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Menasalbas, un ejemplo de las fosas que el Estado no se atreve a abrir

Enriqueta De la Cruz. "El Otro País", nº 53 septiembre 2010 | 15 octubre 2010

16 republicanos asesinados en 1939, rescatados por la Federación Estatal de Foros por la Memoria y los voluntarios

 

En el número de septiembre (53) del periódico hay un amplio reportaje de la exhumación de Menasalbas, elaborado por Enriqueta De la Cruz, y con fotografías de Xulio G.Bilbao. Ya se puede descargar desde su web. El reportaje va de la página 16 a la 18

http://elotropais.com/images/PDF/El%20otro%20pais%20septiembre%202010.pdf

 

Este verano, pasadas las nueve de la noche del 24 de julio, 71 años después del crimen fascista, los familiares de las víctimas de la Fosa número uno de Menasalbas (situada en la tapia exterior del cementerio), colocaban por primera vez coronas de flores a los suyos: 16 víctimas, dos de ellos menores. Al otro lado de la tapia destacaban las cruces de las tumbas donde cada noviembre los vecinos de esta localidad toledana tuvieron la oportunidad de colocar sus ramos dando la espalda a esa otra realidad estremecedora con la que convivían, esa injusticia, esa fosa que nadie, hasta ahora, se había atrevido a señalar. El gesto valiente partía de un héroe anónimo, Eusebio Riega, la coordinación y trabajos los realizaba la Federación Estatal de Foros por la Memoria, el esfuerzo lo ponían también cerca de un centenar de voluntarios, y Menasalbas se convertía en otro ejemplo de lo que el Estado debe hacer y no hace.

 

Cuando la Federación Estatal de Foros por la Memoria y los voluntarios que siempre logra aglutinar en la honrosa tarea que se ha impuesto, se ponen a arañar la tierra en cualquier punto de la geografía española, eso significa que se va a rescatar la memoria entera (y no sólo los huesos) de los demócratas españoles que defendieron la II República española (régimen legal), fueron asesinados, y aún siguen tirados en las cunetas y fosas comunes. Justo lo que el Estado aún no se atreve a hacer, lo que para muchos es vergonzoso. Porque la opinión extendida entre los expertos nacionales e internacionales conocedores de la magnitud del problema es que éste es un asunto de Estado. Es la asignatura pendiente de este país, único entre las democracias mundiales que aún no ha roto completamente con su pasado de fascismo y dictadura. No existe una condena clara y rotunda de todos los partidos políticos y la propia Ley de la Memoria Histórica es timorata en el papel que asigna a las administraciones (de simples colaboradoras), y parece excusarse, ya desde su preámbulo, en dicha condena.

Todos los años se conceden subvenciones para que sean otros, asociaciones privadas de familiares y voluntarios, quienes se ocupen del rescate de los restos. El Ejecutivo evita ponerse al frente, lo que precisamente exigen las familias de las víctimas, mientras que se reserva el papel de árbitro o censor y bloquea iniciativas como la del rescate y traslado de los restos robados por el franquismo y trasladados al lado de sus verdugos al Valle de los Caídos. (Pese a los compromisos previos, el Ministerio de Presidencia ha denegado finalmente la subvención a este proyecto presentado por los familiares).

Dado que en todos los pueblos de España al menos hay una fosa común y ni siquiera se conoce con exactitud el número víctimas desaparecidas del Terror, del golpe de Estado y la Dictadura, se puede comprender que se tardarían varias generaciones a este paso y con este procedimiento, para dar con todos, lo que desvela una falta de voluntad política, cuando no una actitud a favor de obstaculizar la tarea. El único censo nacional de desaparecidos que existe, el de las asociaciones que se han puesto a la tarea, habla de 133.708. Pero pueden ser muchos más. Son, en cualquier caso, miles de fosas, decenas de miles de personas en cualquier camino, en cualquier campo.

Basta saber, para darse cuenta de la magnitud, que el primer mapa de las fosas publicado recientemente habla de 1.850 localizadas en las ocho comunidades donde gobierna la izquierda, que son las únicas dispuestas por el momento a ofrecer datos al Gobierno. A las demás comunidades se les tolera el silencio. También hay que tener en cuenta que en ciudades como Valencia, Badajoz, etc. lo que se ha hecho es enterrar estas fosas bajo edificaciones, parques públicos, etc. que oculten aún más la historia. O que aún existen movimientos especulativos de otros lugares a sabiendas de que han sido campos de concentración, por ejemplo. El presidente de la Federación de Foros, José María Pedreño, estima que más del 30% de estos enterramientos se han perdido en los 71 años transcurridos desde el final de la Guerra.

