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El viaje más largo

Ángel Escarpa. LQSomos, 3 de Abril | 5 abril 2010

En la villa de Arucas tuvo lugar un emotivo adiós a los restos mortales de 24 personas que fueron asesinadas en los días del “Glorioso Movimiento Nacional”

 

 

Si es cierto que hay muertos que gozan de excelente salud, estos de aquí no solo disfrutan de buena salud si no que, setenta y tres años después, aún nos siguen reivindicando como clase y como ciudadanos libres, porque ellos no murieron: se sembraron.

Para los restos mortales de hombres contenidos en aquellas 24 urnas, la salida del infame anonimato y el largo viaje hacia la eternidad ha concluido.

En la villa de Arucas – entre clamorosos vivas a la República, a la clase trabajadora y a la Libertad y un Himno de Riego repetido reiteradamente por megafonía- tuvo lugar ayer un emotivo adiós a los restos mortales de 24 personas que fueron asesinadas en los días del “Glorioso Movimiento Nacional”.

Para todos los que quisimos acompañar a los aruquenses en tan sentido acto, no pasó desapercibido que las 24 urnas estuvieran cubiertas con la bandera tricolor, entre las decenas que eran azotadas por el viento de la mañana y que acompañaban el acto, sin otros colores que hirieran nuestra sensibilidad y nuestra memoria de republicanos y antifascistas.

Ésta es una villa que, famosa en otros días por sus extensas plantaciones de plataneras, su centenaria fábrica de ron y una monumental iglesia, también centenaria, se caracteriza porque, el 18 de julio de 1936, sus trabajadores más conscientes se enfrentaron a los falangistas y tropa que, instalando una ametralladora en una de las torres de la iglesia, se dedicaron a batir a cualquiera que se aventuraba por los tejados para rechazar a los golpistas, que ya habían tomado el poder en Las Palmas después de instalar un cañón en las inmediaciones del Gobierno Civil.

Sí, este largo viaje tiene sus orígenes en aquellos tristes días.

El resto es Historia. Aquí no hubo guerra civil, que no se cansan de repetir mármoles e historiadores. En esta isla, en este archipiélago no se puede hablar en puridad de “guerra fraticida”, que, escrupulosamente, dicen tantos- los que no quieren tomar partido- lo que sí se produce es un intento de repeler el golpe: con escopetas, pistolas y la voladura de un puente. Lo demás se puede resumir como la caza del “rojo”, aunque tantos de ellos se fueran de este mundo sin haber leído un libro de Carlos Marx o del Príncipe Kropotkin, porque nadie se molestó jamás en enseñarlos a leer, siendo su único delito, quizás, haber secundado una huelga de la UGT o de la CNT o haber votado al Frente Popular; la caza del diputado comunista Eduardo Suárez y del Delegado del Gobierno Fernando Egea, entre otros miles, que son detenidos y ejecutados tras la breve intentona de organizar a los trabajadores de ésta isla en la resistencia de las primeras horas.

Desde la Plaza de la Constitución de esta villa hasta el cercano cementerio municipal, las 24 urnas, envueltas en sendas banderas republicanas y trasladados por sus deudos, son acompañados, a pie, hasta su lugar de descanso definitivo, donde, a los gritos de rigor se unen unas estrofas de La Internacional.

En el monumento funerario, que ahora contiene los restos de estos obreros y campesinos, contamos 68 nombres: los de tantos resistentes y represaliados en la zona norte de la isla entre 1936 y 1937.

Éste, el llamado Pozo del Llano de las Brujas, es el primer pozo del que se extraen los restos mortales, arrojados allí por los “valerosos” guerreros de la “Cruzada”. No lejos de aquí, también a las afueras del mencionado pueblo, existe otro pozo, del que están por identificarse los restos de los allí arrojados, ignorándose otros lugares de enterramiento para tanto desparecido. Y, a no más de veinticinco kilómetros de aquí, se encuentra la Sima de Jinámar, donde también esperan ser rescatados del anonimato los allí asesinados. Pero ninguna Ley de Memoria Histórica, por ambiciosa y justa que ésta sea, alcanzará a los arrojados a la mar en esas mismas terribles horas por el cacique fascista Eufemiano Fuentes y sus colegas al grito de ¡patos al agua!, que jamás rindieron cuentas por sus actuaciones. Si hay algo que añada crueldad a estos infames hechos, es que se produzcan setenta y tres años después de estos crímenes contra la Humanidad, que tengamos que haber esperado treinta y cinco años tras la muerte del cristiano cazador, esta masacre, esta venganza. Y aún tendremos que leer en algunos muros de la ciudad pintadas del tenor de: SÓLO POZOS, que nos llenan de vergüenza, cuando no de escalofríos, o: ROJOS, NOS VEMOS EN JINÁMAR. (Pronto olvidaron Guadalajara, Stalingrado y Berlín)

Este viaje, que dejó huérfanos y viudas a tantos ciudadanos y ciudadanas, ha culminado hoy con la emocionada y multitudinaria despedida de hijos, nietos y gentes que, sin saber de ellos otra cosa que lo que nos cuentan las gentes de aquí y los libros, hemos levantado testimonio, con nuestras banderas y con nuestros gritos, de que no consentiremos que la historia se repita en el futuro. Para ellos, el viaje ha terminado con un caluroso y emocionado homenaje, pero para nosotros, los que sobrevivimos a aquella guerra, a los cuarenta años de humillación y represión, para los que sobrevivimos cada día a esta democracia monarcofascista, LA LUCHA CONTINUA

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