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Vinyes: ‘En nuestro país no ha habido como tal una “política de memoria”, sino una política de “afectados” por la represión franquista’

Fundació d'Estudis i Iniciatives Sociolaborals, | 2 marzo 2010

Presentación del libro “Tres generaciones de antifranquistas en el País Valenciano”

 

 

El acto de presentación tuvo lugar en la sede de CCOO, interviniendo en él Paco Molina, secretario general del sindicato; Ismael Saz, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de València y miembro del patronato de la fundación FEIS; Ricard Vinyes, historiador y experto en políticas públicas de la memoria, profesor de la Universitat de Barcelona; Ramiro Reig, profesor de Historia económica de la Universitat de València y miembro también del patronato de la FEIS; Carmen Sierra, Directora del Archivo Histórico Nacional.

Paco Molina comenzó agradeciendo a las autoridades, a las personas que presentando sus testimonios de lucha antifranquista habían hecho posible este trabajo de la FEIS, a los autores, a los miembros de la mesa, a quienes habían participado en la confección del libro, al Ministerio de la Presidencia que había subvencionado la investigación y a todos los presentes, su interés por el libro y la labor de la fundación.

Manifestó su satisfacción y la del sindicato CCOO por las recientes noticias relativas al reconocimiento y rehabilitación de la figura del poeta Miguel Hernández, cuando se celebra su centenario, a la que ha contribuido también la FEIS y tuvo unas palabras solidarizándose con la labor del juez Baltasar Garzón por haberse comprometido con la justicia penal universal e investigado la represión franquista, en unos momentos en que está sufriendo acoso y ha sido suspendido en sus funciones por ello.

Ismael Saz dijo del libro que era un exponente de historia, “de buena historia”, realizado por profesionales que conocen su tarea. Resaltó la figura de las personas que han presentado sus testimonios de historia oral, muchas de las cuales él admiraba y conocía. Los antifranquistas fueron y son forjadores y conquistadores de la democracia en nuestro país, que no fue una concesión, sino una conquista.

Citando a Vázquez Montalbán, dijo que compartía con él que “si se borra la memoria del franquismo, se borraría también la del antifranquismo” y esto debía motivar la continuidad del esfuerzo investigador, pese a todas las resistencias.

Manifestó su satisfacción por la oportunidad de presentar al profesor Ricard Vinyes, con una larguísima trayectoria de investigación sobre movimientos sociales, de trabajos y publicaciones sobre memoria histórica que son una referencia fundamental, como su labor historiográfica. De todo ello, merecía la pena destacar su labor en la exposición “Memorial Democrático de Catalunya” y su obra “Irredentas” que acaba de reeditarse.

Ricard Vinyes, comenzó agradeciendo a la fundación la invitación que le había dirigido a participar en la presentación del libro y a hablar sobre las políticas públicas de la memoria en España.

Podría decirse que en nuestro país no ha habido como tal una “política de memoria”, sino una política de “afectados” por la represión franquista. Ni el conocimiento, ni el esclarecimiento de responsabilidades del franquismo o de la resistencia al franquismo, ni el deseo de información y debate que expresaba la ciudadanía fue considerado parte del bienestar ciudadano, ni llegó a integrar la base institucional del estado que se estaba construyendo en la transición, respondiendo a la pregunta de por qué son justas o no nuestras instituciones nacidas de ella.

En otros países, y respecto de otros períodos represivos, se consideró que el estado y una política pública de memoria y de reparación o reconocimiento público de los atropellos de las dictaduras formaba parte de la calidad de vida y del bienestar de los ciudadanos, una contribución necesaria al crecimiento ético en la conciencia ciudadana.

Sin embargo, en nuestra democracia, estas demandas se consideraron siempre un peligro para la convivencia. El estado debía inhibirse evitando el conflicto, aun sabiendo que no existe ciudadanía sin conciencia y reconocimiento histórico. La equiparación y unificación de valores que implica considerar víctimas a todos por igual es inútil y desconcertante, disuelve las fronteras y genera un “vacío ético y de significado”.

La filosofía que subyace a la Declaración política del gobierno de 1986, donde se afirma que la guerra civil no es conmemorable, que es parte de la historia, pero no debe tener presencia y realidad en un país que se basa en la democracia… que reconoce a unos y otros… crea un vacío que el estado colma con una “memoria administrativa de la reconciliación”, que no tiene nada que ver con el consenso político. El proyecto político de la reconciliación tiene su expresión en el Parlamento y la Constitución, pero estas instituciones no pueden sustituir a la sociedad.

