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Contra el asedio del silencio

Málaga Hoy, 17.10.2010 | 18 octubre 2010

El empeño del hijo de un carabinero fusilado en 1937 por encontrar la fosa de su padre abre la memoria oculta en Alfarnatejo

 

Encarna Maldonado / Alfarnatejo

El empeño del hijo de un carabinero fusilado en 1937 por encontrar la fosa de su padre abre la memoria oculta de la violencia en la guerra y en la posguerra en Alfarnatejo.

Pepe Alba tenía 18 años el día que se atrevió a romper la frontera personal, invisible y hasta entonces infranqueable que separaba Colmenar de Alfarnatejo. Aquel día condujo a bordo de su Montesa los 19 kilómetros que separan ambos pueblos para avisar a sus familiares de la muerte de su abuela materna. Era la primera vez que pisaba el suelo en el que su padre, el carabinero Salvador Alba, había sido fusilado y enterrado clandestinamente el 18 de febrero de 1937. “Mi recuerdo es una ráfaga”, una imagen desdibujada, casi improbable grabada en la mente de un bebé de 11 meses. “Era muy chico, estaba en la cuna y recuerdo a mi padre como una ráfaga. Había estado de servicio y venía a verme… Yo estaba allí, en la cuna”. En realidad la imagen paterna la ha labrado a partir del relato oral que a duras penas ha logrado abrirse camino a través de la losa del silencio y del olvido que impusieron 40 años de dictadura. “Mi madre nunca hablaba. Sólo decía que lo habían matado en Alfarnatejo. Poco más”.

Creó su memoria con los retazos que arrancó a hurtadillas desafiando la regla no escrita de cuanto menos se sepa y menos se hable, mejor. Así supo que su padre, tras licenciarse en la Guerra de África con el grado de sargento ingresó en el cuerpo de Carabineros y tras pasar por Algeciras, Marbella y Málaga llegó al cuartel de Colmenar. Allí le sorprendió el golpe de Estado y la rápida entrada de los italianos que, sin apenas resistencia, tomaron el norte de Málaga en su marcha hacia la capital que seguía fiel a la República.

Los Alba habían sido una familia reconocida en Alfarnatejo, donde su tío, Miguel Alba, fue alcalde y su abuelo juez de paz. Ambos fueron fusilados en el cementerio de San Rafael de Málaga. “Mi abuelo materno le advirtió que la situación era delicada para él, pero mi padre pensaba que como él no había tenido ningún protagonismo no tenía nada que temer y se presentó”, o sea se puso a disposición de las fuerzas golpistas que se habían hecho con el mando de Colmenar. Junto a él se entregó también el brigada del puesto Francisco López. Salvador Alba tenía 39 años, tres hijos nacidos, la mayor de seis años y el cuarto de camino, y Francisco López 50 años.

Sin embargo, todo se torció. La familia tiene la sospecha de que un pariente delató a Salvador Alba. Lo cierto es que el carabinero y el brigada fueron recluidos en el cuartel de Colmenar y trasladados una noche a Alfarnatejo junto a Fernando Conejo, un recovero de Riogordo de 19 años que se ganaba la vida comprando y vendiendo por los cortijos. Los tres fueron fusilaron un poco antes de llegar al pueblo. Los enterraron en una fosa común en el cementerio, “pusieron hasta un vigía para que nadie se acercara y pudiera contar dónde estaban los cuerpos”. “Y así estuvieron 40 años, sin que nadie se atreviera a decir nada hasta que murió Franco”. Sólo había oído que por las noches había quienes tiraban flores por encima de la tapia del cementerio.

Pepe Alba, que de niño desviaba a los presos recluidos en Colmenar los bocadillos que su madre hacía para vender a los soldados y que en 1957 ingresó en el Partido Comunista, volvió a Alfarnatejo a la muerte de su madre. Quería saber dónde estaba su padre enterrado, pero “era tanto el miedo y el silencio que nadie contaba nada”. La Asociación contra el Silencio y el Olvido y por la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga recogió el testimonio de la familia y gestionó con el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía los permisos para tratar de localizar la fosa de Salvador Alba. El 10 de octubre del año pasado realizaron un sondeo, dirigido por el arqueólogo Andrés Fernández, con resultado negativo. Sin embargo, el Ayuntamiento, que tenía en curso el traslado de los enterramientos del antiguo cementerio al nuevo, encargó al equipo técnico la exhumación de todos los restos. “En un pueblo pequeño un cementerio es casi tabú. Su traslado o se hace con mucho cuidado o hay problemas”, resume el alcalde, Antonio Benítez (PSOE). La mejor fórmula era, por tanto, utilizar las técnicas arqueológicas del grupo que dirigía Andrés Fernández para exhumar los restos de un recinto que data de finales del siglo XIX, en el que se habían sobrepuestos enterramientos.

