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No albergo ansias de revancha…

Antonio Sánchez-Marín. El Periódico de Extremadura, | 10 diciembre 2009

He escrito este libro para rendir tributo a los placentinos que murieron por la libertad. Este artículo es un homenaje a Alberto Barrado López  un cacereño ilustre

 

 

El Ayuntamiento de Plasencia, con motivo de la presentación de nuestro libro, Plasencia en llamas (1931-1939), ha rendido tributo merecido a aquellos esforzados placentinos que aparecen en el libro y que, por defender los principios de libertad, justicia e igualdad, al mismo tiempo que por los derechos de ciudadanía de sus conciudadanos, murieron alevosa y traidoramente.

Su alcaldesa, Elia Blanco , y la concejala de Cultura y Educación, Flor Prieto , han demostrado una gran sensibilidad al hacerle el homenaje a estas víctimas de la vesania fascista, acordando incluso la denominación de una calle a nombre del magnífico alcalde Julio Durán Pérez , asesinado por el triste célebre método del paseo , tiro por la espalda, la forma más traidora de morir, pues no se le da la oportunidad de defensa, al igual, y conjuntamente con otros cinco insignes antepasados nuestros, que fueron los siguientes:

Joaquín Rosado Álvarez de Sotomayor, insigne farmacéutico, a quien, además, le requisaron la farmacia, que hoy sería una de las más antiguas de España pues data de finales del siglo XVIII; Consuelo Alonso Elizo, eminente industrial y concejal republicano; Pedro Mirón García, secretario del Ayuntamiento de Malpartida de Plasencia; Abelardo Montero Curiel, médico de Garganta la Olla; y Eleuterio González Tabernero, de Malpartida de Plasencia. Los seis fueron enterrados en una fosa común en la finca El Almendral, en el término de la Oliva de Plasencia.

HEMOS escrito este libro con el deseo de que se les memorice. No con ánimo de rencor, pues como dice Francisco Espinosa la memoria no es sinónimo de ello, ni el olvido de reconciliación, sino por el reconocimiento de su dignidad, de su existencia, de su valía, de su grandeza de espíritu, de su vivificación moral, de su resurrección, si se me permite la licencia, aunque sea nada más que por dejar constancia de su vida y de su muerte.

No desaparece lo que muere, sólo lo que se olvida, y, menos muere quienes pasan por el mundo derramando semilla de fraternidad.

Es mucho el silencio que se cernió sobre ellos, sobre aquellas víctimas de la represión, sólo se les recordaba en la intimidad de sus familias. Ni estaban vivos, ni muertos, sólo desaparecidos. Durante muchos años fueron muertos sin tumbas, ni lápida, ni flor que les recordara. A la crueldad de su muerte se añadió el criminal olvido.

Por ello, con este libro, les queremos dar la palabra a través de sus escritos y obras, a través de la palabra de sus hijos y nietos, en definitiva de sus familiares, para que así puedan gritar por ellos, por su injusta, inútil terrible muerte, por su miedo, por su dolor, por su juventud truncada, por la vida que no vivieron, por todo lo que tuvieron que aguantar y callar, y por sus viudas, que vivieron y murieron con la boca bien apretada, Madres Coraje las llamo yo, que tanto sufrieron en el más absoluto silencio,- y a pesar de lo cual fueron capaces de inculcar en sus hijos los valores que tanto sus maridos habían defendido, y que les preservaron del rencor. No tengo rencor, pero no olvido, me decía Tomás, hijo de Julio Durán .

Expresemos, pues, la verdad, la única verdad: que os inmolaron por estos montes por amar causas justas.

Quiero terminar con una maravillosa frase que dice el insigne Alberto Barrado López, cuando habla de su padre, Ángel Barrado Tejeda , maestro de Navas del Madroño, muerto el día de Navidad de 1937, en el cuartel de Argel de Cáceres, y de quien hablamos en el libro:

Alguien me dijo que cuando enterraban en las fosas comunes a estos hombres, no eran muertos, eran la semilla que germinaría para el bien y la paz de toda la Humanidad. Así expresa el aguafuerte del pintor gallego Castelao , fechado en Valencia, en febrero de 1937: No entierran cadáveres, entierran simiente.

Y continúa en un alarde de bondad, de sinceridad, de integridad moral, de humanidad, como corresponde a un hombre virtuoso, ejemplo palpable de germinación de la semilla que sembró su padre:

Quiero decir que no albergo ansias de revancha, pues la venganza no es, ni fue nunca, buena compañera; tampoco guardo rencor, porque en un corazón de izquierdas no hay lugar para el resentimiento.

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=480824