Lo irreparable es imperdonable. Una ideología de la reconciliación crea o evita la realidad. Es un instrumento de asimilación, instaura una memoria tranquilizadora. Y necesita espacios de reproducción propia, una “museificación” de espacios de la memoria: ritos, simbología, textos, escenarios… etc. Hoy, con mejor o peor intención, proliferan los “museos ecuménicos” en donde se funden todas las memorias en una sola, acrítica, que enfatiza un relato de éxito colectivo, la “buena memoria” de la reconciliación, basada en la útil y bondadosa simpleza del “nunca más”. En realidad, el museo ecuménico es un área de disolución de las memorias, en aras de la “reconciliación”. Este ecumenismo simplificador lo podemos encontrar en muchos sitios: Verdún, Bonn, Budapest, el Ebro…donde se omiten las razones del conflicto y sus consecuencias. Hoy, en nuestro país existen numerosos monumentos franquistas “tuneados”, permitan la expresión, con buena voluntad por autoridades locales que generan contradictorios palimpsestos, que a la vez que llaman a la concordia incorporan toda una escenografía amenazante y represiva: la preexistente de los “vencedores”.

En el comunicado de 1986 el gobierno no negaba ni afirmaba lo que pasó y sus causas, pero equiparaba actitudes y proyectos como si todas fueran loables y respetables, tanto el democrático, como el dictatorial. Es expresión de nuestro particular modelo de impunidad. A algunos todavía pareció poco y reclamaron que se restringieran la investigación histórica y la difusión de sus resultados. La intención era recluir al ámbito privado y académico el saber.

En el caso español la impunidad es la negativa del estado a destruir la vigencia legal de los procesos y el mantenimiento del criterio de equiparación ética de rebeldes y leales al régimen constitucional. Tiene una dimensión ética, cultural y política. Aunque tiene quiebras, por ejemplo ahora con el reconocimiento a la UMD.

Hay que decir además que la reclamación contra la impunidad ha estado siempre desprovista de voluntad punitiva, aunque tenga un fuerte contenido de reivindicación ético-política.

La Ley de Reparaciones (Oct. del 97) no enmienda la impunidad. La de Memoria histórica (2007), instigada por movimientos y colectivos, trasluce los temores del estado. Está orientada a evitar una política pública consecuente. Se limita a reconocer a las victimas. El estado mantiene, en aras de la reconciliación, una línea de marginación política. Las reparaciones a las víctimas pasan por la retirada de símbolos franquistas y la condena del franquismo contenida en el preámbulo no elimina ni cuestiona la real privatización de la memoria que sustenta en su art.4 (derecho a obtener el reconocimiento, para sí y para sus descendientes, de ser víctima del franquismo. O lo que es lo mismo, el carácter de víctima es transmitido biológicamente, no por la razón, ni las convicciones políticas).

Una política pública de memoria debe garantizar a todos el derecho a ella. Y esta es construida en el debate público y social, en el que participan cuantos ciudadanos y ciudadanas quieran. Lo otro es “memoria oficial”, generada por el estado y sus instituciones.

La negativa a crear un espacio público de memoria conlleva que las trayectorias personales se tornen incomprensibles. Privatizar la memoria es extraerla de la historia y desproveerla de sentido. Evita el reconocimiento de su huella en nuestras instituciones democráticas.

Curiosamente, en una muestra en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, los visitantes hacían el proceso inverso del ámbito privado al ámbito público. En sus valoraciones, muchos se preguntaban “¿Por qué no conté?” El silencio no era olvido. Era el resultado de una privatización de la memoria que quebró los lazos individuo/historia y entre responsabilidad y política.

Siempre es difícil asumir un patrimonio ético y político conflictivo, porque también todo gobierno debe preservar la convivencia…, pero afrontar una realidad tan conflictiva como esta implica enfrentarse al dilema de optar: o por una reconciliación, consenso,… que obvia el conflicto, con la consecuencia de generar más de lo que se quiere evitar,… o asumir la existencia de conflictos entre las memorias y sus relatos, creando una política pública para asumirlos y generando espacios públicos compartidos. En dos palabras, reconocer y mediar.

En definitiva, el problema no es que aparezcan memorias, sino que no se generen procesos de resignificación y memoria compartida.

