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El holocausto también se alimentó de mallorquines

diariodemallorca.es, | 10 septiembre 2010

Jaume Rebassa, prisionero 32.582. El comandante de la guardia urbana de Palma murió en un campo de trabajos forzados nazi

 

 

. OLAIZOLA. PALMA. El comandante de la guardia urbana de Palma murió en el campo de trabajos forzados nazi de Dora tras varios confinamientos en Italia.

Mallorca tampoco pudo sustraerse a la barbarie y sinrazón desatada tras el alzamiento militar franquista contra el Gobierno de la II República. En este periodo convulso, nueve mallorquines abandonaron la isla huyendo de la represión a bordo de un precario llaüt y uno de ellos, el más significado políticamente, tras negarse a regresar a un país regido por un régimen rencoroso donde sólo le esperaba la muerte, acabó sus días en el campo de trabajos forzados de Dora, apéndice exterior del centro de concentración de Buchenwald. Esta es la historia de Jaume Rebassa i Garcies, un mallorquín devorado por la maquinaria del holocausto nazi.

“Mi abuelo nació en Palma un 3 de enero de 1889. Quizá fuera el día dos, hay dudas al respecto porque los registros civiles funcionaban en esa época de aquella manera. De profesión zapatero, fue un autodidacta que cultivó con esmero una sólida formación intelectual”, se ufana su nieto del mismo nombre, Jaume Rebassa.

Muy inquieto en una época de grandes cambios y agitaciones sociales, se afilió al Partido Socialista, formación en la que ocupó varios cargos. En 1926 fue nombrado secretario general del sindicato UGT. También ocupó el secretariado del la sociedad obrera La Igualdad y de la Federación de las Sociedades Obreras. Su espaldarazo institucional llegó en abril de 1931 cuando, con la proclamación de la II República, formó parte de la comisión gestora del ayuntamiento de Palma que sustituía al antiguo consistorio monárquico.

Fruto de este trabajo, fue designado como comandante de la guardia urbana de Palma, apunta Antoni Gorrías, archivero de la Policía Local de Palma. “Fue el primero que organizó ejercicios teórico-prácticos para los nuevos agentes de la guardia urbana. En realidad, organizó la primera escuela de policía que se creó en esta comunidad. En aquellos tiempos de gran analfabetismo se enseñaba a los agentes las primeras letras, a escribir para poder redactar los informes. También en este periodo se unifican los criterios para hacer las denuncias y los atestados”, explica Gorrías.

El gusto por las letras de Jaume Rebassa se manifestó también con su vinculación al periodismo social y combativo de aquellos años. Dirigió el semanario El Obrero Balear y el diario Antorcha en el año 1936. Por eso, el 18 de julio de ese mismo año, tras la adhesión de los militares destinados en Mallorca a la rebelión franquista, su situación se tornó insostenible de la noche a la mañana.

“Abandona el hogar familiar dejando a su mujer Catalina y a sus hijos Antònia, de 20 años, Jaume, de 15, y Felip, de cuatro años, y se esconde en las casas de varios de sus amigos, aunque más tarde optó por volver a su hogar, donde permaneció más de un año encerrado en un zulo con grandes dificultades para ver a su familia. Varias veces fueron a buscarle pero mi abuela Catalina no se salió del guión: su marido se había ido a las Olimpiadas populares que se celebraban en Barcelona antes del golpe y desde entonces nada sabían de él”, revela el nieto.

De esta manera sobrevivió durante toda la duración de la guerra civil, pero el clima en la isla ya era irrespirable tras el triunfo del bando golpista. Decide huir de la isla por mar junto a otras ocho personas que no tenían futuro en la nueva España que empezaba a emerger tras la vorágine de sangre de la guerra civil.

Aunque es un hecho conocido, merece la pena recordar quienes fueron sus compañeros de viaje: Jaume Matas, abuelo del ex president del Govern, y dos de sus hijos, Joan y Josep, tíos a su vez del que más tarde se haría con las riendas del PP balear. El propio padre de Matas y otra tía no se embarcaron porque eran muy pequeños. También acompañaban a Jaume Rebassa, Miquel y Tomeu Bauçà, dos primos originarios de Andratx así como otros dos amigos de éstos de la misma localidad, Antoni Barceló y Santiago Coll. Completaba el grupo Joan Vallcaneras, vecino de Palma.

“Simularon que habían organizado una pescada en Camp de Mar y el 19 de agosto de 1939 partieron a las nueve de la noche desde Cap d´Andritxol a bordo del llaüt San José de seis metros de eslora que habían adquirido en el Portixol a un tal señor Verger. Como no podía ser de otra manera, al día siguiente del inicio de la singladura, el 20 de agosto, el motor de la barca se paró para no funcionar más y quedaron a la deriva en la cercanías de Cabrera. Su intención era llegar a Argel para, desde allí, intentar exiliarse en América”, explica Jaume Rebassa.

