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Mujeres y republicanas

Público, | 8 diciembre 2009

La democracia trajo a España, en 1931, el sufragio universal, un espejismo de igualdad al que Franco puso fin con un golpe de Estado cinco años más tarde

 

 

DIEGO BARCALA – MADRID – 08/12/2009 08:00

El próximo 10 de diciembre, Público entrega un documental inédito de unos días que cambiaron España

Una asonada terminó de golpe y porrazo con aquella sociedad que daba señales de apertura. España, en 1936, era machista, homófoba y atrasada en casi todos los estamentos, pero cumplía con hitos que presagiaban para las mujeres un futuro opuesto al que encerraron los siguientes cuatro decenios de dictadura militar. El feminismo vivió un espejismo durante la II República que, en ocasiones, tuvo nombre y apellidos, como los de Victoria Kent, Clara Campoamor o Margarita Nelken. Tres diputadas que marcaron el camino a otras siete mujeres que, a lo largo del corto periodo democrático, consiguieron alzar una voz femenina entre los representantes del pueblo como diputadas en las Cortes, tal y como recogen las grabaciones de la película documental El amanecer de una nueva era en España, que la compañía Fox Movietone rodó en Madrid en los primeros días de 1931. Público distribuirá un DVD con esas imágenes históricas inéditas el próximo jueves, 10 de diciembre.

Victoria Kent fue la primera abogada española, primera letrada que defendió a un acusado en un tribunal militar, primera mujer que alcanzó un alto cargo y primera diplomática. Sin embargo, una renuncia a sus principios en un debate en el Parlamento la defenestró para gran parte de los movimientos feministas. Kent, afiliada al Partido Radical-Socialista, votó en contra del sufragio femenino. Creía que las mujeres darían el voto a la derecha y eso desestabilizaría el proyecto republicano. Así sucedió en 1933, con la victoria de la CEDA. Sin embargo, la historiadora Mary Nash, rechaza esa teoría: “No es cierto que las mujeres hicieran ganar a la derecha, porque en 1936 también votaron, y ganó el Frente Popular. Luego, ese argumento no es válido”.

El debate entre las diputadas Kent y Campoamor fue desgarrador para las mujeres. Kent defendió el aplazamiento del voto con la siguiente afirmación: “Es necesario aplazar el voto femenino, porque yo necesitaría ver, para variar de criterio, a las madres en las calles pidiendo escuelas para sus hijos; yo necesitaría haber visto en la calle a las madres prohibiendo a sus hijos que fueran a Marruecos; (…) unidas todas pidiendo lo que es indispensable para la salud y la cultura de sus hijos”. Campoamor, consciente de que Kent estaba siendo infiel a la causa feminista, respondió de la siguiente manera: “Comprendo la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer”.

Nash reconoce la valía profesional de Kent como abogada y como directora general de Prisiones, pero prefiere ensalzar el valor feminista y personal de la diputada Campoamor, del Partido Radical de Alejandro Lerroux. “Es que ella iba a contracorriente cuando defendía el sufragio femenino. Se enfrentó a una sociedad machista, como era España y el resto de Europa”, sostiene. El debate parlamentario por el sufragio femenino copa la memoria de la lucha del feminismo en la II República, pero hubo otros logros igual de destacables para la educación, el trabajo u otros derechos, como la aprobación del divorcio. Además, el propio nombramiento de Kent como directora general de Prisiones supuso un impulso incalculable para la entrada de las mujeres en la Administración pública.

Victoria Kent, en su investidura, toma la palabra: “Recojo en este momento el sentimiento y el pensamiento de todas las mujeres españolas”. La abogada se siente responsabilizada por ser una líder femenina a cargo de las prisiones. A lo largo de poco más de un año, revolucionó los centros penitenciarios españo-les hasta tal punto que se convirtió en un referente internacional de derecho carcelario. Kent creó la cárcel de mujeres de Ventas, y simbolizó la modernidad al sacar a las monjas que hasta entonces formaban el cuerpos de funcionarias penitenciarias de presas. Su política en las prisiones le valió un puesto de responsabilidad en la ONU durante toda su vida, en el exilio en Nueva York.

De los Ríos aseguraba que el nombramiento de Kent suponía el avance que la mujer española merecía. Es de suponer que se apoyaba en las paupérrimas estadísticas de la época. En 1930, más de la mitad de las mujeres que trabajan en el sector servicios lo hacía en las tareas domésticas, según los datos recopilados por la historiadora Rosa María Capel para la exposición El voto de las mujeres 1877-1978, de la Fundación Pablo Iglesias. Capel señala que algunos datos reflejaban aspectos “significativos”, como que las mujeres asalariadas representaban el 12,6% del total de los trabajadores.

En el ámbito educativo, las mujeres apenas representaban el 5% de los escolarizados en Educación Superior. Eso explica que Kent fuese la primera mujer abogada en España si no se tiene en cuenta a Concepción Arenal, que acudía como oyente a clase de Derecho a mitad del siglo XIX disfrazada de hombre.

Hasta 1909 no se permitió el libre acceso de las mujeres a la Universidad, y en el curso 1934/35 llegaron a estar matriculadas 2.980 alumnas en las facultades. Kent, nada más tomar posesión de su cargo, mandó fundir los grilletes con los que todavía eran esposados los presos para hacer una estatua de Arenal. Para la responsable de prisiones republicana, la visión de Arenal, que ostentó el título de Visitadora de Cárceles de Mujeres hasta 1865, fue un referente moral. La lápida de la tumba de la escritora en Vigo dice: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

De Arenal a Dolores Ibárruri. El feminismo en la República creció con la escritora como referente y acabó con la lucha en la Guerra Civil de la Pasionaria como legado. Ibárruri recuperó en 1977 su escaño como diputada por Asturias, ganado en 1936. En mitad de esos 41 años, la mujer sufrió el ostracismo del régimen de Franco.

http://www.publico.es/espana/276251/mujeres/republicanas