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Navarra y Euskadi contaron con una decena de campos de prisioneros entre 1938 y 1942

Noticias de Navarra, 02-05-2010 | 15 junio 2010

Los informes del tribunal de cuentas revelan una realidad hasta ahora oculta

 

Además del conocido de La Merced, en Navarra pudo haber dos campos más

miguel cifuentes – Domingo, 2 de Mayo de 2010

salamanca. Es difícil precisar una cifra definitiva, porque en varios casos la información no detalla si lo fueron o no, pero Navarra y Euskadi podrían haber contado con hasta doce campos de concentración durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo (entre 1936 y 1947). La terminología es muchas veces difusa y no permite saber con seguridad el uso que recibió uno u otro lugar pero, aunque sólo en cuatro casos se define al espacio en cuestión como “campo de concentración” -uno por cada territorio-, la letra pequeña lleva a pensar que éstos pudieron ser bastantes más. En concreto, ocho más: cuatro en Guipúzcoa (la condición como tales de estos últimos es más que probable), dos en Vizcaya y dos en Navarra.

Hasta hace un mes, la información referente tanto a los campos de prisioneros como a los batallones de trabajadores durante aquel periodo era escasa y estaba llena de incertidumbre, pero el reciente traslado a Salamanca -al Centro Documental de la Memoria Histórica- de los informes recopilados en aquellos años por el Tribunal de Cuentas ha arrojado la luz que hasta ahora se había tapado. Ahora sí, los investigadores, los periodistas o los historiadores pueden acceder a todo ese archivo. Pueden consultar cuántos campos hubo, dónde estuvieron, quiénes permanecieron en ellos o cuándo empezaron a funcionar o dejaron de hacerlo.

Mes por mes, los extractos que los diferentes comisarios de guerra enviaron al citado tribunal permiten conocer los detalles concretos de cada unidad o centro y establecer un mapa general aproximado de aquella represión. Y éste dice que, en conjunto, y con las reservas derivadas de esa terminología a veces dudosa, hubo cerca de 130 campos de concentración (algunas voces apuntan a la presencia de bastantes más, hasta casi 200), entre 350.000 y 500.000 prisioneros y algo menos de 550 batallones en todo el Estado. El cruce de estos documentos con los existentes en los archivos militares de Ávila y Guadalajara ayudará a completar ese mapa pero, de momento, ésa es la información disponible. Una información a la que ha tenido acceso este periódico y que revela, al mismo tiempo, una realidad variada y otra homogénea.

similar composición Porque, con algunas diferencias en su contenido y en el modo de recogerlo, los extractos mantienen una composición muy similar. Después de indicar de dónde proceden y a dónde se dirigen (al Tribunal de Cuentas), todos ellos detallan, entre otras cosas, el listado de altas y bajas y el “ajuste de haberes” (presupuesto necesario para cubrir los gastos) correspondientes a cada mes. Explican cuántos presos o trabajadores había al principio y al final de ese periodo (el llamado “balance de fuerza”); qué cantidad de pesetas suponía cada individuo retenido (por su alimentación, en el caso de los presos, y por su jornal, en el de los trabajadores) y todos ellos en conjunto (el “líquido a percibir”); y cuál era la relación nominal de todos los integrantes de una unidad. Además, recogen cuál había sido el destino de aquellos que causaban baja: hospitalizado, en libertad, fallecido, a disposición del gobernador civil…

Los campos, que acogieron en su mayor parte a presos republicanos pero también -durante la Segunda Guerra Mundial- a miles de extranjeros (el de Miranda de Ebro, en Burgos, fue el último que cerró sus puertas en 1947 y llegó a albergar a unos 15.000), fueron levantados con diferentes nomenclaturas: campo de clasificación de prisioneros de guerra, campo de concentración, campo de evadidos, campo de presos gubernativos, campo de evacuación, depósito de concentración… Etcétera.

