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El último grito de la memoria

La Rioja.com, 11.04.10 | 12 abril 2010

La Guerra Civil y la represión continúan enfrentando a diversos sectores sociales

 

Unos 500 riojanos, como los hermanos de Bernabé Sáez, siguen enterrados en lugares desconocidos mientras arrecia la polémica por los crímenes franquistas

A Bernabé Sáez Santacruz, natural de Santo Domingo de la Calzada, le quedan pocas ilusiones en la vida. Pero hay una que le lleva carcomiendo por dentro desde hace siete décadas. «No me quiero morir sin conocer dónde están enterrados mis dos hermanos», explica. Damián y Eusebio Sáez murieron en apenas cuatro meses. Eusebio, el 20 de julio de 1936, era abatido en la carretera de Casalarreina a Castañares cuando trataba de sabotear las vías férreas para evitar la llegada de requetés a la ciudad calceatense. Su cuerpo quedó en una cuneta y nunca recibió sepelio.

Damián ‘El Pelos’, huyó al monte y fue detenido en Bugedo (Burgos). Le devolvieron a Santo Domingo y allí pasó unos días en la cárcel hasta que, en noviembre, fue subido a un camión y ya nunca volvió a su casa. Las investigaciones llevadas a cabo señalan que pudo ser fusilado en el puerto de La Pedraja, donde reposan los cadáveres de varios centenares de personas, entre ellos casi un centenar de riojanos.

Pero Bernabé, cuyo padre también fue encarcelado, asesinado y enterrado en La Barranca, quiere saber algo más. Han pasado 73 años y aún conserva la esperanza de que alguien, cuando conozca su historia, pueda indicarle un dato o aportarle un recuerdo que le permita saber dónde velar a sus hermanos.

«Creo que alguien se tiene que acordar porque mi hermano Damián trabajaba en el Café Suizo de Santo Domingo como limpiabotas y era conocido. Además, era muy reconocible porque le faltaban varios dedos de la mano derecha, que perdió trabajando de niño en una tejería, y era danzador», recuerda.

Ya anciano, Bernabé no tiene ningún afán de revancha, a pesar de los asesinatos sufridos en su familia y de una vida marcada por la Guerra Civil, que le llevó a vagabundear por la mísera España de postguerra. Desterrados de Santo Domingo, las propiedades de su familia fueron requisadas y, junto a su madre y sus hermanos, pasó a recoger cápsulas de balas en Villarreal o vivir bajo el puente de Hierro ya en Logroño, como recuerda en su libro de memorias ‘Desterrados por el franquismo’, escrito junto a Ernesto Muro.

Bernabé sólo desea honrar a sus muertos. «Quiero que recuperen su dignidad», incide. Ése es el mismo grito que movió a las ‘mujeres de negro’ que acudían, durante el franquismo, a La Barranca. También el que llevó, al filo de los 80, a pueblos como Aldeanueva, Rincón, Cervera o San Vicente a rescatar parte de su pasado mediante las exhumaciones de las fosas donde reposaban los represaliados.

El goteo de exhumaciones no ha terminado, como demuestran las realizadas en Viguera, Altable (Burgos) y Fuenmayor a petición de las familias por el Foro por la Memoria, Aranzadi y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Jesús Vicente Aguirre, autor de ‘Aquí nunca pasó nada’, el más profundo análisis de la represión franquista realizado en La Rioja, asegura que «lo que queda por resolver y aclarar, ahora ya es muy difícil», aunque mantiene la esperanza de que se puedan localizar y exhumar más restos de represaliados, siempre que la familia así lo desee.

«Están localizados más de 400 cadáveres en osarios en Logroño, otros 400 en La Barranca y cerca de 600 en otras exhumaciones. Eso deja unos 500 cadáveres de difícil identificación», incide Aguirre.

Las dificultades que esta labor conlleva son enormes. «La lógica de un sistema represivo es la de no dejar huellas. Apenas hay fuentes escritas que consultar y se ha tenido que trabajar con fuentes orales, con los recuerdos de la gente, y a veces pueden ser confusos o erróneos», explica el historiador Carlos Gil Andrés.

Pese a todas las dificultades con las que se han encontrado, Bernabé y otros cientos de personas en La Rioja, que no buscan desenterrar el pasado, sólo enterrar a sus seres queridos, quieren seguir adelante con el camino iniciado y se apoyan en la Ley de Memoria Histórica, aprobada en el 2007. «Me asombra que exista polémica. La gente reclama cosas mucho menos importantes y posteriores a este genocidio, pero hay muchos que se quieren olvidar de lo que ocurrió y de los que sufrieron en la Guerra Civil», dice Bernabé.

Sin embargo, las heridas no terminan de curarse. El juez Baltasar Garzón puede sentarse en el banquillo por haber iniciado diligencias, que no correspondían a la Audiencia Nacional, sobre los asesinatos cometidos por el franquismo atribuyendo a fallecidos delitos prescritos, cuando se había producido una amnistía. Falange y el sindicato ultraderechista Manos Limpias son los demandantes. «La mayoría de los países europeos han abierto su pasado para curarlo. Si no hace nada, España seguirá teniendo una cuenta pendiente», concluye Gil Andrés.

Setenta y tres años pueden parecer un pozo profundo de tiempo o un breve suspiro. Depende. Su relatividad es absoluta. Para algunos, es un lapso suficiente como para generar un tupido manto de olvido. Para otros, se trata de un instante en el tiempo que continúa vivo. Pero lo que se ha dado en llamar ‘memoria histórica’ continúa siendo, para la sociedad española, uno de los principales temas de debate actuales.

Mientras arrecia la polémica judicial por la investigación de los crímenes del franquismo, los últimos familiares de los asesinados en 1936 desean cerrar uno de los capítulos más dolorosos de la historia contemporánea. En La Rioja, unos 500 riojanos, de los 2.000 que fueron asesinados tras el alzamiento dirigido por el general Franco, continúan enterrados en lugares desconocidos o de difícil acceso.

http://www.larioja.com/v/20100411/rioja-region/ultimo-grito-memoria-20100411.html