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Carlota O’Neill, testimonio de la represión franquista

María José Esteso Poves. Diagonal, | 22 abril 2010

La hija de la periodista Carlota O’Neill cuenta cómo su madre fue encarcelada cinco años por ser una mujer que no se sometió a los dictados del régimen

 

– De madres, monjas, putas y ‘machorras’. – La cruzada nacional sobre el cuerpo de las mujeres

Lunes 19 de abril de 2010.  Número 124

Carlota O’Neill fue una mujer comprometida, una periodista republicana que concibió su relación de amor desde el laicismo. Eso la convirtió en una mujer peligrosa para el franquismo. Casada con Virgilio Leret, capitán de Aviación fiel a la República, fue encarcelada durante cinco años y apartada de sus dos hijas tras el fusilamiento de su compañero. Durante aquellos trágicos años Carlota retrató el día a día en la cárcel en su libro Una mujer en la guerra de España.

Una relación de amor libre Carlota relata su amor hacia su compañero en una unión libre, como ella la define. Nacida en Madrid en 1905, era hija de un diplomático y de una pianista anarcosindicalista. La represión franquista la llevó a la prisión cuando estaba en Melilla con sus hijas y su marido, destinado allí durante el verano del ‘36. “Virgilio tuvo la feliz ocurrencia de hombre enamorado. En aquel verano no estaríamos separados ni un sólo día…”, recuerda desde la cárcel Carlota.

El 17 de julio de 1936, se escucharon disparos y Virgilio se incorporó al cuartel. Nunca más volvió. La hija del matrimonio Leret, Carlota Leret, recuerda aquellos días: “Tengo recuerdos muy claros.

Aquella mañana del 17 de julio mi padre nos estaba enseñando a nadar. Quería que fuéramos como mi madre, mujeres valientes, independientes, que perdiéramos el miedo. Nos ataba una cuerda alrededor del cuerpo y nos dejaba en el mar para que perdiéramos el temor. Cuando mi padre se fue, nosotras nos quedamos mirando por la escotilla del barco donde vivíamos. Estábamos asustadas. Mi madre, como periodista que era, se dio cuenta de lo que estaba pasando y se puso a escribir”, relata. Días después, un militar franquista ofreció a Carlota O’Neill y a sus hijas ir a vivir a una casa en Melilla. Carlota aceptó. Las niñas viajaron en un coche y en otro iba la madre, pero el chófer no la llevó a esa casa con las niñas. Ella fue a parar a la cárcel de Melilla.

“Yo me pasé tres días pegada al cristal de una ventana que daba a la calle, llorando, esperando a mi madre”, recuerda Leret. Pasaron cinco años hasta que madre e hijas se reencontraron en libertad vigilada. El tribunal tutelar de menores quitó la custodia a la madre por sus antecedentes penales. En la cárcel, Carlota O’Neill se enteró de que fusilaron a su marido el mismo día que fue a defender la República. Enfermó, quería morirse, pero la solidaridad de una compañera presa la devolvió de nuevo a la vida en la prisión.

Pero la cárcel era un infierno. La violación fue una constante y una forma de aniquilar a las presas políticas. Entre ellas eran recluidas prostitutas, porque el régimen no hablaba de mujeres republicanas, todas eran presas comunes. “Al pasar los días fue creciendo el terror. Noche y día llegaban mujeres con nosotras; unas arrastraban de los brazos a sus hijos en su resistencia por meterse en el agujero; otras los cargaban en el vientre. Llegaban viejas, jóvenes, muy jóvenes. Unas lloraban; algunas reían. Entraban otras con rojeces en el alma y en la cara, con la palidez de un cadáver después de ser violadas”, relata O’Neill. Años después Carlota y sus hijas consiguieron huir a Venezuela en un petrolero.

Mujeres independientes

Carlota Leret O’Neill asegura que, a pesar de todo, no ha sufrido la educación represiva del franquismo desde el punto de vista sexual: “Yo tuve la suerte de no sufrir la represión sexual con la que la Iglesia adoctrinó. Me crié entre mujeres.

Eran avanzadas para su época. Mi abuela, Regina de Lamo Jiménez, fue una mujer adelantadísima. Fundadora del barrio obrero de Valencia, defendía el aborto y la eutanasia. Estas cosas que hoy se califican de horribles, entonces se hablaban, se discutían. Yo fui afortunada, me crié con mi abuela, mi madre, mi tía Enriqueta, madre de Lidia Falcón… Luchamos para salir adelante sin ningún hombre”, dice Leret. Y, como mujer republicana, expresa : “El Estado español está dando ahora un ejemplo de dictadura. Tantos hombres y mujeres que sufrieron la represión aún no tienen justicia”.

http://www.diagonalperiodico.net/Carlota-O-Neill-testimonio-de-la.html