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La “Memoria Histórica” contradice la actual “Historia oficial”

Pepe Gutierréz. Anticapitalistas.org, 29/07/2010 | 1 agosto 2010

La controversia sobre la “memoria histórica” afecta a unas de las columna del consenso establecido con la Transición

 

La controversia sobre la “memoria histórica” no es sólo, una “exigencia elemental de justicia retrospectivo. También afecta a unas de las columna del consenso establecido con la Transición, y atenta contra la “historia oficial” emanada en esta.…

Así pues, al debatir sobre la “memoria histórica” lo estamos haciendo sobre muchas cosas. Y aunque se trata de algo extremadamente amplio y complejo, creo que las coordenadas fundamentales para entenderlos, pasan cerca de algunas de estas consideraciones que resumo como un “borrador” para su posible discusión… 

– 1. La transición fue inmodélica por muchos motivos. Primero, porque no fue tan pacífica como se ha pretendido, murió mucha gente, sobre todo desde el lado de la resistencia antifranquista. Los culpables, al igual que los jerarcas del régimen, los torturadores, y cia., siguieron en sus puestos. Pero sobre todo porque, al final, los reformistas del franquismo consiguieron ganar la partida que estaban perdiendo, sobre todo los empresarios a los que no les servía el sindicato vertical, ni tan siquiera los “grises”. El “reformista desde dentro” de Arias Navarro fracasó totalmente. Esto obligó al régimen a dar un golpe de timón con Suárez, un “reformista hacia fuera”. El plan de encarnado por Suárez partía del supuesto del fracaso de Arias, y por lo mismo, abordó la “reforma” en el sentido de entrar con las nuestras (libertad, amnistía, estatutos de autonomías), y así recuperar la iniciativa. Libertad para recomponer el orden (así las movilizaciones pasaron de crear “zonas de libertad” a ser acusadas de “desestabilizar” la democracia): la amnistía sirvió (también)  para blanquear a los sicarios del régimen (cuando a Pilar Bravo le preguntaron por el ascenso de un reconocido torturador, respondió que con la democracia todos empezamos de nuevo), y los Estatutos fueron amalgamados y luego cercados…Esta faena fue cubierta en dos fases, la primera con Suárez (que todavía se vio obligado a hacer cosas más de izquierdas que Felipe), y la segunda, contra Suárez…Pero la iniciativa y las medidas ya estaban dictadas, la izquierda podía jugar, pero en el campo de lo que la derecha permitía.

– 2. Esta maniobra tuvo un as en la apuesta por la recomposición del PSOE, efectuada con suma inteligencia: éste se presentó como socialista en oposición a la vulgar socialdemocracia, liderado por gente joven y “limpia” en oposición a la “gerontocracia comunista”. El PSOE aceptó el marco impuesto porque sus intereses eran ya electorales, por lo tanto, opuestos a los movimientos de base. El PCE-PSUC fue el que, por su enorme importancia entonces (mostrada con ocasión de la matanza de Atocha, oponiéndose a cualquier “aventura”, o sea a cualquier huelga,  asumió el papel protagonista en la desmovilización, pensado que tenía una oportunidad similar a la italiana para ocupar el lugar de la socialdemocracia. Esta desmovilización fue impuesta en base a dos argumentos básicos:

-a) no se podía seguir con las mismas movilizaciones porque ese provocaría un golpe de Estado (ese fue el gran argumento para hacer tragar los pactos de la Moncloa), como si ese riesgo no hubiese existido antes…

-b) ahora se trataba de una primera etapa, una etapa para acumular fuerzas mientras se avanza con un pie en la calle y otro en las instituciones. El pie de las instituciones desplazó totalmente al de la calle, así los cargos se subieron al carro, y la militancia honesta siguió su camino (desconcertada)

