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Es a la democracia a quien pedimos cuentas

Isaac Rosa. Público, | 18 abril 2010

Esas tres décadas y pico de democracia, en vez de marcar distancia con la dictadura lo que hacen es alargar su sombra sobre la España actual más de lo esperado

 

 

“Estamos hablando del pasado, y los políticos no estamos para dejarnos llevar por la afectividad y los sentimientos.” -Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP-

 

“Qué manía con remover el pasado”, suelen protestar quienes rechazan las iniciativas por la apertura de fosas comunes, la dignificación de las víctimas de la dictadura franquista, o la retirada de estatuas y calles. Y echan mano del calendario para descalificarlas: setenta y un año transcurridos desde el final de la guerra civil, treinta y cinco desde la muerte de Franco. Muchos años, en efecto.

Sin embargo, los años transcurridos no debilitan esas reivindicaciones. Al contrario, las legitiman, pues esas tres décadas y pico de democracia, en vez de marcar distancia con la dictadura lo que hacen es alargar su sombra sobre la España actual más de lo esperado. De la misma manera, las seis o siete décadas que llevan muertos muchos de los fusilados no hacen menos necesaria la reparación, sino más escandalosa su demora.

Pero sobre todo, la distancia temporal con la dictadura provoca un traspaso de responsabilidades, de la dictadura a la democracia. No es ya al franquismo a quien ahora pedimos cuentas, sino a esta democracia que ha aceptado asumir esas cuentas en vez de liquidarlas, y por eso ahora le toca pagar las deudas.

Así, a los republicanos sepultados en las cunetas los asesinó la dictadura franquista, es cierto. Pero es la democracia quien los ha mantenido en fosas hasta hoy, cuando recuperar unos cadáveres es todavía un esfuerzo enorme para los familiares. Igualmente, los crímenes son imputables a los verdugos fascistas, pero es la democracia la que los hace impunes, aceptando la inconstitucional ley de amnistía, cerrando la vía judicial a las víctimas, y persiguiendo a quien lo intenta.

Es así como la democracia se convierte en encubridora de la dictadura, y la pretendida ruptura entre ambos tiempos realizada durante la Transición se acaba volviendo una línea de continuidad que ya no sólo avanza desde el franquismo hasta la democracia, sino que tiene doble recorrido, y desde la democracia actual regresa a la dictadura para indultarla. Y eso está ocurriendo hoy, no hace setenta años.

http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2010/04/18/es-a-la-democracia-a-quien-pedimos-cuentas/