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Vuelven los tres héroes

El País, | 6 diciembre 2009

Las apasionantes vidas del músico Gustavo Durán, el general anarquista Cipriano Mera y el espía doble Juan Pujol resucitan en dos documentales y un libro

 

 

GREGORIO BELINCHÓN – Madrid – 06/12/2009

Estados Unidos tiene al general Custer, a Patton, a Eisenhower, a la 101ª División Aerotransportada e incluso a Harold Russell, que se quedó sin sus dos manos en la II Guerra Mundial, y al que William Wyler le sacó con sus garfios en Los mejores años de nuestras vidas (por su labor, Russell se llevó dos oscars).

Estados Unidos tiene al general Custer, a Patton, a Eisenhower, a la 101ª División Aerotransportada e incluso a Harold Russell, que se quedó sin sus dos manos en la II Guerra Mundial, y al que William Wyler le sacó con sus garfios en Los mejores años de nuestras vidas (por su labor, Russell se llevó dos oscars). Los ingleses sacan pecho con Francis Drake, el almirante Nelson, con la carga de la Brigada Ligera o con el mariscal Montgomery. Francia inflama su orgullo con Napoleón, los mosqueteros o la Resistencia francesa. Cada país tiene sus héroes bélicos, sus figuras míticas inspiradoras de novelas laudatorias, obras de teatro patrióticas y películas panegíricas.

Pero, ¿y España? ¿Agustina de Aragón, las revueltas del 2 de mayo? Quedaron lejos. Sin embargo, el siglo XX esconde un puñado de figuras desconocidas, de personajes de talento singular, que descollaron en momentos críticos de la historia. Estos días, dos documentales y un libro resucitan a Juan Pujol -el hombre que engañó a los nazis en el desembarco de Normandía-, Cipriano Mera -el líder anarquista que lideró el IV Cuerpo del ejército republicano y acabó dirigiendo barricadas en el parisiense Mayo del 68- y Gustavo Durán -el músico amigo de la generación del 27 que llegó a general en el ejército republicano, se convirtió en funcionario de la ONU y contra el que el senador Joseph McCarthy desató su caza de brujas-. Tres ejemplos de seres humanos, de héroes bélicos injustamente sepultados en el anonimato de los pies de página de las enciclopedias.

 

– JUAN PUJOL

Más conocido como Garbo, su nombre en clave para el espionaje británico por su impresionante capacidad de actuación, Juan Pujol García (Barcelona, 1912-Caracas, 1988) es la única persona condecorada por la Alemania nazi (la Cruz de Hierro) y por el Reino Unido (Orden del Imperio Británico). Estuvo en cuatro bandos en dos guerras y no pegó ni un tiro. Según su hijo mayor, Juan Kreisler, y Edmon Roch, el director del documental Garbo. El espía “fue un hombre adelantado a su tiempo, que sólo quería contribuir a la paz”. Hijo de la burguesía catalana, ve cómo el fanatismo toma las calles de su ciudad al inicio de la Guerra Civil y huye al lado franquista. “Odió tanto el fascismo como el comunismo”, rememora Roch.

En Madrid, en 1940, se casa y ofrece sus servicios a la Embajada británica. No le hacen caso. Pero sí en la Embajada alemana, y el espionaje alemán, el Abweher, le contrata. Tras ofrecerse ¡hasta cuatro veces más! a los aliados, al fin los británicos descubren su valor potencial como agente doble. En Lisboa está 11 meses, donde se inventa una red de hasta 22 espías (un marino griego, un estudiante venezolano, un comunista…) que en teoría le mandan información desde el Reino Unido. Los alemanes nunca dudaron de sus informes. Su capacidad para la verborrea, para mezclar datos ciertos y falsos y su talento para la seducción hacen que los británicos le usen como piedra angular de la Operación Fortitude, con la que el ejército nazi creerá que el gran desembarco aliado en Europa será en Calais. Dos semanas después del día D en Normandía, los alemanes aún esperan en Calais y Pujol les escribe: “Normandía era una distracción, pero ha ido tan bien que al final ha sido el desembarco definitivo”. Nunca le descubrirían.