– 3. Esta nueva fase requería un nuevo paradigma histórico. Cierto, ahora ya no podía ser tan “totalitario” como antes; de hecho, el paradigma franquista estaba ya en ruinas. El “nuevo régimen” no podía reconocer la II República sin cuestionar el ejército (que todavía en 1986 escribía su propia historia en clave franquista con prólogo de Narcís Serra, actualmente jerifalte de las Caixas), y la Iglesia (que tuvo con Wojtyla un ferviente defensor de lado “católico” del franquismo)…No se podía defenestrar a Franco sin tocar al monarca (quien no permite que se hable mal del Caudillo en presencia suya), además, la “modernidad” pasaba por encima del un pasado en el que la memoria incluía los años de miseria, el miedo y la represión. Al PSOE esto le vino al dedo, el pasado le servía como refrendo de izquierdas de antes de la guerra, algo que pudo encauzar institucionalmente con fundaciones como la Pablo Iglesias. Además, el pasado reciente le acusaba: ¿dónde habían estado? En cuanto al PCE-PSUC,  también tenía sus historias para olvidar, un pasado de liquidaciones y expulsiones ligadas al estalinismo (así, desde  Gregorio Morán publicó su atestado, Miserias y grandezas del Partido Comunista de España, 1939-1985, en 1986, todavía está esperando que alguien le responda)…Esta adaptación del aparato no habría sido posible sin el peso de las tradiciones jerárquicas que tuvieron su justificación en los años de mayor clandestinidad. De esta manera, los movimientos sociales que estaban recomponiendo, entraron en abierta crisis. 

– 4. Se puede decir que el “pacto del silencio” fue un pacto de vergüenza y conveniencias en la que la primera víctima fue la República, y la segunda, la resistencia antifranquista. Se ha querido ocultar, pero de tal manera que Javier Tusell, uno de sus principales valedores, podía negarlo mientras achacaba a Alfonso Guerra la irresponsabilidad de montar una exposición sobre el exilio, y eso que dicha exposición fue presidida por Juan Carlos I…De hecho, el propio PSOE llegó a darse cuenta que habían cedido demasiado, y que estaban perdiendo la batalla identitaria derecha-izquierda que les había funcionado antes. En ese contexto tiene lugar una cierta recuperación del republicanismo (rehabilitación de Negrín), y la “Ley sobre la Memoria Histórica” que recogía aspectos parciales del movimiento memorialista, pero que se quedaba en eso, en lo que podía permitir la derecha. 

-5. Se ha querido justificar todo esto, con el argumento de que Franco había muerto en la cama, y está claro que el hecho peso lo suyo ya que detrás dejó los aparatos represivos del régimen prácticamente intactos.  Sin embargo, Mussolini no murió en la cama, y la cultura de la Resistencia pesó en Italia, por lo menos hasta el Novecento, de Bertolucci. Aún y así, no parece que la situación de la “memorias popular” italiana goce de mejor salud que la nuestra, más bien al contrario. ¿Por qué?, pues ha pasado la  restauración neoliberal que vendría como agua de mayo para la derecha neofranquista, y que también se impondría en el PSOE. El neoliberalismo reinante ha desplazado el meridiano de la izquierda (anticapitalismo), al anticomunismo, llevándose también por delante el antifascismo. Desde luego, esto no hubiera sido posible sin el previo descrédito total del “socialismo real” y  de sus groseras falsificaciones…

– 6. El “nuevo régimen” nacía –necesitaba- pues, bajo nuevos parámetros históricos. Una vez la izquierda renunció al socialismo y la democracia plena (que fueron señas de identidad básica en la clandestinidad), por la democracia liberal, concretamente ésta, la única posible, resultó que Fraga era un padre de la patria, que Aznar es la derecha civilizada, y el PSOE, la única izquierda posible…Fuera quedaba la desestabilización. El referente histórico ya no eran Octubre y la experiencia soviética, sino la “democracia” americana. La izquierda institucional y mediática hizo suyo el canon Soljenitsin sobre tal cuestión, y el comunismo fue puesto contra las cuerdas. Esto no sucedió mediante una victoria en el debate teórico, en los años sesenta-setenta, la izquierda cultural logró aportaciones y avances muy considerables en todos los terrenos, incluyendo el ajuste de cuentas contra el estalinismo. Pero este escenario fue ninguneado, sobre todo porque las viejas redes sociales reivindicativas entraron en crisis: los diarios, revistas, editoriales, foros. Conversando con un viejo colega con el que había dado más de una charla sobre la revolución de Octubre en clave antiestaliniana, le dije, ¿pero tu sabes que todo eso que dicen es mentira? Su respuesta fue: “Bueno, pero es lo que hay hacer ahora. Cuando volváis a ganar volveremos a decir lo mismo que antes”. Con la Transición, la izquierda operó este cambo en la percepción histórica. Se trataba de ajustarse a la nueva ideología dominante en su desarrollo específico por estos lares.  

