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La paradoja del juez Garzón

Tony Raful. Listín Diario, | 7 abril 2010

El intento del juez Garzón por exhumar las víctimas del franquismo, ha chocado de frente con basiliscos y demonios de la caverna del pensamiento y las creencias humanas

 

 

La celebridad de Baltasar Garzón le vino dada por su espectacular actuación en el procesamiento judicial al dictador y tirano chileno General Augusto Pinochet. El mundo entero reaccionó sorprendido gratamente por los formidables procedimientos del Derecho Internacional y los poderes delegatorios extraterritoriales, aplicados con sentido de justicia plena, ante este reo acusado de crímenes que involucraron a ciudadanos europeos y la posterior comisión develada, de latrocinio contra el Estado chileno.

El objetivo imparcial de su conducta como juez, al juzgar delitos mayores, se puso en evidencia cuando desarrolló con valentía, emplazamientos y sometimientos a grupos de índole terrorista como ETA, lo cual conllevó amenazas contra su vida y las de sus familiares. Su protagonismo está consustanciado con el deber ciudadano y las demandas imperiosas de decoro, aquello que el filósofo cubano, José de la Luz y Caballero definió en el siglo XIX, al referirse a la justicia, como “el sol del mundo moral”.

Ahora resulta que la llamada Falange Española, reducto ideológico del conservadurismo añejo que lesionó el derecho a la vida y a la libertad del pueblo español, acaba de interponer una querella judicial para invalidar su actuación como Juez en la investigación de los crímenes del franquismo.

El auto del Supremo, redactado por el magistrado ultra conservador Adolfo Prego, actúa en consecuencia permitiendo que la misma sala que admitió las acusaciones juzgue a Garzón por prevaricación. El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, señor Emilio Silva declaró lo siguiente: “Quien va a sentar a Garzón en el banquillo por investigar el franquismo, mató al 98% de las victimas exhumadas”.

El juez Garzón ha reaccionado con dignidad y templanza; demostrará su inocencia de los cargos imputados.

Sereno y firme en la defensa de su conducta, Garzón sabe que se trata de impedir que sus investigaciones sobre los crímenes de Franco sigan su curso aclaratorio ante la historia.

Quienes lo conocimos en Santo Domingo podemos hablar de su integridad en un ordenamiento ético impresionante.

Parece un ejemplar moral escaso en el mundo de hoy.

Cuando exalté la importancia del apresamiento de Pinochet y el valor de su actuación en el sometimiento del dictador chileno, reclamé públicamente el reconocimiento a su valor y entereza. Antes de irse del país me llamó parta pedirme las palabras pronunciadas en su honor. Años después lo encontré en el vestíbulo de un hotel donde se hospedaba, me acerqué para identificarme como la persona del discurso en su honor en el acto de Santo Domingo, para mi sorpresa recordó la ocasión y me citó una frase que él consideraba inmerecida y que no había olvidado. Hombres como él constituyen montañas, altos picos donde aflora la altura superior del espíritu y el honor de la humanidad.

Reflexionando sobre la situación de Garzón, he pensado que definitivamente es sumamente difícil enfrentar un proceso de investigación judicial histórico, si previamente no se ha desmantelado todo el aparato político de complicidades del poder finiquitado, eso que los franceses llaman el “ancien régime”. En el caso de la dictadura, la llamada “transición democrática” que funcionó en España tras la muerte del caudillo Francisco Franco, sólo se produjo en el plano político, en la llamada superestructura de la sociedad política, donde se inició un campo abierto de libertades públicas, participación y pluralismo ideológico.

Pero en el espacio de los viejos intereses asociados a la dictadura y al pensamiento estructurado de la Falange y los núcleos de poder judicial y económico, el franquismo y lo que representó históricamente no fue disuelto, por el contrario sobrevivió, se renovó, se asoció a nuevas políticas de expansión y guardó celosamente el culto a sus reliquias seudo morales y seudo espirituales. Pendiente como estuvo y está el ajuste histórico de cuentas, el intento del juez Garzón por exhumar las víctimas del franquismo, sus excesos crueles y bárbaros, ha chocado de frente con basiliscos y demonios de la caverna del pensamiento y las creencias humanas.

Idéntica situación vivió nuestro país al caer la dictadura de Trujillo; se abrieron las compuertas democráticas, se disolvió la jefatura trujillista del poder, pero no se procedió a un saneamiento de la justicia dominicana, no se purgaron los crímenes y atrocidades cometidas, no se reformaron las Fuerzas Armadas y la Policía, como pedía a gritos el doctor Luis Manuel Baquero, no se hizo un solo acto de reparación púdica, de justicia como sol del mundo moral.

El resultado fue una descomposición que apenas se ha detenido por breves interregnos de decencia ciudadana, pero que amenaza con sepultarnos en el cieno y el vacío histórico

http://www.listindiario.com.do/app/article.aspx?id=137356