 

– CIPRIANO MERA

¿Cómo un albañil analfabeto acabó siendo el único general en la Guerra Civil que ganó una batalla -la de Guadalajara- al ejército fascista? Con tesón y fe ciega en su ideología. Cipriano Mera (Madrid, 1897-Saint Cloud, 1975) empezó a trabajar junto a su padre de aprendiz de peón con 11 años. Entró pronto a militar en la CNT, el gran sindicato anarcosindicalista, y en sus numerosos pasos por la prisión aprendió a escribir. Y lo hará con talento.

Secretario del ramo de la construcción de la CNT, logra en verano de 1936 paralizar las obras con una huelga en Madrid. Encarcelado, el golpe de Estado de Franco le pilla en prisión, de donde sale para derrotar a los sublevados en el Cuartel de la Montaña. Monta una columna anarquista y con ella derrota a los italianos en la batalla de Guadalajara con su 14ª División. Sus soldados le apodan El Viejo, porque tiene 40 años y manda sobre chicos de 18. Acaba siendo general del IV Ejército y defendiendo Madrid con uñas y dientes, asistiendo, por ejemplo, a la muerte de Durruti. Vive desilusionado la que el considera traición comunista al final del conflicto. Según Valentí Figueres, director del documental Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera, “hoy no pueden existir personajes así, no se dan las condiciones de necesidad y lucha de antes; son personajes arrastrados por la historia, que les transforma”. Porque al acabar la guerra, Mera pasa tres años en África -en algún momento, vive un remedo de la película Casablanca- mientras su mujer, Teresa, y el único hijo que les queda aguantan en Madrid. Los franquistas, y muchos de sus compañeros, creen que tiene una maleta con joyas y tres millones de francos, un elemento con el que Figueres juega en su filme.

Vuelve preso a Madrid, en 1945 le indultan y huye a Francia para desde allí urdir el asesinato de Franco. Siguió trabajando como albañil hasta poco antes de su muerte, luchando contra quienes se arrogaron el liderato de la CNT y no dando un paso atrás.

 

– GUSTAVO DURÁN

Músico, discípulo de Manuel de Falla, amigo de Luis Buñuel, Salvador Dalí, Pepín Bello y Federico García Lorca, Gustavo Durán (Barcelona, 1906-Atenas, 1969) era uno de los artistas cercanos a la generación del 27. Su vida se podría dividir en tres etapas muy marcadas, igual que ha hecho Javier Juárez en su libro Comandante Durán. Leyenda y tragedia de un intelectual en armas (Debate). Guapo, rubio, de ojos azules, antes de la Guerra Civil comienza una carrera como compositor que le lleva a intimar con la generación del 27; a conocer en París, cuando actúa con La Argentinita, a Anaïs Nin, y a sumergirse en el compromiso político a través de amigos como Rafael Alberti. “El primer día de guerra se corta su ondulada cabellera rubia”, recuerda Juárez. De soldado raso empieza a escalar posiciones por su valía y su facilidad para los idiomas, acabando por dirigir, como teniente coronel, el XX Cuerpo del Ejército y convirtiéndose en uno de los mitos mediáticos de la República en la defensa de Madrid. Ernest Hemingway, fascinado, buscará su amistad y acabará inspirándose en él para ¿Por quién doblan las campanas?

Perdida la guerra, huye como puede al exilio. Durán acabará casándose y formando primero parte del cuerpo diplomático estadounidense y después, desde 1946, trabajando como funcionario en la ONU. “Niega su pasado y sus antiguos amigos se alejan de él; incluso McCarthy le persigue. Durán no encontró nunca su espacio ni su lugar, anhelará toda su vida su primera etapa”. Vivió todo tipo de persecuciones mediáticas, nunca pisó de nuevo España y hoy está enterrado en una pequeña isla cretense. Sólo le añoran al final sus últimas amistades, como Jaime Gil de Biedma, que no piensan en el compromiso político.

Javier Juárez, que también ha escrito un libro sobre Juan Pujol, define así al trío: “Son testigos de hechos únicos, están en el centro de la historia, pero es que también tienen cualidades únicas”. Para sacar pecho.

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