sobrinos vivos de Lorca. En su fosa no hay nadie. ‘Crónica’ ya adelantó que el cuerpo pudo ser desenterrado

 

JAVIER CASTRO VILLACAÑAS

Huerta de San Vicente, verano de 1935. El instante que ha fijado la fotografía recoge la imagen de Federico García Lorca vivo y feliz en compañía de dos niños: Vicenta y Manuel Fernández-Montesinos García. Son sus sobrinos, hijos de su hermana Concha y su cuñado Manolo. La niña acaba de cumplir 5 añitos, y su hermano tan sólo es un año menor. El gesto tierno de Vicenta (Tica) agarrando a su tío por el brazo con las dos manos simboliza, además del cariño de una niña hacia un familiar tan cercano, un intento de retener junto a ella a alguien que desaparecería para siempre un año después. Manuel Fernández Montesinos, padre de las dos criaturas y alcalde de Granada, fue fusilado el 16 de agosto de 1936 en las tapias del cementerio de esta ciudad junto a varios concejales y militantes socialistas. Apenas dos días después tuvo lugar la caza, captura, fusilamiento y desaparición del tío Federico.

Setenta y tres años después, sólo nos quedan las emotivas palabras de la mayor de los sobrinos del poeta. Tica Fernández Montesinos no se ha podido contener, ni ser más sincera en sus declaraciones a Crónica: «Estoy personalmente contenta de que no se hayan encontrado los restos de mi tío».

La búsqueda de los restos mortales de Federico Garcia Lorca no ha tenido éxito. El viernes, la consejera de Justicia de Andalucía, Begoña Álvarez, se daba por vencida y declaraba finalizadas las labores de localización de los restos del poeta en la fosa de Alfacar en Granada. «No se ha encontrado ningún resto humano», han reconocido los responsables de la excavación. La recuperación del cadáver del autor de Poeta en Nueva York se había convertido en un paradigma dentro de la aplicación de la llamada Ley de Memoria Historia. En contra de todos los pronósticos, la expectación generada por los políticos ha pinchado en roca.

Los herederos del poeta siempre se mostraron contrarios a la realización de estos trabajos. Para el otro niño que aparece en la foto, el hoy casi septuagenario Manuel Fernández-Montesinos, «lo que hay que hacer con Lorca es leerlo y saber por qué está en una fosa común». «No nos parece necesario exhumar tumbas para saber que los generales levantiscos eran unos criminales».

EL ÚLTIMO VIAJE

Al igual que sucedió con la mayoría de las familias españolas, la Guerra Civil marcó para siempre el destino de los Lorca. «No quiero volver a este jodido país en mi vida», sentenció Federico García Rodríguez, padre del poeta, al despedirse para siempre de España en 1940. Cinco años después moría en Nueva York. Su mujer, Vicenta Lorca Romero, regresó a España en 1951, falleciendo en Madrid en 1959. Nunca quiso regresar a su Granada. Junto a Federico, que fue el mayor, tuvieron otros tres hijos: Francisco, Concha e Isabel García Lorca.

La guerra, el exilio y el regreso a la España de Franco no fueron las únicas desgracias para la familia. En 1956 fallecía en accidente de automóvil Concha García Lorca, precisamente cuando se dirigía desde Madrid a la localidad de Fuente Vaqueros. Del matrimonio entre Concha y Manuel Fernández-Montesinos nacieron tres hijos: Vicenta, en 1931 (publicó recientemente un libro Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra); Manuel, en 1932 (fue senador socialista por Granada en 1977 y es portavoz de la comunidad de herederos del poeta. En 2008 publicó su biografía Lo que en nosotros vive) y Concha (quien vino al mundo en 1936, unos meses después de ser asesinado su padre, y que estudió arquitectura).

