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Paisaje con memoria

Diario Vasco, | 1 septiembre 2010

Recuperada parte del frente que contuvo el avance de las tropas nacionales entre los meses de octubre de 1936 y abril de 1937

 

Un recorrido por los Intxortas, que durante casi siete meses, jugaron un importante papel en la Guerra Civil en Euskadi. Recuperada una parte del frente que contuvo el avance de las tropas nacionales entre los meses de octubre de 1936 y abril de 1937

24.08.10 – 02:00 –

NEREA AZURMENDI | ELGETA.

 

Transcurridas más de siete décadas desde que los últimos gudaris y milicianos que habían defendido los Intxortas, finalmente derrotados, abandonaron sus posiciones, es prácticamente imposible imaginar cómo fueron los siete meses en los que la estabilidad de ese frente condicionó la evolución de la Guerra Civil en Euskadi.

A pesar de la dificultad del ejercicio, una iniciativa conjunta del Ayuntamiento de Elgeta y la asociación ‘1937 Intxorta Elkartea’ ayuda desde el pasado mes de mayo a hacerse una idea de qué sucedió en plena Guerra Civil en las inmediaciones de los tres montes de poco más de 700 metros que conforman los Intxortas. Una exposición permanente en Espaloia Kafe Antzokia de Elgeta, un itinerario convenientemente señalizado y la reconstrucción de una pequeña parte de las trincheras que jugaron un papel decisivo en aquel episodio bélico son los medios que han puesto los promotores de la iniciativa a disposición de todos los interesados en conocer mejor esa parte de la historia.

En los primeros días de agosto, una visita guiada organizada por Turismo Debagoiena permitió a 30 personas completar un recorrido de tres horas con la ayuda de un guía. El próximo domingo se repetirá la visita, pero no parece fácil sumarse a la misma, ya que no sólo está cubierto el cupo de participantes, sino que existe incluso lista de espera.

Los Intxortas

Pese a que, probablemente para justificar el poco éxito que el general Mola tuvo en sus primeros intentos de romper el frente republicano, el NODO calificaba a los Intxortas de «crestas imponentes» y, para enmascarar una retirada, von Richthofen dejó escrito que «los Inchortas son verdaderas fortalezas», los tres montes que componen el trío no destacan por su altura.

Sí lo hacen, sin embargo, por la estratégica posición que ocupan y por el uso que hicieron de esa circunstancia los gudaris y milicianos que, en clarísima inferioridad numérica y en una inferioridad de medios materiales aún más clara, contuvieron durante siete meses el avance de las tropas nacionales, mayoritariamente integradas por tercios de requetés navarros, que contaron con la inestimable colaboración de la artillería italiana y la de la escuadrilla de bombarderos y cazas alemanes de la Legión Cóndor, asi como con la ayuda de varios regimientos de tropas marroquíes.

Para comprender la importancia que tuvo el enclave hay que tener en cuenta que a lo largo del verano de 1936 la mayoría de Gipuzkoa estaba ya en manos de las tropas franquistas, cuyo principal objetivo era, a partir de ese momento, Bilbao, donde se había constituido el Gobierno Vasco. Como lógica contrapartida, el interés principal de las fuerzas leales a la República era proteger Bilbao e impedir a las tropas nacionales que ya se habían adueñado de Gipuzkoa el paso hacia la capital de Vizcaya. En consecuencia, su prioridad fue construir una extensa línea de defensa que trataba de blindar el paso entre los dos territorios.

De esa estrategia formaba parte principal el frente de Eibar y Elgeta, al que se refiere con todo detalle Jesús Gutiérrez en su libro ‘La Guerra Civil en Eibar y Elgeta’, editado por los ayuntamientos de ambas localidades hace unos años. Ajustando todavía más el foco, el epicentro puede situarse en los Intxortas, el lugar que dio nombre a la batalla final, la zona en la que se ha recreado con gran verosimilitud una pequeña parte del las trincheras que ayudan a retroceder en el tiempo.