– 7. Eso último y no otra cosa fue lo que ocurrió con la historia social, la crisis de los años treinta y la resistencia antifranquista…Quedaron sacrificadas por la historia oficial que ahora tocaba: había que mirar hacia adelante y no hacía atrás.  Teníamos por delante Europa, y la buena vida, esto por no hablar de otras cuestiones, por ejemplo, el abandono del POLISARIO por parte del PSOE después de un intervención de don Juan, o el menosprecio generalizado hacia el “tercermundismo”, etc. La correlación de fuerzas había dado un vuelco, también en la “guerra de las interpretaciones”…Desde este punto de mira, el llamado “revisionismo” (palabra infeliz donde las haya, la historia siempre será revisión, lo mismo que lo es una película o una novela cada vez que la vemos o la leemos), es la historia escrita por encargo de la derecha aquí y ahora, en tanto que el “revisionismo” de izquierdas…Es el revisionismo que hace que la izquierda lo sea de la derecha, sin fines propios. Esto significaba abandonar la historia social. El movimiento obrero histórico fue interpretado en clave del presente, como el área de servicio, el pariente pobre de la democracia con funcionarios dedicados a “negociar” sin movimiento. En este cuadro, la memoria de la izquierda institucional tenía como horizonte la derecha republicana en línea de la ”tercera España”. La misma que estaba por “encima” de los “totalitarismos” de derecha y de izquierdas. Por supuesto, este esquema se puede matizar, el centrismo historicista es un totalitarismo en los medios, no con una  torpe disciplina estricta. Los Santos Juliá y compañía representan a las instituciones, y a los medias orgánicos como El País. 

8. Es desde este punto de mira, y no desde el de la investigación, desde donde quieren mirar. El historiador en plantilla escribe sobre la memoria histórica como dictan las editoriales de su periódico que, además, publica y publicita su obra. Pueden ser historiadores, pero dicen lo mismo cuando son escritores en plantilla: Fernando Savater, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, etcétera. Sus trabajos están orientados a la recuperación del lector de izquierda,  para llegar donde quieren llegar: a los pies de la Coronas. Como sucede en la vida política y económica, esta orientación “superadora” tiene una base fundamental de coincidencias con la derecha, y con los otros emporios mediáticos, con la historiografía oficialista representada por ejemplo, los convergentes, la derecha neoliberal (Fernando García de Cortázar, Stanley Payne,  Bartolomé Benassar, etc), pero todos coinciden en lo mismo…La adopción de los parámetros de la historia oficial no tiene porque anular unas posibles capacidades y trabajos como investigador, a veces ocurre, -y Santos Juliá es un buen ejemplo-, que sus obras, o a al menos algunas de ellas, pueden contradecir su narración como tribunalista oficioso”.

-9. La diferencia  actual con las dos últimas décadas del siglo XX, las más agobiantes del dominio “oficialista”, radica –básicamente- en lo siguiente: a) un sector cada vez más amplio de la población  se ha olvidado de los miedos y de las prudencias y se ha puesto a trabajar por desenterrar sus muertos (más la verdad y la justicia); b) un grupo amplio de historiadores que raramente publican en los medias institucionalizados ni tienen soporte mediático, han desarrollado una labor de campo en base a la reconstrucción fidedigna de los hechos y de los datos, situando la “guerra de las interpretaciones” en otra dimensión…, y c) han surgido otros medios alternativos (como Kaosenlared.net y otros) animados por las nuevas generaciones, que han desbloqueado aunque sea parcialmente aquello de que si no sale en El País es que no existe…Esta nueva realidad ha reavivado también nuevas experiencias de revistas, editoriales, ámbitos sociales y universitarios, e incluso ha ampliado el espectro de los media que, aunque sea solo en parte, abren sus páginas a las verdades no establecidas…

-10. Esta nueva situación es coincidente con una crisis económica, social y ecológica generalizada, o sea con un nuevo ciclo histórico y con la emergencia de una nueva generación de izquierda que se está fraguando más lentamente de lo que quisiéramos, pero más rápido de lo que cabía pensar ayer mismo. Lejos quedan por lo tanto, los grandes miedos, se han vaciado los márgenes de una integración que permitían creer que para prosperar había que pensar “correctamente”, y se está creando una nueva visón de la historia en oposición la “historia oficial” con sus diversos matices…  

*Militante de Izquierda Anticapitalista

 

http://www.anticapitalistas.org/node/5539

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