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El trato discriminatorio a las víctimas del terrorismo

Carlos Tena / Kaos, | 28 junio 2010

Las asociaciones de familiares que lloran a las víctimas del terrorismo franquista, no han merecido no ya un trato parecido, sino ni tan siquiera comprensivo hacia su dolor

 

Si los directivos de la llamada Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) fueran personas dotadas de talante solidario y no discriminatorio, con sentido ético de la justicia y de lo que significa el término democracia, seguramente hubiera clamado hace ya lustros por el injustificable desprecio para con más de un millón de compatriotas muertos, y el vergonzoso trato hacia el dolor padecido durante siete décadas por las castigadas familias de los asesinados, torturados y desaparecidos, desde 1939 a 2010. 

No ha sido así. La AVT capitaliza, al parecer, sólo una parte del dolor humano (el propio), manipulada hábilmente por oscuros intereses políticos y mediáticos, en los que únicamente las lágrimas de ellos deben ser las tragedias a compartir, mientras que el silencio sobre los cadáveres de los otros, ha sido el premio que el gobierno de su majestad ha entregado, a quienes aguardan recuperar los maltrechos cuerpos de aquellos que yacen en fosas comunes aún no abiertas, o conocer el destino de cien mil desaparecidos, tras la victoria de la dictadura sangrienta impuesta por el ejército vencedor.

Ese dolor es comprendido o lamentado, a título personal, por cómicos e intelectuales oportunistas, tardíamente concienciados sobre la tragedia de la Guerra Incivil, por socialistas venidos desde la Falange y la ultraderecha, por decenas de ministros de los gobiernos habidos desde 1979, sumisos a esa España Una, Grande y Libre, cuyo jefe de estado actual acepta, exhibiendo su sonrisa mefistofélica, la miseria política que supone una Constitución en la se le exime de ser procesado por cualquier delito que pudiera cometer. Por ejemplo, negarse a condenar el terror franquista. Pero ello no lo contemplan los códigos de Caamaño. Y para millones de cándidos, no es aún siquiera una falta de educación, aunque la propuesta de condena se llevara al seno de la CE.

España, arropada por una transición que no es tal, sino manipulación vergonzosa de la historia reciente, ha consagrado jurídicamente la ilegalización de quienes no censuran las acciones, sangrientas o no de ETA; pero sus gobiernos pueden legalizar, apoyar, financiar, comprender e incluso bendecir, a quienes no acusan al régimen anterior de haber regado el país con la sangre de heroicos luchadores (por ejemplo, a la siniestra Fundación Francisco Franco), de haberles enterrado con nocturnidad y alevosía, o de sumir a un país bajo el miedo, durante 40 años.

Hace días, una mujer que trabaja muchas horas al día para parecer elegante y educada (la vicepresidenta del gobierno de ZP, María Teresa etcétera, etcétera), anunció que las familias integradas en la AVT recibirían millones de euros, como compensación por las muertes de aquellos que perdieron la vida en atentados varios, cometidos principalmente por ETA y GRAPO. No hay dinero que consuele la muerte de un ser querido.

La AVT puede llorar en paz a sus muertos, honrarles, inaugurar calles y plazas, parques y sedes con sus nombres, recibir todo tipo de homenajes, protección, apoyo constante en prensa, radio, televisión e Internet. Y ahora, además, muchos de sus asociados recibirán esas aportaciones bastante considerables por el irreparable daño recibido. No sólo ellos, sino los integrados en las homólogas canaria y andaluza (Acavite y AAVT, respectivamente), la Asociación Dignidad y Justicia declarada de Utilidad Pública (en cuya web se destacan curiosamente las ventajas fiscales de esa condición), la Fundación Miguel Ángel Blanco y otras. Pero hay un detalle que distorsiona tal escenario.

