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Asturias: La guerra continúa en el monte

Lne.es, | 8 junio 2010

Unos cientos de guerrilleros se enfrentaron al franquismo con las armas durante casi quince años

 

Unos cientos de guerrilleros se enfrentaron al franquismo con las armas durante casi quince años, desde octubre de 1937 hasta la muerte del último de los «fugaos», en septiembre de 1952

Gijón, J. L. ARGÜELLES

La caída del frente Norte dejó a cientos de republicanos en los montes asturianos. Su fundado temor a las represalias por parte de los cuerpos militares y policiales franquistas convirtió a muchos de ellos en guerrilleros. Los llamados «fugaos», la mayoría socialistas y comunistas, lucharon primero por su supervivencia y, tras la derrota de Hitler, prolongaron su actividad armada en busca de una intervención de los países aliados para derrocar a Franco. Otro conflicto, la guerra fría, pulverizó su sueño.

Héroes para unos, vulgares delincuentes para otros, los antifranquistas que empuñaron las armas en Asturias desde finales de octubre de 1937 hasta septiembre de 1952, cuando fue abatido el último guerrillero, son aún un incómodo rescoldo sobre la piel de la historia que ha ido reconstruyéndose a partir de los acuerdos políticos de la transición política española. No es, así, extraño que Secundino Serrano, autor de «Maquis», abra su libro con una paradoja: el comunista gozoniego Cristino García Granda tiene los mayores honores que concede Francia, país que contribuyó a liberar del yugo nazi, y ha sido considerado en su propio país, en cambio, como un bandolero, pese a que su comportamiento y hechos de armas fueron similares a un lado y otro de los Pirineos.

Y es que la trágica aventura de los huidos, los del monte o los «fugaos», ya que en puridad terminológica no a todos se les puede aplicar el vocablo «guerrillero», que historiadores como Ramón García Piñeiro reservan para quienes formaron parte activa de «una estructura militar» alzada sobre el uso de «métodos violentos en pos de un objetivo subversivo», es inexplicable sin atender a las contradicciones y cambios de rumbo que socialistas y comunistas, principalmente, protagonizaron en los años inmediatos a la Guerra Civil. Igual que resulta difícil entender las múltiples vicisitudes sangrientas de esa historia sin tener en cuenta el relato del proceso de exterminio del adversario que pusieron en marcha los responsables de la maquinaria represiva del franquismo. Lo cierto, sin embargo, es que la guerrilla llegó a tener en España hasta unas seis mil personas en armas (más de 20.000 enlaces detenidos), según datos de Serrano, y que, tal como este autor subraya sin rastro de hipérbole, fue «la única resistencia que preocupó verdaderamente a Franco».

Con la entrada de las Brigadas Navarras en Gijón, el 21 de octubre de 1937, la República pierde el baluarte de Asturias y ve desmoronarse el frente Norte. Es la hora de la represión legal e incontrolada: «paseos», sentencias, ejecuciones, penas de prisión? Según cifras recogidas por Carmen García en «Los comunistas en Asturias (1920-1982)», el balance es de unas 5.000 muertes. La improvisación con la que los responsables de las instituciones de gobierno republicanas afrontan la derrota deja a su suerte a unas 9.000 personas, según la misma autora, que cuantifica en 2.000 las que, inicialmente, buscan el refugio de los montes. José Mata, comandante de la guerrilla socialista, ha calculado que a comienzos de 1939 los «fugaos» eran unos 1.000 hombres. Piñeiro, que precisa mucho más el término «guerrillero», como ya hemos visto, fija en unos 400 efectivos el contingente de alzados en armas en las montañas asturianas. El teniente coronel de la Guardia Civil F. Aguado Sánchez hizo el siguiente apuntamiento: 152 guerrilleros muertos, a los que añade otros 118 detenidos (junto con 715 enlaces), 27 heridos y 13 entregados; pero lo que es inobjetable, más allá del desacuerdo que hay entre unos y otros números, es que los «fugaos» (el nombre más popular y utilizado en Asturias) constituyeron una pesadilla para el franquismo durante casi década y media, lapso en el que los persiguió y combatió por todos los medios y con algunos de sus policías más sagaces e implacables, como el zamorano Claudio Ramos Tejedor. Nombrado en 1958 inspector jefe de la Brigada Político Social, su paso por la Brigadilla de la Guardia Civil (el principal instrumento, junto con falangistas y somatenes, en la guerra contra el maquis) se saldó con operaciones de éxito, como las detenciones del famoso jefe guerrillero Baldomero Fernández Ladreda («Ferla», o la localización y muerte del considerado como el último «fugáu», Ramón González («Ramonón»), según recoge José Ramón Gómez Fouz en sus libros «La Brigadilla» y «Clandestinos». Sirva un solo ejemplo para mostrar la importancia que el franquismo daba a la actividad de los del monte: ofreció hasta 60.000 pesetas de la época por los dos hermanos Caxigales, Manuel y Aurelio, responsables de la guerrilla comunista en la cuenca del Nalón.

Tal como ha subrayado Carmen García, los «fugaos», «dispersos y escondidos, ayudados por familiares, o constituyendo partidas más o menos estables, duraderas, lucharán ante todo, casi exclusivamente, por su propia vida en condiciones cada día más adversas». Los principales focos guerrilleros están en las Cuencas, incluida Ribera de Arriba, donde socialistas y comunistas tienen mayor apoyo de la población, pero también hubo actividad en concejos del Suroccidente o en el territorio entre la sierra del Cuera y Picos de Europa.

Buen número de estudiosos coinciden en que en los primeros años, tras la victoria franquista, el principal objetivo de los huidos fue la supervivencia, para lo que procuraron poner tierra por medio. El 14 de enero de 1939 los comandantes socialistas Mata y Flórez fracasan, por ejemplo, en su intento de embarcar por Tazones a unos 500 «fugaos». Habría otros planes de evacuación. Los socialistas, pese a alguna posición reticente, como la de Arístides Llaneza, hijo del fundador del SOMA, fueron poco a poco desechando la violencia y optaron, desde un «sindicalismo armado», según la expresión acuñada por Piñeiro, por la reconstrucción de sus organizaciones tradicionales, a la espera de la caída de Franco gracias a la intervención de los países aliados. Aun así, en 1948 matan, por ejemplo, a dos conocidos falangistas, uno de ellos, bajo la acusación de ensañarse con los cadáveres de algunos guerrilleros comunistas, según varios autores, aun cuando un comunicado de la FSA de julio de ese mismo año acusaba a las partidas controlodas por el PCE de poner en peligro a todos los huidos.

http://www.lne.es/asturias/2010/06/08/guerra-continua-monte/926335.html