Además, los fondos destinados no dejan de ser el chocolate del loro del gasto nacional. Y no todo va a fosas, ni es suficiente. Por ejemplo, este agosto se publicaba a bombo y platillo que el Ejecutivo duplica los fondos para las fosas del franquismo. El reparto provisional de 5,7 millones de euros en subvenciones van a 189 proyectos de memoria histórica, pero sólo 54 de ellos están relacionados con fosas comunes. Lo que les corresponde es 2,2 millones, es decir, sí, el doble que el pasado año, pero los 60.000 euros de tope anuales para los proyectos no cubren en muchas ocasiones los costes. De los 613 proyectos financiados en los últimos cinco años, 139 tenían relación con las fosas.  

 

Un verano diferente para muchos españoles

Una de las subvenciones concedidas a una asociación de familiares y, sobre todo, la férrea voluntad de muchas personas que han sacrificado parte de sus vacaciones como cada año, ha hecho posible, este verano, rescatar los restos de 16 cuerpos y la historia de 18 víctimas, algunas de ellas menores de edad, en Menasalbas (Toledo). La mayoría de los hombres salvajemente torturados y asesinados allí el 3 de abril, una vez concluida la Guerra, eran funcionarios públicos y miembros del ejército legal de España. Algunos formaban parte del Comité local del Frente Popular y antes de morir estuvieron encarcelados, otros acababan de regresar del frente y aún llevaban el uniforme cuando fueron ejecutados junto al cementerio.

Primero fueron los familiares quienes se pusieron en contacto con La Gavilla Verde, una asociación de Memoria que inició los pasos, pero finalmente fue la Federación Estatal de Foros la que se ha ocupado del trabajo. Ha empleado dos años en esta fosa, la número uno; en Menasalbas quedan otras.

Siempre se comienza por un estudio histórico que se va completando posteriormente y que comprende documentación y entrevistas. Y luego hay que superar los imprevistos y trabas.

El gobierno municipal del PP puso todas las pegas posibles desde el principio y hasta el final (llegaron a pedir licencia de obras). Para dar cobertura a los más de 70 voluntarios que participaron turnándose en las tareas, entre ellos, arqueólogos que trabajaron bajo lonas a más de 40 grados de temperatura; forenses, historiadores, abogados, documentalistas, psicólogos, periodistas, coordinadores y organizadores que pasaron a pie de fosa dos semanas enteras, y a familiares con 70 años de espera a cuestas (ancianos muchos de ellos), los organizadores tuvieron que acudir a otro municipio: San Martín de Montalbán que facilitó un centro público para que fueran allí instaladas las colchonetas donde los voluntarios pasaran las noches. Mientras el concejal de IU de Olías del Rey, Jorge Vegue, y voluntarios procedentes de toda la provincia y hasta de Ciudad Real, se encargaban de llevar comida y atender los recados, en Menasalbas nadie se daba por aludido en el Ayuntamiento. Aún así, el alcalde, José María García, ha comenzado a tener problemas con su partido, probablemente por su actitud más tolerante y por entender que se debía a todos los menasalbeños; en definitiva, por hacer dos visitas a la fosa, una de ellas durante el homenaje en el que pasó inadvertido, y quizá porque se hayan enterado que la luz y el agua sí la facilitó pidiendo que esto no se mencionara.

Más sensibles, en Moncloa (sede del Gobierno) hay asesores que consideran que lo que se hace en las fosas “es de justicia”; la subvención ha partido de Presidencia, pero también de allí, y más concretamente de la Vicepresidencia primera, según fuentes consultadas por esta redactora, partió la iniciativa de parar al juez Garzón en su lucha contra la impunidad del franquismo. Ahora este juez vive fuera de España.

Para la Federación Estatal de Foros por la Memoria, los casos no han prescrito, existe la legislación Internacional y al igual que la Justicia española persigue crímenes contra la humanidad en otros lugares del mundo (cometidos en épocas en las que todavía existía la dictadura franquista), debe hacer lo mismo con los criminales del franquismo. El caso de Pinochet es buen ejemplo de ello ya que su dictadura coincide en el tiempo con la de Franco entre 1973 y 1975. Además, recuerda que el régimen duró hasta 1975 y muchos criminales franquistas aún tienen edad suficiente para ser procesados.