Las asociaciones de familiares que lloran a las víctimas del terrorismo franquista, no han merecido no ya un trato parecido, sino ni tan siquiera comprensivo hacia su dolor. Por lo visto no son ciudadanos con derechos, sino pobres desgraciados a los que la mala suerte ha obligado a olvidar y disculpar balazos, garrotes viles, fusilamientos, torturas, palizas, violaciones, robo de niños, pobreza, porque así lo mandó Dios.

Para muchos ciudadanos que han optado por la ceguera voluntaria y el mutis, todavía hoy, muchos de aquellos hombres, muchas de aquellas mujeres, fueron simplemente rebeldes, terroristas, guerrilleros y guerrilleras, personas anticlericales, que luchaban por una aberración llamada democracia. Y para colmo, republicanos. Eran todos miembros de una banda de gentuza, radical y antisistema.

Ninguno de los cómicos almodovarianos que protagonizaron el esperpento “pro Garzón”, han tenido la valentía y dignidad suficientes para exigirle al monarca que maldiga las fechorías de su antecesor y padrino, condenadas como dije anteriormente en el seno del Parlamento Europeo, un día de esos en los que la ultra derecha (o sea, el PP y sus hermanos europeos más hitlerianos) se ausentó de la cámara, para no tener que dar la cara y votar en contra de la propuesta defendida por José Borrell; una clara negativa al texto, hubiera arrojado más sombras de sospecha hacia su pretendida fidelidad a los principios democráticos. Lo propio, no se ha hecho aún en las Cortes españolas, consagrando el principio de cobardía e injusticia histórica que rige hoy en los escaños del hemiciclo.

No creo equivocarme, si afirmo que sigue habiendo dos Españas, porque continúan existiendo dos clases de víctimas; porque se utilizan dos baremos diferentes para condenar el terrorismo; porque se palpan dos formas de entender la democracia, pero sólo una verdad: la que señala que en el bando perdedor, centenares de miles de represaliados después del triunfo de la rebelión fascista, entregaron su vida por la libertad.

Ahora decidme, compañeros: ¿Cómo se puede ser personalidad pública, intelectual o artista reconocido, sonreír amablemente a aquel que calla ante las miles de muertes que se perpetraron bajo el franquismo, para luego dar lectura a comunicados en los que se denuncia esa indefensión, o solicitar la anulación de la sentencias dictadas por aquellos tribunales?

Sólo de una forma: careciendo de principios éticos o profesando una ideología en la que doble moral, la hipocresía, el servilismo, la ambición y la mentira, son sus bases más sólidas. Admitiendo miserablemente que los muertos de Queipo de Llano, Mola, Sanjurjo, Arias Navarro, Fraga, Martín Villa, el GAL, el Batallón Vasco-Español, Galindo, Falange, Barrionuevo, Vera, Fuerza Nueva, San Cristóbal o el Señor Felipe X, no merecen el trato de víctimas del terrorismo.

Ellas y sus familias no precisan de las alharacas publicitarias y la farsa de un Almodóvar, Ana Belén, García Montero y demás cómicos (que sólo han hablado de una parte de ellas), o de un Garzón, un Grande-Marlaska, un del Olmo, una Murillo o un Velasco, porque desgraciadamente, jueces como Joaquín Navarro Esteban o Jesús Vicente Chamorro no se dan ya en los tribunales españoles.

Lo que necesitan aquellas personas cuyos padres, abuelos, primos, madres, amigos o hermanos fueron ejecutados sin garantías, torturados y asesinados, es respirar, sentir, transitar, vivir de una vez, bajo la protección, el apoyo y el abrazo fraternal y sincero de una democracia plena, asunto que de momento, no se ha hecho realidad.

Todo ello, puede que responda a una irresponsable estrategia, urdida en las cloacas del estado, para convertir a la AVT en la única representante oficial del dolor provocado por la violencia.

A mí también me duele la muerte de un inocente, pero me afecta mil veces más el esperpento mediático, la manipulación de ese dolor, el terrorismo de estado. Un millón de veces más.

http://www.kaosenlared.net/noticia/130668/trato-discriminatorio-victimas-terrorismo