Siete meses

Cualquier libro de historia que preste atención al tema -así como la placa que recuerda el episodio ‘in situ’- pondrá de relieve que el frente de Eibar y Elgeta contuvo el avance de las tropas nacionales entre el 4 de octubre de 1936 y el 24 de abril de 1937. La fecha inicial coincide con el primer intento del general Mola, con base en Bergara, de romper un frente recién establecido cuyos defensores no destacaban, en aquellos incipientes momentos, ni por su organización, ni por su pericia ni, mucho menos todavía, por su poderío militar. Sorprendentemente, sin embargo, los primeros embates de Mola fueron rechazados, y los estrategas del bando nacional decidieron centrar todos los esfuerzos en tomar Madrid, no sin dejar convenientemente establecido su propio frente prácticamente al par del republicano.

Tan al par que, como relata Gutiérrez en el libro ya citado, en ocasiones no había ni 100 metros entre ambos, de modo que eran habituales las charlas entre los ocupantes de las trincheras enemigas. «En muchos casos se gritaban de trinchera a trinchera e incluso se conocían por la voz y personalmente», apunta, recogiendo testimonios tan chocantes como la siguiente conversación: «Rojos, hemos tomado Málaga», lanzaba un nacional; «Podíais tomar Valencia, a ver si nos dan tanto arroz», respondía un ‘rojo’.

Pero la situación no tuvo nada de cómico a lo largo del invierno de 1936 -un invierno especialmente duro-, en el que el frente estuvo prácticamente quieto, en «una guerra de posiciones muy estática en la que apenas hay movimientos». La artillería y los francotiradores no daban tregua, pero tampoco se registraban escaramuzas de especial gravedad. En ese relativo tiempo muerto -en el que se detecta en los Intxortas la presencia de numerosos batallones de gudaris (Otxandiano, Muñatones, Kirikiño, Martiartu…), socialistas, anarquistas…- ya se percibían malos presagios. Por esa razón, sirvió entre otras cosas para que aquellas milicias se organizaran de manera más eficaz, para que su equipamiento mejorara un poco y para que sus posiciones mejoraran bastante gracias a las modificaciones que introdujo en la configuración de las defensas el comandante de gudaris Pablo de Beldarrain, cuyo batallón, el Martiartu, quedó a cargo de los Intxortas.

Bombardeos y derrota

Uno de los objetivos de Beldarrain a la hora de cambiar la disposición de las trincheras -parte de las cuales son las que se han rehecho en sus ubicaciones originales- era evitar los efectos de los bombardeos masivos, una táctica que las escuadrillas de aviones alemanes empezaron a ensayar a finales de marzo sobre unas posiciones que apenas tenían unas pocas piezas de artillería pesada y carecían por completo de defensas antiaéreas.

Una de esas piezas resultó emblemática y dio nombre a un lugar que supuso prácticamente el último punto de resistencia. Se trataba de ‘la belga’, una vieja ametralladora que habían traído consigo al comienzo de las hostilidades unos internacionalistas belgas que desaparecieron como habían aparecido pero dejaron la pieza, que fue vital por la ubicación que le dieron. Esa es, precisamente, la zona recuperada y visitable, la que permite empezar a intuir cómo y por qué, con medios tan escasos, milicianos y gudaris hicieron frente a un ejército mucho más numeroso y abrumadoramente mejor equipado.

Aunque los ataques de la aviación y la artillería fueron implacables a partir del 20 de abril, los intentos de la IV Brigada de Navarra por tomar los Intxortas fueron contenidos por milicianos y gudaris que se encontraban en una situación francamente complicada y que en un sólo día llegaron a tener más de 100 bajas mortales. Entre los atacantes también fueron numerosas las bajas. El ataque definitivo, en cualquier caso, llegó el día 24 de abril, pero no por donde se esperaba, sino por la retaguardia. El frente cayó, las tropas de Mola -que tuvieron 48 horas de ‘carta blanca’ con las previsibles consecuencias- entraron en Elgeta y los Intxortas se convirtieron en historia. Una historia que se puede revivir ahora en el lugar de los hechos.

http://www.diariovasco.com/v/20100824/al-dia-local/paisaje-memoria-20100824.html