 

Comienzan los trabajos

En la fosa común número uno de Menasalbas (situada en la tapia exterior del cementerio de la localidad) se trabajó como en otras, con una programación minuciosa. Los voluntarios se ponen en marcha a las nueve de cada mañana; se tiene muy en cuenta el trabajo previo de campo: investigación, búsqueda de familiares, recomposición histórica, etc. Los trabajos en la fosa se inician siempre después de denuncia ante los juzgados correspondientes, en este caso el de Toledo.  Normalmente se designa un juzgado de instrucción para conocer esta denuncia y él decide. Próximo el levantamiento de restos, se comunica al juzgado qué se ha descubierto y que hay signos de violencia (normalmente es así) para que envíen a la policía judicial y un forense, y si no se hace caso, se recurre a la Guardia Civil. El objetivo es que el juez actúe.

Mientras los arqueólogos se centran en la fosa, otros muchos voluntarios traen agua, acordonan la zona de excavación, disponen los asientos para familiares o preparan los ordenadores para comunicarse con la prensa, con los internautas de redes sociales, u otros miembros del Foro, o facilitan su labor a los periodistas. Psicólogos y documentalistas atienden a las familias. También se acercan vecinos a dar su testimonio e historiadores nacionales o de otros países que estudian el caso español.

En cuanto es posible y aparecen los primeros restos a tan solo unos 40 centímetros de profundidad, el día 18 se organizan turnos de visita a la fosa para lo que los familiares son preparados por la psicóloga que también les acompaña mientras reciben las primeras explicaciones de arqueólogos y forenses: “Aquí hay dos cráneos”, “los colocaron en parejas”, “aquí vemos un zapato”, “aquí un cinturón de cuero”, “estos restos corresponden a un fumador, tiene al lado un encendedor de yesca y se ve deterioro en las costillas”. No son explicaciones gratuitas o macabras, cumplen el objetivo de identificar y ayudan a completar con los familiares la información de que se dispone; a que ellos descubran que, efectivamente, los suyos son los que están ahí. “Esto no es una excavación cualquiera –dice un voluntario-, hay una implicación emocional; aquí tenemos a las familias y testimonios directos que nos acercan lo ocurrido”.

Siguen las explicaciones: “Aquí hemos encontrado balas de Mauser; hay cráneos que están rotos; es por un balazo; aquí vemos el brazo izquierdo, otro esqueleto de una persona que tiene una mano tapándose la cabeza…”. Se conservan tejidos, botones, hebillas. Se oyen más detalles: “Iban de dos en dos y así cayeron, están en hilera”. A uno de los jóvenes fusilados le falta la cabeza; el estado de algunos restos confirma lo que fue un secreto a voces en el pueblo aquellos días, que el hecho de haber sido enterrados a tan poca profundidad permitió a los perros escarbar y llevarse algunos restos.

Muchos de los que reciben las explicaciones son nietos, incluso hay biznietos, pero hay hijos también que se enfrentan a sus recuerdos, a lo más duro y al tiempo, a lo más reconfortante: saber dónde está su padre al que algunos ni siquiera llegaron a conocer, confirmar que efectivamente es ése por algún detalle concreto. Es el caso de la familia de Lucio Espinosa Gutiérrez, de apodo “Palanco”: sus hijos, Juan de 85 años, Serapia de 80 y Fermina, de 83, están enteros y decididos a seguir los trabajos.  Desde la mañana del 17, Juan  insiste en encontrar una sandalia. “Estoy aquí por la sandalia –dice- si la encontrara…” y se eriza la piel a los que le escuchan. El día 24, a las 11, le son mostradas las sandalias pegadas a los huesos del pie: “Estas son las sandalias, gracias a Dios, ¡Señor! Ya lo sabemos, que está aquí”. Y a la hija,… se le escapa: “Ay, los huesecitos de tus dedos…”. Y vuelve a erizarse la piel.

A Juliana, otra hija de fusilado, de Joaquín Medina, le pregunta una voluntaria: “¿qué ha significado esto para ti?” Y ella lo define: “Muy duro y muy bueno porque voy a poder ver los huesos, porque mientras otras niñas iban a los brazos de su padre yo nunca podía, le he echado de menos, sólo tengo dos recuerdos…”. “Tenía pocos años –dice-, es la primera vez que me acerco, yo me asomaba pero no me atrevía a pasar, no se podía, por si acaso; estoy contenta y os lo agradezco”. Recuerda la salida del pueblo, los trabajos penosos que tuvo que realizar de niña en Madrid y cómo se veía obligada a ir al auxilio social, y hace una reflexión seria pese a todo lo pasado, es una mujer de convicciones firmes y segura de no haber hecho daño a nadie: “lo que era, soy”.