La mala suerte volvió a su encuentro en forma del barco Madame Butterfly que los fugados, precisamente por su nombre, pensaron que se trataba de un carguero británico. Y sin embargo, era italiano.

Los acogieron y, sin variar su rumbo, fueron a Italia donde el 23 de agosto recalaron en el puerto de Civitavecchia y dos días más tarde eran trasladados a la prisión de Regina Coeli en el centro de Roma. “Visité este centro penintenciario, que en la actualidad es una cárcel de presos comunes cuando antes había albergado presos políticos, para ver si guardaban algun documento que certificara la estancia de mi abuelo en esas fechas. Me recibieron con mucha cautela, por temor a posibles reclamaciones, y me dijeron que toda la documentación se había perdido en un incendio, cosa que más tarde descubrí que no era cierta”, explica el nieto del protagonista de esta historia.

Los nueve mallorquines permanecieron en Regina Coeli casi un año hasta que el 18 de agosto de 1940 los trasladaron a la localidad de Gaeta para que desde allí, a bordo del barco Santa Lucía, los dejaran en Ventotene, una pequeña isla de 1,54 kilómetros cuadrados. “Era una colonia de confinamiento para presos políticos en régimen abierto. No hacían trabajos forzados y no había forma posible de escaparse de ese islote de 2,7 kilómetros de largo. Mi abuelo coincidió ahí con otro preso político que luego alcanzó una gran celebridad: Sandro Pertini, el séptimo presidente de la República italiana”, continúa Rebassa relatando el azaroso periplo de su familiar.

“Permanecieron allí hasta el 3 de agosto de 1943. Los llevan de nuevo a Gaeta y de allí en tren hasta el campo de concentración de Renicci, cerca de Anghiari, un centro situado al noroeste de Italia que albergó a más de nueve mil personas. Aquí estuvieron poco más de un mes porque el 11 de septiembre, con Mussolini en franca retirada por el avance del ejército aliado, los militares que custodiaban el campo huyen dejando las puertas abiertas de par en par”, explica Rebassa.

Los presos mallorquines se desplazan hasta la estación de tren de Anghiari. Eran ocho de los nueve que habían partido cuatro años antes desde Andratx porque Josep Matas había fallecido, posiblemente a causa de una tuberculosis. Cuatro de ellos –Jaume y Joan Matas, Antoni Barceló y Joan Vallcaneras– cogieron un tren y llegaron a Barcelona desde donde regresaron a una Mallorca en la que ya se había suavizado la represión franquista. Santiago Coll se exilió en Cuba y los primos Bauçà se quedaron en Italia, Tomeu en Taranto y Miquel en Milán.

No se sabe muy bien qué es lo que pasó con Jaume Rebassa en esos momentos. Su nieto aventura una posibilidad: “Presionado por los carabinieri y descartando la posibilidad de volver a su patria donde sólo le esperaba un pelotón de fusilamiento, era el más significado políticamente, regresa al campo de concentración y allí se le pierde la pista”.

Rebassa recurrió a Elena Rodríguez, una investigadora de Memoria Histórica, que fue la que encajó las piezas finales de este puzzle histórico. “Un mes después, el 8 de octubre de 1943, mi abuelo llegaba al campo de concentración de Flossenbürg conducido por miembros de la Gestapo de Nuremberg. Allí le adjudicaron el número de distribución 6.031. Doce días después, el 20 de octubre, entra en el campo de Buchenwald donde ya le tatúan en el antebrazo el que sería su número definitivo, el 32.582”, sigue el nieto.

Lo mantuvieron ahí hasta darle un destino, que no fue otro que el campo de trabajos forzados de Dora, situado a unos cien kilómetros de Buchenwald, donde los presos excavaban los túneles en los que los alemanes fabricaban a salvo armamento militar como los cohetes V2, primer misil balístico del mundo usado por la Alemania nazi para provocar la mayor devastación posible en Londres.

Rebassa llegó a Dora el 27 de octubre donde, con casi 55 años de edad, no sobreviviría a los trabajos forzados más de dos meses. “Según documentos del campo de Buchenwald, porque los alemanes lo registran todo, falleció el 24 de diciembre de 1943 por una demolición, derribo del cráneo”, concluye su nieto, que todavía no descarta solicitar algún reconocimiento al ayuntamiento de Palma para un servidor represaliado por ostentar un cargo público, por una vida y unos recuerdos hurtados, por un vacío que no se ha podido llenar. Por una ausencia provocada por defender otras ideas.

http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2010/09/05/jaume-rebassa-prisionero-32582/600399.html