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«No pienso que el franquismo llegara a creer que podía ser derribado por la guerrilla»

Lne.es, | 13 junio 2010

Entrevista a Ramón García Piñeiro, Historiador

 

Gijón, J. L. ARGÜELLES

«Es muy difícil precisar cuántas personas dieron su apoyo en Asturias a los guerrilleros, pero fueron encausados de mil quinientos a dos mil individuos»

Ramón García Piñeiro (Sotrondio, 1961), es doctor en Historia y autor de libros de referencia, como «Los mineros asturianos bajo el franquismo (1937-1962)». Director del IES de Navia Galileo Galilei es, posiblemente, el historiador que mejor conoce los entresijos de la lucha guerrillera en Asturias, episodio sobre el que escribe, tras años de investigación, un minucioso estudio.

-¿El término «guerrillero» es aplicable a todos los huidos o «fugaos»?

-Huido es el que se sustrae a la justicia franquista de manera pasiva. Hubo una amplia casuística, que incluye, por ejemplo, al escondido, al «topo». El guerrillero, además de estar huido, se organiza y hace todo lo posible por derrocar el régimen político.

-¿Qué importancia tuvo en Asturias la lucha guerrillera?

-Fue una de las zonas de España con más actividad guerrillera, equiparable a León y Galicia, la zona del Maestrazgo y, quizás, la divisoria entre Málaga y Granada.

-Pero sin llegar a coordinarse con otros focos guerrilleros.

-La comunicación era muy difícil. De hecho y salvo en momentos muy concretos, ni siquiera en Asturias hubo, digamos, una estructura con jurisdicción sobre todo el territorio. En fechas determinadas, entre los años 44 y 46, sí se intentaron movimientos suprarregionales.

-¿Qué fuerzas tenía la guerrilla y con qué apoyos contaba?

-Si vamos a la definición restrictiva, la guerrilla no tuvo más de quinientos efectivos durante todo el período, que, a mi juicio, va de los años 43 al 50: es el lapso de actividad genuinamente guerrillera. Antes y después hubo huidos, pero centrados en su mera supervivencia o en el intento de dejar Asturias. Y esa guerrilla hubiera sido inviable sin el apoyo ciudadano. Es muy difícil precisar cuántas personas dieron ese apoyo, ahora bien, calculo que llegaron a estar encausadas entre mil quinientas y dos mil personas por colaborar con la guerrilla.

-¿En qué zonas se concentró la mayor actividad guerrillera?

-El fenómeno de los huidos se dio en toda Asturias. Si hablamos de personas organizadas en partidas hay cuatro focos básicos: el más importante es el de las cuencas mineras (Mieres, Lena, Quirós, Teverga, Riosa, Morcín, Ribera de Arriba, Caso, Sobrescobio, Laviana, San Martín y Langreo), además de Bimenes, Piloña, Parres, Ponga y Onís; el segundo era el territorio entre la sierra del Cuera y Picos de Europa, un sector con guerrilleros tanto asturianos como cántabros; el tercer sector comprendía la zona suroccidental, fundamentalmente San Antolín de Ibias, pero también Degaña, Allande, Grandas de Salime, Cangas del Narcea y Tineo; por último, el cordal de Peón, en Villaviciosa, donde operaba la partida de los «Castiello».

-¿La guerrilla llegó a ser en algún un momento una preocupación seria para el franquismo?

-Paul Preston dice que fue la oposición más seria a la que se enfrentó el régimen. No creo que el franquismo llegara a creer que podía ser derribado por la guerrilla; entre otras cosas porque no eran muchos y, luego, excepto en Asturias, no operaban en núcleos estratégicos. Era un fenómeno rural y aislado. Ahora bien, era gente armada que metía el miedo en el cuerpo a la gente afín al régimen.

-Para el franquismo todos los «fugaos» tenían la calificación de bandoleros y subrayaba la violencia de sus acciones.

-El franquismo nunca les concedió el estatuto de guerrilleros, y siguen sin ese reconocimiento. Para el régimen y sus publicistas eran simples delincuentes de instintos insaciables que querían vivir a punta de pistola. Claro que utilizaron métodos violentos, pero los muertos causados por la guerrilla en Asturias sumarán unas doscientas personas; debemos añadir unos quince secuestros, cientos de atracos y numerosas palizas. En total, unas cuatrocientas o quinientas personas afectadas por la actividad guerrillera.

-¿Quién llevó el principal peso de la lucha antiguerrillera y con qué métodos?

-La que con mayor número, determinación y coste se enfrentó a la guerrilla fue la Guardia Civil, que tenía «carta blanca». Ahí está la clave. En los procesos judiciales, la sentencia para los guerrilleros era la pena de muerte, pero la sorpresa es que los castigos para los enlaces podían ser, por ejemplo, menores que por ser militante del PCE. Los métodos fueron brutales y calculo que la Guardia Civil causó quinientas víctimas entre los años 1942 y 52. Con al menos a cincuenta personas se les fue la mano y, luego, tuvieron que recurrir a la ley de fugas para cubrir el expediente. Un acontecimiento relevante fue la matanza del pozo Funeres. En la represión también tuvieron un peso importante las contrapartidas, con falangistas y somatenes. En las Cuencas hubo Tabores de Regulares, pero creo, contra lo que se piensa, que no jugaron un papel destacado.

-¿La persecución de las familias de los «fugaos» formaba parte de una estrategia?

-La presión se ejerció sobre el entorno de los huidos: familia, amistades y vecinos. La brutalidad fue desmedida. La lógica del régimen tenía su fundamento, ya que el entorno del huido era la principal base de apoyo de éste.También se presionó sobre las familias buscando la entrega del guerrillero.

-¿La improvisación con la que los dirigentes de la República asumieron la caída del frente Norte marcó la lucha guerrillera en Asturias?

-En sus inicios sí, pero la guerrilla siempre fue políticamente incontrolable. Hubo períodos en los que el PCE intentó encauzar la actividad guerrillera, pero desde el 1946 en adelante son los propios guerrilleros los que, en determinadas zonas, controlaban al PCE. La guerrilla fagocitó a la organización política.

-¿Cómo condicionaron las estrategias de socialistas y comunistas la lucha guerrillera?

-El PSOE -y me refiero a la dirección del exterior- nunca creyó en la guerrilla. Volcó todos sus esfuerzos en la intervención exterior de los aliados y en sacar a sus guerrilleros de Asturias. El PCE creía que era necesaria la iniciativa guerrillera para forzar la intervención exterior; por eso apoyó, también, la acción guerrillera como una herramienta más.

-¿En qué medida los acontecimiento mundiales (fracaso de Arán, guerra fría…) marcaron el destino de la guerrilla?

-La esperanza de una intervención aliada se mantuvo hasta 1947. El contexto de la guerra fría acaba con la guerrilla, fue su acta de defunción.

«La presión se ejerció sobre el entorno de los huidos: familia, amistades y vecinos; la brutalidad fue desmedida»

«El PSOE nunca creyó en la guerrilla, mientras que el PCE defendía su utilidad para forzar una intervención exterior»

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