Mario, el biznieto de Ladislao Ruiz, recuerda a su abuela, la hija de Ladislao, que murió el año pasado. Ya sabía que iban a buscar a su padre. En la Guerra perdió a todos los suyos y se hizo cargo de un bebé de su hermana. Mario remarca que está satisfecho de que se recupere también la memoria, no sólo los restos. Es la obsesión y el objetivo desde que en 2002 comenzó su labor, de la Federación Estatal de Foros mientras otras asociaciones ponen el acento en un enterramiento digno. Hoy se puede decir que la Federación ha sido vanguardia y modelo para otros y ha abierto muchos debates con serias reflexiones. Por ejemplo, fueron los primeros en hablar y actuar en la lucha contra impunidad del franquismo, una consigna ya extendida; o en concentrarse cada mes ante el Tribunal Supremo sosteniendo esa misma pancarta: “Contra la impunidad”.

El coordinador de los trabajos de Menasalbas y presidente de la Federación de Foros, José María Pedreño, llama la atención sobre la importancia de seguir por este camino: “Hoy el fascismo existe con corbata y chaqueta en las bolsas de Nueva York y Madrid –subraya-. Es el que roba nuestros derechos y nos condena a esta crisis. Recuperar la Memoria de los que se enfrentaron con los fascistas es una lucha de ahora ya que nos quieren imponer nuevamente el fascismo.”  El objetivo para su Federación es esto, el trabajo humanitario de devolver restos a las familias, pero también el político: recuperar valores sociales y políticos de los hombres y mujeres que defendieron la II República frente al franquismo, con el objetivo de que esos valores de igualdad, libertad, solidaridad y justicia social sigan vigentes. Y la labor pedagógica para la sociedad.

 

La importancia pedagógica

Tras las primeras noticias aparecidas en la prensa, Santiago Camino, el nieto de Patrocinio Camino, quien fuera alcalde de Menasalbas, se pone en marcha, recorre cientos de kilómetros y llega a la fosa con el libro de familia y su deseo de saber y aportar. “Hoy hace años que mataron al abuelo”. Es la frase que recuerda de sus padres. Conmueve verle allí por una casualidad. Dice: “Lo he visto por la prensa”. Y entonces uno se pregunta si los asesinados que no tienen familia o suerte no cuentan con derecho a ser sacados de la fosa; si las familias que no consiguen verlo en prensa pueden pasar sin enterarse de nada, si todas las familias tienen o no derecho a tener los mismos derechos y uno comienza a razonar como los expertos: que la verdad y la justicia, también la reparación, que reclama asociaciones como el Foro, es cosa de todos los españoles, una cuestión de Estado. Por estos y por otros motivos, también para aclarar la historia. Mientras esto no suceda habrá situaciones anómalas y ridículas como confundirse con el por qué se ponen banderas republicanas en los actos de homenaje a quienes defendieron la legalidad contra golpistas. O escandalizarse.

Un ejemplo. En la madrugada del 18 de julio (fecha muy marcada), un grupo de exaltados se pasó a insultar y amenazar a quienes montaban guardia en la fosa: “rojos, os vamos a quemar”. La Guardia Civil, avisada de que se habían recibido “advertencias” por Internet la tarde anterior de lo que podría pasar, se personó en el lugar y tras mirar una bandera y preguntar uno de los números, si no era ésa la bandera republicana, recomendó su retirada pues podía ser contemplada como una provocación. Insistió varias veces, “aunque no sea de mi incumbencia” –aclaró. Mientras no exista una postura firme por parte de todo el Estado, estas cosas seguirán pasando en un país donde el socialista José Bono se hace un lío con “la legalidad de antes” y la de “ahora” o el ponente de la Ley de Memoria, señor Torres Mora, diputado por el PSOE, se permite hacer gracietas en actos de la Memoria para ilustrar sobre la conveniencia de que no se pida mucho más de lo que dice esta Ley, no vaya a ser que haya sorpresas. (El señor Torres Mora puso como ejemplo en junio de 2008 en un acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes, el “chiste” de que compañeros socialistas se debatían sobre usar piedras grandes o ladrillos para hacer una casa del pueblo, y luego se dieron cuenta del error de pedir lo más consistente y definitivo -la piedra-, y de la buena idea de haber optado por ladrillos -más livianos-, cuando les tocó hacer el cuartel de la Falange en lugar de la Casa del Pueblo al perder la guerra).