No eran por lo general lugares habilitados con la finalidad de los campos nazis (el objetivo general era recluir, clasificar y reeducar), pero su diseño sí se pareció en algunos casos a aquéllos. En otros, en cambio, no. En otros se levantaban en institutos, castillos, prisiones militares u hospitales. En cualquier recinto que sirviese para concentrar prisioneros. Y es precisamente por esto último por lo que se antoja complicado concretar el número exacto de campos. Porque no es posible saber si en otras prisiones u hospitales en los que no se habla de campo lo hubo o no. No es posible saber con certeza a qué se dedicó cada uno de los lugares recogidos en el registro del Tribunal de Cuentas. No es posible en el conjunto del Estado y, tampoco, en Navarra.

las dudas De acuerdo con el listado de campos de concentración definidos como tales, hubo uno en Guipúzcoa (en Irun), otro en Vizcaya (el Hospital Militar de prisioneros de guerra de Deusto), otro en Álava (en Murguia) y otro en Navarra (el de La Merced, en Pamplona). Es decir, cuatro. Ahora bien, hay otros ocho espacios que ofrecen dudas, algunas muy razonables. De hecho, si se accede a las observaciones y a las notas referentes a cada lugar, se comprueba que otros cuatro centros -todos guipuzcoanos- son aludidos también como “campo de concentración”. Dentro del capítulo Otras Denominaciones, todos ellos incluyen esas tres palabras. Todos.

En concreto, la Clínica Psiquiátrica de Santa Águeda (Arrasate), el Hospital Disciplinario de Zumaia, la Enfermería de Oiartzun y la llamada Caja de Recluta número 38 de Donostia. En los tres primeros la vinculación es clara. El archivo reconoce su denominación como campo. En el último la situación es distinta, pero no tanto. No se indica que se trate de un campo en sí mismo, pero sí que forma parte de uno de ellos (una nota precisa que este centro está incluido dentro del campo de concentración de San Pedro de Cardeña, en Burgos).

En cuanto a los otros cuatro, no existe alusión al término, pero sí indicios de que puedan responder a él. Se trata, en este caso, de la Prisión Militar de la Universidad de Deusto y el Hospital Militar de Prisioneros de Gernika, en Vizcaya; y del Destacamento de Prisioneros de Guerra de Estella y el Hospital Militar de Prisioneros de Guerra de Pamplona, en Navarra. Su utilización es menos clara, pero la presencia de campos en lugares similares invita a pensar que también pudieran ser usados como tales. Con ellos se completaría el listado de los doce posibles.

Un listado sorprendente, por desconocido, pero que tampoco debe llevar a pensar que Euskadi y Navarra contaron con doce campos de concentración entendidos en su concepción actual. Es decir, como centros de exterminio. “Su objetivo no fue nunca asesinar a sus internos (de eso se encargaría la justicia militar), sino ser el bisturí social con el que separar el bien del mal, la España de la anti-España”, recoge el historiador Javier Rodrigo en su trabajo Cautivos. Campos de concentración de la España franquista (1936-1947).

En el caso del franquismo, los campos podrían entenderse más como campos de prisioneros, como campos de concentración en su versión más literal. A partir de ellos, en muchos casos, se nutría de efectivos a los batallones de trabajadores (también se utilizaba para ello a los presos de las cárceles, éstos ya juzgados y condenados). En el campo de Irun, por ejemplo, los extractos mensuales especifican el número de días “devengados” correspondiente a cada prisionero y el tipo de devengo, es decir, cuánto cobró por cada jornada de trabajo.

Ahora bien, aunque su objetivo directo no fuera el exterminio de los presos, tampoco debe olvidarse que los campos habilitados por Franco eran focos de miseria, enfermedades, hambre, palizas y muerte. Los presos políticos eran utilizados para realizar trabajos forzosos (los llamados Esclavos de Franco), en beneficio de instituciones públicas o empresas y en unas condiciones infrahumanas.

En el campo de Miranda de Ebro, el que más años permaneció abierto (1937-1947) y el que más páginas ocupa en el archivo del Tribunal de Cuentas, muchos presos fueron trasladados en vagones de ganado, otros carecieron de letrinas y todos fueron concentrados en barracones rodeados de una alambrada (esta última también fue empleada en los últimos años para separar a los alemanes de los apátridas, denominación utilizada para referirse a los judíos). Pero, pese a ser uno de los más significativos, el de Miranda no fue el único campo de esas características. Hubo más.

Campos más duros que otros y que, en última instancia, forman parte de una misma tragedia. De un pasado que hasta ahora no existía en los fondos históricos sobre la Guerra pero que hoy, recogido en 145 cajas de informes y documentos, sale de su interesado ostracismo para alumbrar un capítulo más de la historia que no se contó. De esa verdad que nunca dejó de serlo pero que ahora, además, se puede probar.

http://www.noticiasdenavarra.com/2010/05/02/sociedad/navarra/navarra-y-euskadi-contaron-con-una-decena-de-campos-de-prisioneros-entre-1938-y-1942