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“El juicio a Baltasar Garzón es un insulto a las víctimas”

Público, | 5 junio 2010

Estela de Carlotto. Presidenta de la asociación argentina Abuelas de Plaza de Mayo

 

JUANMA ROMERO MADRID 05/06/201

Mirándola, escrutando su carácter, su viveza, cuesta creer que Estela Barnes de Carlotto cumpla 80 años en octubre. Toda su fuerza, dice, germinó con el dolor, en 1978, cuando su hija Laura, de 23 años, fue asesinada por las fuerzas armadas argentinas. Le entregaron su cadáver, pero no el bebé de dos meses que acababa de dar a luz. Ese niño, Guido, nunca más apareció. Fue uno de los cerca de 500 robados a sus padres como botín de guerra durante la dictadura militar (1976-1983).

Carlotto no calló y se unió al incipiente movimiento de las Abuelas de Plaza de Mayo. Hoy, 33 años después, la asociación ha hallado a 101 nietos, ha recibido numerosos premios internacionales y está nominada al Nobel de la Paz 2010. La lucha de Carlotto sigue, igual que su “apostolado” por todo el mundo. Por España también, adonde ha viajado esta semana con otra abuela, Buscarita Roa, para solidarizarse con las víctimas de Franco y con Baltasar Garzón.

¿Cómo se ve desde Argentina la causa contra el juez?

Es un insulto, una ofensa al dolor de las víctimas. Garzón es un amigo muy querido, porque comenzó juicios contra los represores argentinos cuando allá había impunidad y aún estaban vigentes las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida. Ahora es él el que está en una situación delicada y le estamos defendiendo, presentando incluso una querella criminal en Argentina. Si la historia se sepulta, se esconde y no se castiga con la ley en la mano, puede volver a repetirse.

¿No es paradójico que quien procesó al militar argentino Adolfo Scilingo o al dictador chileno Augusto Pinochet ahora se siente en el banquillo?

Se ve una política acomodaticia, interesada en que se tapen las cosas para dejar tranquilas a ciertas personas. Algunos no quieren que se conozca la verdad: tendrían que rendir cuenta de sus crímenes y por razones económicas. Las dictaduras enriquecieron a muchos.

El PP argumenta que mirar al pasado es reabrir heridas.

Las heridas por la muerte de un familiar, de un hijo, de un nieto, de un marido, no se cierran nunca con el silencio. ¿Por qué quieren quitarle su derecho milenario de rendir honores a los muertos? Ese argumento se usó en Argentina. Hablaban de reconciliación, como si fuera fácil. ¿Con quién nos vamos a reconciliar, con [Rafael] Videla, con Franco? Que no digan palabras que hieren, que molestan. ¿Alguno pidió perdón? Yo siempre digo irónicamente que quien les tiene que perdonar es mi hija Laura, que fue asesinada por ellos. Pero no, nadie pide perdón. No se puede pedir el sacrificio siempre a la víctima. Por eso nos duele lo que ocurre en España.

¿La derecha se ha emancipado del franquismo?

Quedan, quedan resabios.

¿Y la judicatura? Porque es la que está obstruyendo las causas contra el régimen.

En Argentina tenemos un caso paradigmático, el de Ernestina Herrera de Noble [la dueña del diario Clarín], que adoptó a dos hijos de desaparecidos. El caso aún no se ha resuelto. Tenemos que luchar contra eso, acá o allá. Hay dos justicias, y depende de tu poder, sales indemne o te condenan. Igual que la Iglesia, que ha sido cómplice de muchas dictaduras. En Argentina, fue algo bochornoso.

¿El Gobierno socialista debería hacer algo más para reparar a las víctimas de la dictadura?

Siempre se argumenta la división de poderes. Pero sí, quizá a [José Luis Rodríguez] Zapatero le pasa eso, y sería necesario que hiciera gestos.

¿Qué hace falta para despertar a los ciudadanos?

Es una buena iniciativa las manifestaciones en la Puerta del Sol, todos los jueves, como hicimos y seguimos haciendo abuelas y madres en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. Hace falta que salga en los medios, que se sumen personas de relieve y que se enseñe a los jóvenes a entender que les concierne, que están en riesgo si se entierra la historia. Hay que ayudarles a pensar, a que sean jóvenes y disfruten, pero sin olvidar que pueden crecer en un mundo falso si se oculta la historia. La verdad duele a veces, pero es reparadora.

¿Qué les da fuerzas?

El amor que tenemos a nuestros hijos y nietos. Es un movimiento de amor, no uno con el que se gana plata o se gana protagonismo en los medios. Encontrar un nieto que nos robaron supone el triunfo de la verdad sobre la mentira y de la democracia sobre la dictadura, es una reparación nacional y universal. Hemos encontrado ya a 101, y vemos que nos acompañan, que defienden su historia, que la cuentan, que hacen de eso un apostolado. Mi hija empezó a militar muy joven, a favor de los pobres y los humildes, como el hijo de Buscarita. Y una piensa “bendito pensamiento que les hizo dar hasta la vida”. Yo siento que Laura está a mi lado, que me acompaña y me empuja. Los compañeros de cautiverio de mi hija me contaron que ella decía de los militares: “Mi vieja no les va a perdonar mientras viva lo que me están haciendo y los va a perseguir”. Yo no sabía que tenía esa fuerza, y es la que me está dando ella. Es el amor el que nos dice que no hay que olvidar, que hay que seguir. No podríamos no hacer esto. No guardamos odio, pero sí un implacable deseo de justicia. Y de memoria.

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