Agenda
Artículos y Documentos
Federación Foros por la Memoria
Noticias
Videos de Memoria Histórica
Home » Artículos y Documentos

Símbolos franquistas

José M. Balbuena. Maspalomas ahora, 15-02-2010 | 16 febrero 2010

A nadie se le ocurre en la República Federal Alemana mantener estatuas del loco criminal Adolf Hitler, ni nada que recuerde su nefasto paso por aquella nación

 

Da pena ver como en muchos pueblos y ciudades de España aún se conservan recuerdos y símbolos de acontecimientos tales como la sublevación del general Franco contra el gobierno legalmente establecido, que produjo más de un millón de muertos, miles de heridos, el exilio de numerosos ciudadanos, la devastación del país, y la cárcel, la tortura y la muerte de tantos compatriotas, amigos, familiares nuestros, cuya memoria algunos quieren enterrar también. O la esos otros que fueron víctimas de las represalias.

Es lamentable que se quiera olvidar que después de los desastres de ese guerra fratricida, tuvieran que emigrar, tres, cuatro millones de españoles para poder sobrevivir. También es lamentable que sólo se recuerde en esos monumentos a los caídos a los que lucharon en el bando insurrecto, (auténtica carne de cañón que no tuvo oportunidad de elegir) pregonándose, encima, que murieron “por Dios y por la Patria”, como si los del otro lado no lo hicieran también por defender a su nación de una oligarquía y unos poderes fácticos corruptos, hipócritas y ambiciosos, creadores de castas y privilegios, que no se habían ocupado hasta aquel momento de educar y culturizar a un pueblo.

Me parecería excelente que al lado de esos muertos, que sus  familiares no olvidan, figurasen también los nombres de los que murieron por sus ideales y seguramente por el bienestar de su nación,  aunque lo vieran desde otro punto de vista, aunque no cantaran el “Cara al Sol”, o aquello de “Por Dios, por la patria y el Rey”, y en cambio lo hicieran por una república, que si hubiese sido secundada por un pueblo culto y responsable, habría colocado a España entre los primeros países de Europa y del mundo. Pero España no supo estar a la altura de las circunstancias, de  aquella oportunidad que le dio la historia para convertirse una nación evolucionada y al mismo tiempo culta. Sólo se aprovechó aquel momento para dar rienda suelta a pasiones desatadas, a nuestro cainismo, al sectarismo, a la anarquía y al desorden, que trajeron también muerte, desolación e injusticias.

Después vino el castigo por tamaña conducta y nuestro país sufrió cuarenta años de retraso, con respecto a la democracia, al desarrollo industrial cultural y social, al estado de bienestar del que empezaron a disfrutar los países europeos más avanzados.

Lo malo es que aquella guerra dejó otras muchas secuelas. Secuelas en el alma, en la mente de los que aún claman venganza, de uno y otro lado. Y nos pone en evidencia porque tampoco sabemos llevar como es debido la actual democracia, que a mi entender, es el gobierno de los países cultos y con responsabilidad. Lo demás son puras caricaturas de la democracia, una deformación de la misma.

La democracia, que abrió la puerta a los partidos, sin distinción, cuenta con una Constitución cuyos capítulos no han sido suficientemente desarrollados. Los gobernantes no han sido capaces de convertir las utopías en realidades, y han desencantado a buena parte de la población. Es una  democracia que nació con taras y que nadie se ha ocupado en corregir.

La sociedad actual, cuyos jóvenes han nacido en una democracia, debería exigir a los poderes de la nación una regeneración democrática y  una separación clara de poderes, así unas leyes que ofrezcan garantía jurídica a todos los ciudadanos y también para evitar que aquellos que van a la política por intereses espurios, sean apartados de ella.

Ciudades y pueblos que aún conservan los símbolos de la parafernalia franquista, entre ellas Santa Cruz de Tenerife, parecen a veces marcadas por un afán de sus dirigentes de continuar un camino político que nada tiene que ver con la democracia que se supone que es la fórmula en la que estamos sumergidos.

A nadie se le ocurre en la República Federal Alemana mantener estatuas del loco criminal Adolf Hitler, ni nada que recuerde su nefasto paso por aquella nación. Pero aquí, aparte de poco dados a ser patriotas, debe haber por ahí un virus que desarrolla el masoquismo y la vuelta a las andadas.

http://www.maspalomasahora.com/2010/02/15/simbolos-franquistas/