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Juan Negrín López, una injusticia a reparar

Manuel González López. La Región, | 17 agosto 2010

Si hay algún dirigente republicano denostado hasta la crueldad por los vencedores, éste fue el doctor Negrín

 

Juan Negrín López, último presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República, fisiólogo y médico, gestor académico, apasionado de la música y de las artes, empedernido coleccionista de libros y estudiante de lenguas. Investigador de Fisiología en la Universidad de Leipzig, 1912-1915; destacado educador y gestor académico en Madrid durante la década de 1920; comprometido hasta el límite de sus posibilidades, desde el día de la sublevación militar, en 1936, hasta el amargo final; responsable del envío de la reserva de oro del Banco de España a la Unión Soviética; ministro y presidente del Gobierno durante la guerra civil (1937-1939).

Un escritor de talento de estilo brillante. Tanto por su faceta literaria como por su importante labor clínica e investigadora llegó a ser un personaje de prestigio internacional, en especial en Alemania, ocupando multitud de puestos relevantes.

Juan Negrín fue además un gran líder político vilipendiado por sus propios compañeros del Partido Socialista, capitaneados por su correligionario Indalecio Prieto, que nunca le perdonó que lo hubiese cesado como ministro de Defensa, así como por la derecha conservadora y por las fuerzas políticas de apaciguamiento de Inglaterra y Francia como presidente que, con el objetivo de defender la República, colaboró, porque no tuvo más remedio, con la Unión Soviética y el PCE. Entonces los Estados democráticos le volvieron la espalda por miedo a Alemania e Italia.

Sea como fuere, también fue el presidente de Gobierno que alargó la resistencia durante meses en una guerra que estaba claramente perdida por los republicanos de entonces. Y que lo hizo pensando únicamente ‘enlazar’ esa guerra con el comienzo, que se esperaba ante la actitud de Hitler, de la Segunda Guerra Mundial: esos cuatro meses, precisamente, que separaron tal proyecto de una guerra (la nuestra, en realidad, la primera batalla de la contienda bélica mundial) a la otra, nuestra historia hubiese sido, quiérase o no, muy distinta.

El doctor Negrín se vio traicionado por el levantamiento militar de lo que quedaba de la zona republicana, del coronel Casado, jefe delEjército del Centro, quien dio al traste con el proyecto en cuestión y con ello favoreció la permanencia de la dictadura franquista durante tantos años. Y, además, con su actitud no aminoró los sufrimientos, asesinatos (paseos) y fusilamientos de muchos de los que habían perdido la guerra civil, y que se produjeron hasta el óbito del dictador.

Ahora, después de setenta años, el Partido Socialista acaba de reivindicar la figura del último presidente del Gobierno republicano. Cuando, durante la Guerra Mundial, le negaron incluso su legitimidad política como presidente del Gobierno republicano de España en el exilio, no obstante residir permanentemente en Londres, en finca de su propiedad.

No obstante, recordamos como durante los 36 años de dictadura franquista, 1939-1975, cualquier mención a los logros educativos y científicos del doctor Negrín fueron terminantemente silenciados, e incluso en las dos primeras décadas de la transición al actual régimen democrático parlamentario. Lo poco o casi nada que se ha dicho de él, siempre ha estado relacionado con el supuesto ‘robo’ del oro del Banco de España, o sobre su pretendido ‘comunismo’, o acerca de su costoso estilo de vida que pagaba de su peculio particular, que había heredado de sus progenitores. Ostentaba, merecidamente, un gran prestigio internacional y, además, era una persona muy honrada en todos los aspectos.

El oro (510 toneladas de oro de aleación) del Banco de España sirvió para pagar el material bélico que la Unión Soviética envió a la zona republicana, o sea que no hubo tal robo. Y también para satisfacer los importes a empresas suministradoras del extranjero relativos a la captación de alimentos, carburante, material sanitario, fletes y seguros mercantes.

Si hay algún dirigente republicano denostado hasta la crueldad más insaciable por los vencedores de la contienda incivil, éste fue, sin ninguna duda, el doctor Negrín López. Sea como fuere, en España los gobiernos democráticos posteriores a la dictadura no han tenido el coraje, o nunca tuvieron la más mínima intención de reivindicar una figura que no hará más que ennoblecerse con el paso del tiempo.

El doctor Negrín sacrificó, a partir de abril de 1931, su vida de científico, primero, para consagrarse por entero a la República democrática y, más tarde, para defenderla hasta el final contra la sublevación militar fascista y sus colaboradores. Tanto en su condición de ministro de Hacienda responsable del envío del oro de la República a la Unión Soviética, como en su papel de presidente el Gobierno cooperó con los asesores militares rusos y, sobre todo, la de llevar hasta el final su consigna de ‘resistir es vencer’.

La figura de Juan Negrín, es la del verdadero líder más capacitado de todos los que ha tenido la República, y también la de un excelente estadista de talla europea, que supo ver con mayor claridad, que sus colegas británicos y franceses, en qué iban a desembocar las agresiones de Hitler y Mussolini.

Como todo personaje, pudo tener sus claros y sus sombras, pero nadie podrá discutir su humanidad puesta de manifiesto, en Madrid, en los primeros días de la sublevación: puso su automóvil particular y su persona a disposición de los ciudadanos, incluso para salvar de la muerte o prisión de individuos simpatizantes con el adversario o simplemente por ideas.

Sufrió muchos ataques cuando llegó a la cumbre política. Y después. Siempre. Como si hubiera sido el único a escudriñar, antes de morir, de las dos Españas. ¿Sombras? Cuando, por desgracia, en 2010 siguen todavía en las cunetas víctimas del franquismo. Hay tantos que no se han cambiado ni de chaqueta?

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