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La izquierda está fabricando su nuevo líder: Baltasar Garzón

José Apezarena. El Confidencial Digital, 17 de abril de 2010 | 18 abril 2010

La ofensiva de ensalzamiento de Garzón esconde múltiples objetivos: recuperar la iniciativa desde la izquierda, crear un nuevo líder y derrotar la Ley de la Memoria Histórica

 

La actual campaña de defensa y enaltecimiento del juez Baltasar Garzón tiene detrás, sobre todo, a unos instigadores y promotores muy identificados: la izquierda de la izquierda, o sea la que se encuentra más allá del socialismo. Es decir, los ámbitos sociales e ideológicos del Partido Comunista.

Aunque organizado aparentemente por UGT y Comisiones Obreras, la realidad es que las personalidades que protagonizaron el famoso acto de homenaje en la Facultad de Medicina se ubicaban mayoritariamente en los ámbitos ideológicos de Izquierda Unida y del PCE. Basta repasar la lista de nombres y los rostros reflejados en las televisiones para caer en la cuenta de la primacía de los sectores comunistas. Allí había poquísimos socialistas, de los que el más destacado fue Gaspar Zarrías, no se sabe si porque se había despistado o porque de alguna manera él comulga con la operación.

¿Qué busca la actual Izquierda Unida, la de Cayo Lara y el PCE, promoviendo la campaña pro-Baltasar Garzón? ¿Qué las Comisiones Obreras, ya no del moderado Fidalgo, sino de Fernández Toxo?

Detrás de los actos y eventos promovidos estos días hay que ver, en primer lugar, una oportunidad de movilización para la nueva Izquierda Unida, que necesita recuperar el terreno cedido durante el pésimo mandato de Gaspar Llamazares. Estamos ante un entrenamiento, una puesta a punto, de las organizaciones vinculadas al Partido Comunista, de cara a las próximas citas electorales. Se está sensibilizando al personal, se le está agitando, para que llegue en forma a la campaña y al encuentro con las urnas.

Líder Garzón

Y puede también apuntarse que está en marcha un atrevido e ingenioso intento de convertir a Baltasar Garzón en ese líder de izquierdas que ahora no existe: un candidato de amplio espectro, popular, con capacidad de llegar a extensas capas de la población que posiblemente sintonizaría con una figura así.

A este respecto, la pregunta clave es si el propio afectado, el magistrado de la Audiencia Nacional, está o no en la maniobra. Es decir, si le han sondeado sobre ese proyecto y él ha dado el visto bueno, o al menos dejado que las cosas rueden hasta ver dónde paran. Lo cierto es que hasta el momento Garzón no ha puesto ningún pero a las orquestaciones de estos días, no ha dicho absolutamente nada en contra de actos en la Universidad, encierros, movilizaciones en las calles y declaraciones radicales.

¿Aceptaría el magistrado convertirse en ese líder aglutinador de toda la izquierda sociológica? Depende de cómo termine su peripecia. Si acabara condenado y apartado del juzgado, no sería extraño que su reacción fuera pasarse definitivamente a la política. También para intentar la venganza.

Por cierto que la campaña ha incurrido en un grave error, consistente en que los monitores del homenaje en la Universidad se pasaron de frenada. Intervenciones como las de Carlos Jiménez Villarejo han alarmado en exceso, sobre todo las descalificaciones del mismísimo Tribunal Supremo, mucho más graves viniendo de quien vienen, un ex fiscal anticorrupción. Sobre la acusación de “franquistas”, en ambientes jurídicos se apunta que él era fiscal con Franco, cuando los actuales miembros del Supremo estaban, como máximo, estudiando la carrera de Derecho. Villarejo ha tenido que mandar una carta explicando que en realidad no les ha llamado “torturadores” porque, además del escándalo de tal adjetivo, eso constituye un delito. Hay jueces dispuestos a querellarse contra él y lo habrían ganado.

La pista del dinero

Tanto se han extralimitado los fervorosos defensores del juez, que el entorno legal de Garzón, sus abogados, se han dado cuenta de que sucesos así le ponen aún más cruda la posibilidad de salir bien librado de los tres sumarios en que se halla incurso. Y el viernes se apresuraron a explicarlo, en un intento de lanzar a los magistrados que le juzgarán, los miembros del Supremo, el mensaje de que no está en la dinámica de descalificaciones.

Que la campaña en defensa de Garzón está diseñada y coordinada, que detrás se ocultan planes y cerebros pensantes, lo muestran la abundancia de medios puestos en marcha. No solamente personales, sino también materiales. Incluida una inversión económica nada desdeñable. Se preguntaba en las páginas de ECD quién ha pagado desembolsos como la venida a España de las Madres de la Plaza de Mayo y su alojamiento; quién ha subvenido a los costes de otros viajes y estancias, como el del propio Jiménez Villarejo; o quién ha pagado el diseño, realización e impresión de grandes y elaboradas pancarta, o el vídeo con la canción pro-Garzón colgado en You Tube, que tiene detrás postproducción y compra de fotografías.

Cambiar la Ley de Memoria Histórica

Pero hay además una tercera finalidad, en la intensa movilización pro-Baltasar Garzón de estos días. Se busca torcer la voluntad de los legisladores y cambiar, por la vía de la calle, la Ley de la Memoria Histórica. Lo que no consiguieron en la buena lid de la lucha parlamentaria, se pretende alcanzar ahora creando escándalo, atizando el fuego desde algunos medios de comunicación e intentando amedrentar por el sistema de sacar gente a la calle.

De rebote, resucitar cuestiones como los crímenes del franquismo, o avivar el debate sobre monarquía o república, redunda en el primer objetivo que hemos citado: la movilización de las propias bases. Porque la vuelta a materias tan viscerales y críticas excita, y mucho, a las ambientes populares de la izquierda más izquierdosa.

El Gobierno ha de tener cuidado con Garzón

Se me ocurre una última reflexión, a propósito del complicado horizonte penal que espera a Baltasar Garzón. Si yo fuera el Gobierno, estaría más que preocupado por cuál es el destino último del magistrado.

Pienso que si, al final, resulta inhabilitado y después condenado, y él llega a la conclusión de que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no le ha defendido suficientemente, sino que, por el contrario, le ha dejado caer en el vertedero, la venganza de Garzón puede resultar especialmente dolorosa.

Ahí está el precedente del altísimo precio que pagó en su día Felipe González por haber desairado las apetencias políticas del juez. Ahí está el sumario del GAL que él se había guardado en el cajón cuando pasó a la política, recuperado de nuevo al volver a vestir la toga, y que a punto estuvo de dar con González en la cárcel.

¿Qué puede tener ahora Garzón en su cajón secreto? ¿Qué puede saber, que resulte peligroso en extremo para el Gobierno? Lo desconozco con exactitud. Pero es sabido que el juez ha estado en los intríngulis de aquella negociación de Zapatero con ETA, y que entonces recibió determinadas instrucciones del Gobierno… O puede saber otras delicadas interioridades de Zapatero, de Rubalcaba y de prácticamente todo el PSOE. No en vano ha sido especialista en escuchas telefónicas policiales realizadas bajo su cobertura.

Yo que ellos, tendría muchísimo cuidado

 

José Apezarena es editor de El Confidencial Digital

http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=24556