Ramiro Reig, hizo una corta presentación. Recordó que en el claustro de la Universidad de Múnich, los estudiantes cada mañana al ir a clase siguen las huellas de unos pasos grabados en bronce, que desembocan en una explanada en donde encuentran esparcidos unos panfletos del mismo metal. Es un monumento que recuerda a Sophie Scholl del movimiento “la rosa blanca”, una muchacha de 20 años, asesinada por los nazis en prisión, después de ser detenida cuando con todo coraje repartía unos panfletos en su Universidad…Los estudiantes de Múnich, concluyó, recuerdan cuando entran en la universidad que son “cada día libres”.

Probablemente no existe algo similar en nuestro país, pero sí los historiadores han tratado de que no se perdieran los testimonios de lucha antifranquista, que nos han hecho cada día libres.

Este libro que presentamos recoge el testimonio de tres generaciones de luchadoras y luchadores antifranquistas, simbolizando una constante de lucha y de reivindicación democrática, protagonizada por personas de diferentes sectores y ámbitos: la generación del heroísmo y la resistencia, la generación de la audacia que intentó ganar espacios de libertad, la generación de la pluralidad, de todos los espacios. Personas que desafían al régimen hasta la explosión democrática de los años 60 cuando el “tiempo de silencio” se convierte en tiempo de gritos, de cantos de protesta,… de lucha en todos los frentes contra el franquismo y por la libertad.

En el libro no cabían todos. No lo pretendía. Faltan muchos. Echaréis en falta personas muy relevantes de la lucha antifranquista que no aparecen porque se buscaba expresar la pluralidad del movimiento, su articulación en diferentes espacios. También, porque el libro traslada a este formato los fondos documentales de historia oral recogidos en fases previas de este proyecto. Reconociendo esta limitación y enfoque expresamos el compromiso de la fundación de seguir trabajando en la recopilación de testimonios.

Finalmente, quiero acabar presentando a Carmen Sierra, Directora del Archivo Histórico Nacional, a quien agradecemos el notable esfuerzo de participar en esta presentación.

Carmen Sierra, comenzó agradeciendo la invitación a participar en el acto de presentación de un libro que recoge testimonios de historia oral, a la que tanto tiempo ha dedicado de su vida profesional, sobre todo antes de hacerse cargo de la dirección del Archivo Histórico Nacional.

Más allá de las discusiones sobre la memoria, el empeño del AHN, dependiente del Ministerio de Cultura, es recuperar las fuentes, elaborar guías para el uso de los estudiosos y de quienes tienen necesidad de usar los archivos públicos. Además de la gestión de los archivos, muchos de ellos creados en su día con una clara función represora (de la masonería, político-social, etc.), el ministerio empieza a hacer un esfuerzo para recuperar documentación y proyectos de historia oral, que hasta hace poco tiempo era muy denostada por los historiadores como un área documental muy teñida de subjetividad. Con un criterio realista, hoy esa consideración de subjetividad está sometida a revisión porque “muchas subjetividades nos ayudan a crear la objetividad”) y la historia oral no es única, sino que completa la historia escrita.

Sierra,  detalló los trabajos de recuperación de fuentes (la historia del exilio español en México, en Argentina – centro republicano español de Buenos Aires -…) o la puesta al día tecnológica de documentos digitalizados, puestos al servicio de los utilizadores de los archivos.

Habló de la documentación de la guerra civil y la “causa general”. Junto a ella han surgido nuevos materiales (30 entrevistas grabadas de niños repatriados a Bélgica durante la guerra, entrevistas a la UMD, obtención de copias digitalizadas del fondo de la Cruz Roja Internacional en Suiza, entre otros ejemplos….).

Todo esto es un largo proceso, siempre inacabado. La memoria siempre es selectiva, cualquiera la puede perder…se trata de conservarla porque se trata de no perder ni nuestra historia, ni nuestra identidad. En el Archivo solemos repetirnos que no queremos el Alzheimer que nos obligaría a aprender todo cada día.

Nuestra misión como servicio público es recuperar fuentes, no el hacer historiografía. Estamos elaborando bases de datos de “víctimas” que fueron objeto de repatriación, de evacuaciones, de depuración, o que fueron presentados a los tribunales, citados en informes policiales, denunciados o estuvieron presos…). Pero hay que tener presente que no todos los fondos dependen del mismo ministerio.

Concluyó su intervención aportando datos relativos a la Comunidad Valenciana.

Después de estas intervenciones, siguió un breve coloquio.

http://feis.pv.ccoo.es/?p=917