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Le juge Garzon réveille les plaies de l’Espagne

Editorial de Le Monde, 15.05.10 | 16 mayo 2010

Texto en francés y en español

 

LE MONDE

Il est célèbre et respecté dans le monde entier pour les enquêtes qu’il a menées sur les crimes de diverses dictatures, notamment en Amérique latine, en vertu de la notion de justice universelle, dont il est un pionnier. Pourtant, le juge Baltasar Garzon va prochainement s’asseoir dans le box des accusés d’un tribunal de Madrid. Sa faute ? Avoir tenté d’ouvrir, pour la première fois en Espagne, le dossier des exactions commises par les franquistes lors de la guerre civile, puis sous la dictature de Francisco Franco.

Ces crimes ont été amnistiés en 1977 pour permettre à une démocratie convalescente de se reconstruire sur le fameux “pacte de l’oubli”. En requalifiant les disparitions de dizaines de milliers de républicains en crimes contre l’humanité, donc imprescriptibles, ce juge atypique a joué avec les limites du droit espagnol pour les besoins de la cause. Cet écart procédural lui vaut d’être suspendu de ses fonctions en attendant son procès. A 54 ans, il risque une peine de douze à vingt ans d’interdiction d’exercer : sa carrière serait terminée.

L’affaire Garzon soulève deux questions embarrassantes pour l’Espagne d’aujourd’hui. L’acharnement évident d’une partie de la magistrature à se débarrasser d’un électron libre incommode traduit un inquiétant dysfonctionnement institutionnel. Pour avoir voulu se construire en réaction au franquisme, l’Espagne démocratique a accouché d’institutions malades de leur politisation, au premier rang desquelles la justice.

Et surtout, la stratégie de l’oubli n’a pas fonctionné. Plus que la défense d’un magistrat à la personnalité et aux méthodes controversées, la mobilisation de dizaines de milliers de personnes, ces dernières semaines à Madrid et ailleurs visait “l’impunité du franquisme”. Les manifestants réclamaient “vérité, justice, réparation et solidarité avec les victimes”, brandissant des photos en noir et blanc d’un grand-père ou d’un grand oncle enterrés quelque part dans les nombreux charniers de la guerre civile.

Ces Espagnols vivent mal qu’on veuille punir le seul magistrat qui, contre vents et marées, a cherché à les aider. En commençant à ouvrir les fosses au début des années 2000, ils ont inspiré au gouvernement Zapatero une loi “sur la mémoire historique”, destinée à “fermer, honorablement pour tous, un chapitre tragique de l’histoire”. Peine perdue : l’affaire Garzon révèle la persistance de deux Espagne héritées de la guerre civile. Il n’y a plus ni “rouges” ni “nationaux”, mais une droite et une gauche prêtes à en découdre à tout propos.

En 1998, en ordonnant l’arrestation d’Augusto Pinochet, Baltasar Garzon avait gêné le gouvernement de M. Aznar, qui prônait auprès des démocraties d’Amérique latine l’exemple de la transition espagnole, fondée sur une amnésie volontaire. Aujourd’hui, les conservateurs refusent qu’on rouvre “les plaies anciennes”, alors que les associations de défense des droits de l’homme, les syndicats et les juristes qui soutiennent Baltasar Garzon interrogent : “Les victimes de Franco valent-elles moins que celles de Pinochet ?”

 

 

El juez Garzon despierta las heridas de España

LEMONDE | 15.05.10

Es célebre y respetado en el mundo entero para las encuestas que llevó sobre los crímenes de dictaduras diversas, particularmente en América latina, en virtud de la noción de justicia universal, que es un pionero. Sin embargo, el juez Baltasar Garzon Vaya pronto a sentarse en el garaje de los acusados de un tribunal de Madrid. ¿ Su falta? Haber intentado abrir, por primera vez en España, el expediente de los exacciones cometidos por los franquistas en el momento de la guerra civil, luego bajo la dictadura de Francisco Franco.

Estos crímenes han sido amnistados en 1977 para permitir a una democracia convaleciente reconstruirse sobre el ” pacto famoso del olvido “. En requalifiant las desapariciones de decenas de millares de republicanos en crímenes contra la humanidad, pues imprescriptibles, este juez atípico jugó con los límites de español derecho por la causa. Esta desviación procesal le vale de ser suspendido por sus funciones esperando su proceso. A la edad de los 54, arriesga una pena de doce a veinte años de interdicción de ejercer: su carrera se acabaría.

El asunto Garzon levanta dos cuestiones molestas para España de hoy. El encarnizamiento evidente de una parte de la magistratura que se desembaraza de un electrón libre incómodo traducido una disfunción inquietante y institucional. Para haber querido construirse en reacción al franquismo, España democrática asistió al parto de instituciones enfermas de su politización, a la primera fila de las cuales la justicia.

Y sobre todo, la estrategia del olvido no funcionó. Más que la defensa de un magistrado a la personalidad y a los métodos controvertidos, la movilización de decenas de millares de personas, estas últimas semanas en Madrid y en otro lugar se refería ” la impunidad del franquismo “. Los manifestantes reclamaban ” la verdad, la justicia, la reparación y la solidaridad con las víctimas “, blandiendo fotos en negro y blanco de un abuelo o de un gran tío enterrados en alguna parte en los numerosos osarios de la guerra civil.

Estos españoles viven malo para que se quiera castigar al solo magistrado que, contra vientos y mareas, procuró ayudarles. Comenzando a abrir los hoyos al principio de los años 2000, ellos todos le inspiraron al gobierno Zapatero una ley ” sobre la memoria histórica “, destinada a ” cerrarse, honradamente, un capítulo trágico de la historia “. Pena perdida: el asunto Garzon revela la persistencia de dos España heredadas de la guerra civil. No hay más “rojos” ni “nacionales”, sino una derecha y una izquierda preparadas para descoserlo a cada paso.

En 1998, ordenando la detención deAugusto PinochetBaltasar Garzon había molestado el gobierno de Sr. Aznar, que predicaba cerca de las democracias de América latina el ejemplo de la transición española, fundada sobre una amnesia voluntaria. Hoy, los conservadores niegan que se reabre ” las heridas antiguas “, mientras que las asociaciones de defensa de los derechos humanos, los sindicatos y los juristas que sostienen a Baltasar Garzon interroguen: ” ¿ las víctimas de Franco valen menos que las de Pinochet? ”

Artículo aparecido en la edición del 16.05.10

 http://www.lemonde.fr/opinions/article/2010/05/15/le-juge-garzon-reveille-les-plaies-de-l-espagne_1352096_3232.html