Francisco García Lorca, hermano de Federico, fue escritor, profesor y crítico literario. Se casó en 1944 en EEUU con Laura de los Ríos Ginés (hija de Fernando de los Ríos y de Gloria Ginés) y tuvieron tres hijos: Gloria, en 1945 (pintora); Isabel, en 1947 (actriz y bailarina) y Laura, en 1954 (estudió arte dramático en Nueva York y es la actual presidenta de la Fundación García Lorca). La hermana pequeña de Federico, Isabe, fue la primera presidenta de la Fundación, pero no tuvo descendencia. Murió en Madrid en 2002.

La saga de los García Lorca ha tenido siempre fama de ser gente con mucho carácter y, quizá por eso, jamás han dejado de controlar directamente su pasado. Quizá por ello, también han gestionado de manera muy privada muchos de sus recuerdos. Empezando por su patrimonio. Desde Nueva York y durante la década de los 40 fueron sus padres quienes tramitaron la declaración de herederos del poeta para poder repartir su herencia y gestionar los derechos de autor sobre sus obras. Para ello tuvieron que conseguir un certificado de defunción fechado en Granada el 21 de abril de 1940 que suponía un mero trámite legal, ya que los dos testigos que afirmaban haber visto el cadáver de Federico el día 20 de agosto de 1936 eran, en realidad, el alguacil del juzgado y el primer escribiente del mismo. Una mentira más dentro de una versión oficial plagada de oportunas cortinas de humo.

Esta visión patrimonialista de la familia de Federico respecto de la herencia del poeta ha sido muy criticada, sobre todo durante los últimos años, a partir de que se abriera la posibilidad de localizar sus restos. Ian Gibson, su biógrafo más conocido y, a día de hoy, también el más afectado ante la falta de éxito de las excavaciones, no ha cesado de criticar la actitud de los herederos de Lorca y su negativa para encontrar su cadáver. Este comportamiento «obstruccionista», para muchos no suficientemente explicado, es lo que ha alentado todo tipo de teorías, muchas de ellas verosímiles, respecto al conocimiento que tendría la familia en relación con un desenterramiento del poeta ocurrido después de su fusilamiento. [Ver Crónica del domingo 13 de diciembre de 2009].

Sin embargo no siempre la familia ha permanecido unida en relación con este asunto. En septiembre 2008, los seis herederos de Lorca dieron un giro radical a su postura de oposición y, tras una reunión celebrada en la Residencia de Estudiantes, determinaron aceptar el derecho de las familias de dos de los tres compañeros de martirio de su tío (Dióscoro Galindo y Francisco Galadí) para que se abriera la fosa donde, supuestamente, estarían enterrados junto a Federico. Posteriormente, Manuel Fernández-Montesinos criticó el intento de Baltasar Garzón de abrir desde la Audiencia Nacional la fosa de Alfacar, calificando de «profanación» esta iniciativa. Cuando en 2009 la Junta decidió tomar el relevo y liderar esta iniciativa, los Lorca no dieron su brazo a torcer, calificaron de «circo mediático» todo lo que se iba a organizar, pero finalmente accedieron a la búsqueda de los restos mortales con la condición de que, en caso de encontrarse, no se identificara el cadáver de Federico ni se moviera jamás de ese lugar donde, en teoría, había permanecido más de siete décadas.

Para muchos, el desenlace de esta historia ha venido a dar la razón a los herederos del poeta: la excavación compulsiva de las seis fosas de Alfacar ha dañado la memoria del poeta. Antes se contaba con un lugar de culto, recuerdo y reivindicación, mientras que ahora lo que se tiene es un parque agujereado que lleva su nombre, además de muchas incógnitas que se multiplican respecto a lo que en realidad pudo suceder antes y después de su asesinato.

Mientras que los familiares de los fusilados junto a Lorca han reconocido estar desilusionados al no hallarse ningún tipo de restos, los sobrinos de Federico no disimulado su particular satisfacción ante un desenlace tan vacío. Este jodido país, que diría seguramente el padre del poeta, no deja en paz a los vivos, ni a los muertos más sagrados.

http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2009/740/1261263603.html