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Santos Juliá y los historiadores casadistas

Floren Dimas, | 4 julio 2010

El historiador de guardia del PSOE, recupera para sí la estrategia camaleónica, parcialmente negacionista y totalmente justificativa, de los profesionales de historiografía franquista maquillada

 

En octubre de 2008, varios medios digitales me publicaron un artículo que tuvo cierto eco entre varios miembros del colectivo de aludidos -que me pusieron a parir-, en el que bajo el título “Historiadores casadistas”, analizaba la ofensiva mediática de acreditados historiadores con caché democrático, en línea con la ley de la Memoria Histórica, que tras una larga trayectoria de haber estudiado la represión franquista, llegaban a la conclusión de que, llegados al tiempo presente, no era momento de exigir cuentas penales y resulta preferible relegarlo todo a las estanterías de las bibliotecas, a las conferencias y cursos de verano, condescendiendo a que los vivos entierren a sus muertos, se coloquen algunas placas, se escriban sentidos obituarios y se deje la fiesta en paz.

ENLACE A “HISTORIADORES CASADISTAS”: http://www.ciudadanosporlarepublica.info/articulos/colaboradores/77-historiadores-casadistas.html

 

Si yo no hubiese escrito aquel artículo entonces, hubiera tenido que plantearme hacerlo hoy, después de leer el trabajo del profesor Santos Juliá titulado “Duelo por la República Española”, aparecido en El País del pasado 25 de junio.

ENLACE AL ARTÍCULO DE SANTOS JULIÁ: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Duelo/Republica/Espanola/elpepiopi/20100625elpepiopi_11/Tes

El historiador de guardia del PSOE, recupera para sí la estrategia camaleónica, parcialmente negacionista y totalmente justificativa, de los profesionales de historiografía franquista maquillada, repartiendo cadáveres y responsabilidades criminales a partes iguales entre las facciones contendientes en la Guerra Civil, llegando a afirmar nuestro héroe que si lo republicanos no asesinaron a más gente “a mansalva”, fue porque no conquistaron territorio y ya habían limpiado suficientemente su retaguardia, quedándose sin materia prima a la que ajusticiar.

Remata su crónica de la equidistancia asesina, haciendo una elegía primaveral a las virtudes de la Transición y remata la faena –que tantos y tan valiosos argumentos aportará en adelante a la caverna española- exorcizando a quiénes se atreven a plantear la exigencia de la acción penal para los responsables de los crímenes franquistas, llegando a calificar de “creciente argentinización” al movimiento social Contra la Impunidad.

La última parte del artículo de Santos Juliá es de aurora boreal, para cuantas personas conserven la capacidad de discernir entre lo que realmente sucedió (entre otras cosas, porque algunos estábamos allí) y lo que ahora nos cuentan estos cronistas de pago, alistados en la ofensiva de verano que dirige Rubalcaba, contra los colectivos anti-impunidad y pro-III República.

Afirma Santos Juliá:

 “Estas gentes construyeron una democracia –imperfecta, deficitaria, como todas- sobre una experiencia política de diálogo y reconciliación en la que nadie pretendió defender las razones que pudieran haber asistido a sus padres cuando empuñaron las armas. Si cada cual, a la muerte de Franco, hubiera puesto encima de la mesa su puñetera verdad, es posible que todos nos hubiéremos ido a hacer puñetas dejando como única herencia el lamento por otra gran ocasión perdida”.

Ni Fraga Iribarne lo hubiera expresado mejor.

Los argentinos han debido cometer (según los planteamientos de Santos Juliá y los suyos) un grave atentado contra la reconciliación: el dictador Videla, por fin se sienta hoy ante la justicia argentina.

 

3 de julio de 2010.

Floren Dimas