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El disfraz de Franco

Francisco Sánchez. Lne.es, | 14 febrero 2010

En el fondo, el régimen franquista sobrevive disfrazado de democracia

 

FRANCISCO SÁNCHEZ  Francisco Franco Bahamonde fue un general que, como consecuencia de la Guerra Civil, acabó gobernando España durante cuarenta años, y porque se murió. Aquel régimen se denominaba democracia orgánica, en la que no se votaba, porque para qué, si casi todo al respecto se cocía en las alturas. El sindicato vertical era una componenda de patronos y sindicalistas, y no había oposición política reconocida, sino crítica constructiva que daba lugar a la concurrencia de criterios y al contraste de pareceres. Cualquier contratiempo se debía a la confabulación judeo-masónica.

Los más adultos parece que han olvidado todo esto y los más jóvenes ni lo vivieron ni se lo enseñaron. Pero conviene recordarlo de vez en cuando y, para ello, estas fechas carnavalescas resultan las más propicias, aunque pudiera perecer lo contrario.

Es que Franco, antes de morir, dijo que lo había dejado todo atado y bien atado. Una vez enterrado comenzó lo que se llamó la transición, vino la democracia y a otra cosa, mariposa. Salvo cuatro gatos, el resto del personal se decía antifranquista de toda la vida, faltaría más. A partir de entonces nadie se acordó de que, durante tantos años, no se había movido una mosca y que casi todo el mundo había mostrado su adhesión inquebrantable al régimen.

Hay que reconocer que, efectivamente, muchas cosas cambiaron, pero todo indica que la esencia del franquismo sobrevive, y hay momentos en que se muestra más evidente. Algunos pensarán inmediatamente que en parte es cierto, porque al Rey lo nombró el dictador y porque los colores de la bandera o la melodía del himno son, con retoques, los mismos. Pero no son estos símbolos los que dejó atados el dictador, pues no eran suyos. Los Borbones son reyes desde hace tres siglos, y el himno y la bandera, casi.

Lo que se mantiene es lo que se ha denominado el franquismo sociológico, con sus estructuras de pensamiento, sus aptitudes y sus demonios. Ahí están los sindicatos que viven de los Presupuestos del Estado, como el vertical; ahí, los caciques de los partidos que todo lo guisan, como en el Movimiento Nacional; ahí, los gobernantes que no admiten otras críticas que las que ellos consideran constructivas, como los de la dictadura; ahí, en fin, que se diga que hay conspiraciones internacionales cuando algo sale mal a quien manda. Piense un poco y encontrará muchas más coincidencias, mejorando lo presente, claro, porque el tiempo no pasa en balde.

En el fondo, Franco aún vive disfrazado de democracia. Quitar esa careta es la forma de librarnos de su atadura. El Carnaval puede ser un buen momento para hacerlo.

http://www.lne.es/opinion/2010/02/13/disfraz-franco/872830.html