El equipo estaba en junio de este año desmontando el cementerio por sectores cuando encontraron bajo la sepultura de un matrimonio restos humanos “en una disposición tal que se veía claramente que habían sido arrojados. Vimos que uno de los cráneos tenía un impacto de bala y pensamos que eran el carabinero Salvador Alba y el brigada Francisco López, pero un vecino del pueblo nos dijo que no, que eran dos hermanos de Alfarnate”, explica el arqueólogo Andrés Fernández. De nuevo la memoria oral se ponía en marcha. De acuerdo con los estudios realizados a partir de estos relatos, el equipo ha establecido que estos cuerpos son los de los hermanos Manuel y Francisco Robledo, Los Postemas, de 18 y 40 años. Les aplicaron la ley de fugas y los mataron por la espalda en diciembre de 1949 por avituallar a la partida El Candiles, que lideraba el maquis en estas sierras hasta cayó en el cortijo El Cuartillo, en Riogordo.

A medida que el cementerio se desmontaba la memoria clandestina ha ido se ha ido abriendo paso. Juan Peñuela tiene 86 años. Era un crío cuando, en 1936, los milicianos fusilaron a Los Garabatos en el cortijo El Jovo. Al parecer los milicianos quisieron requisar a estos hermanos de Loja (Granada) el ganado que guardaban en la finca arrendada para, en una suerte de redistribución de la riqueza, llevarlo al economato que habían instalado en la iglesia del pueblo. Juan ha guardado silencio durante 74 años. Al equipo le habían contado que Los Garabatos habían sido fusilados pero no sabían dónde podían estar. Le preguntaron a este octogenario de vitalidad arrolladora pero negó saber nada. Poco después, sin embargo, señaló el sitio en el que estaba la fosa: en el exterior del cementerio, junto a la tapia. Y allí el equipo de Andrés Fernández encontró los restos de Los Garabatos convirtiendo la intervención arqueológica de Alfarnatejo en la primera de España en la que salen a la luz la violencia de la guerra, ejercida por los dos bandos, y la opresión posterior.

Rafael Molina, que desde hace dos años trabaja como voluntario para la Asociación contra el Silencio y el Olvido, matiza, no obstante, que “para los milicianos los crímenes fueron algo coyuntural, mientras que durante el franquismo los crímenes fueron algo estructural”. Puestas al descubierto estas dos fosas y con el cementerio prácticamente desmontado, el desánimo había comenzado a cundir. Los restos de Salvador Alba seguían sin aparecer. “Sólo quedaba una pequeña zona sin excavar, apenas a dos metros de donde hicimos el sondeo arqueológico negativo. Nos decían que allí habían enterrado a unos marroquíes fallecidos en los 80 en un accidente de tráfico. Empezamos a excavar y, efectivamente aparecieron estos cuerpos, pero debajo encontramos otros tres entremezclados”. Por sus características morfológicas todos los indicios apuntan que se trata de Salvador Alba, Francisco López y Fernando Conejo.

Setenta y tres años después de que fuese fusilado el carabinero de Colmenar, Pepe Alba llora. Comienza a cerrar su prolongado duelo. Dice que la Ley de la Memoria Histórica ha sido “una gran victoria para nosotros, las familias, pero también para la democracia”. Ahora lo que pide es que “se lleve a los colegios para que se sepa lo que es una guerra civil, de hermanos contra hermanos”.

Los cuerpos han sido trasladados al nuevo cementerio de Alfarnatejo y el Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Málaga ha comenzado a tomar las primeras muestras para realizar las identificaciones genéticas. Además, la asociación está tratando de localizar a los familiares de Los Garabatos y del recovero de Riogordo para informarles del hallazgo y ofrecerles la opción de las pruebas de ADN. Hasta ahora sólo se han negado los familiares de Los Postemas, los milicianos que ayudaban a los hombres de la sierra que en plena represión luchaban contra la dictadura comandados por El Candiles.

http://www.malagahoy.es/article/malaga/814103/contra/asedio/silencio.html