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Una cuneta no es una sepultura

Alejandro Ibañez Castro. El Día de Córdoba, | 20 abril 2010

Subvenciones, ayudas y voluntariado no parecen suficientes para todo el trabajo que quedar por hacer

 

UNA de las principales diferencias del hombre con el animal es que desde que tomó conciencia de su ser el entierro de sus difuntos se convierte en uno de los pilares fundamentales de las creencias familiares. Para griegos y romanos era un deber ineludible enterrar a los muertos ya que las almas que no recibían sepultura estaban condenadas a vagar eternamente. La norma no se respetaba en algunos casos, como con los ladrones de templos o lo delincuentes ajusticiados. Negar sepultura a un cadáver era una forma de seguir condenando el alma muerta a errar sin descanso. El castigo de la crucifixión, ese auténtico terrorismo de Estado que se generalizó en todo el Imperio Romano, aunque parece que sus orígenes son más antiguos y que ya la practicaron asirios y persas, tenía una segunda parte para escarmiento de familiares y amigos, la negación del entierro y, en ocasiones, los soldados romanos vigilaban la cruz para que no se robara el cuerpo. Demostrar cualquier cercanía o identificación con el crucificado era peligroso, más aún en los casos de ejecuciones de carácter político, como fue el caso Jesucristo. No sólo se negaba a las víctimas un lugar entre los vivos, el refinamiento de la crueldad les impedía también tener un lugar entre los muertos.

Los ritos funerarios son necesarios porque permiten a las personas poder reaccionar ante la pérdida y la muerte de un allegado. En todas las culturas, tras el fallecimiento de una persona, se realizan ceremonias tanto para los fallecidos como para sus deudos. Los ritos ayudan a la persona en duelo a entender que la vida debe continuar, así como a reintegrarse en la sociedad. Una de las principales funciones de los funerales, en cualquier cultura, es reconocer en una ceremonia pública la vida y los logros de la persona fallecida, honrarla y recordar sus mejores aspectos en vida, antes de enviarla al mundo espiritual en que crea la comunidad. Los ritos difieren significativamente según las culturas. Por ejemplo, en la tradición budista, los funerales no son una ocasión para expresar lamentos, pues los budistas creen en la reencarnación.

La Carta de Londres de 8 de agosto de 1945 definió como “crímenes contra la humanidad” el “asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil…”. Estos crímenes contra la humanidad tienen la especial característica de ser imprescriptibles; es decir, que pueden ser perseguidos en todo tiempo. En estos días, por otras razones colaterales, se vuelve a hablar y a criticar que una norma ancestral del hombre, enterrar a sus muertos, convertida en ley en España desde el 31 de octubre de 2007 por el Congreso de los Diputados con el nombre de Ley de la Memoria Histórica, por la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura y que incluye el reconocimiento de todas las víctimas y la apertura de fosas comunes en las que aún yacen los restos de represaliados por los sublevados. Entendemos, por tanto, que rescatar a todos aquellos que fueron fusilados en cunetas, tapias de cementerios, puentes… en cuyas actas de defunción, cuando existen, la causas de la muerte son traumatismos o hemorragias, rotura de cráneo con salida de masa encefálica, como fue el primer caso que tuve que investigar en 2003, Antonio Gómez Soto, vecino de Alcolea, que fue fusilado a las 19 horas del 3 de septiembre de 1948, en el arroyo Tamujoso (camino viejo de Adamuz), junto a otro vecino de Alcolea de nombre Rafael Quesada Carvajal… Procurarles una sepultura digna en ningún modo es buscar represalias.

Subvenciones, ayudas y voluntariado no parecen suficientes para todo el trabajo que quedar por hacer. Es por ello que en un hábil y eficaz ejercicio de captación de recursos el Foro Ciudadano para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía puso en marcha hace casi un año el primer Taller de Empleo de la Memoria Histórica con 24 alumnos en dos módulos más que necesarios y útiles: Documentación, restaurando y digitalizando valiosos documentos relacionados con la Guerra Civil y que han trabajado en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba y Arqueología que han trabajado en las fosas comunes de los cementerios de Cañete de las Torres, Castro del Río y Montoro, utilizando como manual de cabecera el Protocolo Andaluz de actuación en exhumaciones de víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra.

http://www.eldiadecordoba.es/article/opinion/681726/una/cuneta/no/es/una/sepultura.html