La labor pedagógica parece fundamental. Otro ejemplo: la amplia difusión en prensa hace que también se acerque hasta la fosa desde Xátiva (Valencia), donde reside, un hombre que conoció la guerra y la posguerra y se exilió en Francia: Luis Calabuig, de 84 años, sólo para dar testimonio de lo que sabía, que un vecino de la localidad, Silvestre Gómez, de los “Margallos”, del Batallón Dimitrov, jefe de guerrillas en España y en la Resistencia francesa contra los nazis en la II Guerra mundial, y hermano de Bernardino Gómez (del que hablaban los periódicos), se portó como era debido y era un hombre de bien. Él le conoció y ha escrito un libro con sus experiencias y reflexiones, también sobre lo que sucede actualmente. “Esto es una cosa muy actual –remarca-. Hay democracia pero siguen mandando los franquistas. Esto tenía que haberse terminado pero los conservadores quieren mantenerlo porque no dan su brazo a torcer y la democracia no les entra, quieren volver al franquismo. A la juventud hay que exponerle la verdadera Guerra Civil; no fue civil, fue la segunda Guerra Mundial que empezó aquí”. Muchos de los allí congregados comparten su opinión y se oyen otros comentarios: “Estos que se han apropiado de los partidos y de los sindicatos, ¿quiénes son?, ¿no se dan cuenta?”. Otros censuran: “es incómodo saber que esto existe”.

Y se siguen recogiendo otros testimonios estremecedores: los recuerdos de familiares a los que los verdugos dijeron que las mantas que llevaban a sus padres no eran necesarias porque “van a dormir muy calentitos esta noche”. También les aconsejaban que no llevaran más comida porque “ya no les va a hacer falta”.

Para el 20 de julio, tres días después de comenzar los trabajos, ya se habían recuperado 16 de los 17 que se esperaba encontrar. (Inicialmente eran 18, pero según los trabajos posteriores de investigación, una de las víctimas logró huir y llegar a Francia). Hay dos menores, hay un padre y un hijo, éste porque salió al encuentro de su progenitor y los verdugos le sumaron a la cuerda. Los nombres de las víctimas y una información detallada sobre los trabajos se colocan en la página www.foroporlamemoria.info donde permanecen, y las redes sociales multiplican la comunicación.

Más vecinos del pueblo han ido animándose y se acercan a ver la fosa; y dentro de esa importante  labor pedagógica, se recibe con aliento de esperanza en un mejor futuro, la visita de chavales que están en un campamento y han sido acompañados por sus monitores. Y hasta la Universidad de Nueva York, de manos de una profesora investigadora que profundiza en la historia de España, llegarán los ecos de Menasalbas. En el entorno hay carteles donde se van poniendo datos conocidos, frases de homenaje, para recuperar memoria…

 

Héroes anónimos

Los trabajos han ido deprisa. El héroe discreto que hace posible la localización rápida de la fosa es un anciano, Eusebio, que a los 12 años tuvo la valentía de saltarse la prohibición existente de que no se acercara nadie allí. Hace 71 años que rompió el miedo y el cordón impuesto en la zona (vigilancia de falangistas) y se asomó a aquellos montones de tierra removida que estaban tras la tapia del cementerio. Ahora, con 84 años, en cuanto vio movimiento en el pueblo no dudó en ayudar. “Lo he dicho en cuanto me lo han preguntado”, comenta. Sabía que allí habían enterrado a los hombres y niños, y recordaba con una exactitud escalofriante dónde estaban. No se equivocó ni un centímetro y ello permitió el éxito de la excavación desde las primeras catas.

Recuerda, como otros, que los franquistas habían asesinado terminada la guerra a sus propios vecinos, que algunos llegaban del frente, que otros eran funcionarios públicos, algún niño… Que fueron torturados salvajemente, según decía la documentación y confirmaban los primeros datos aportados por la propia exhumación; estado de los cráneos, etc. Lo importante de estas recuperaciones de fosas no es sólo proporcionar una sepultura digna a las víctimas, pues permiten una recomposición exacta de lo sucedido que aportar a las investigaciones abiertas, verifica en muchos casos lo recordado por supervivientes y, en definitiva aclara la historia reciente del país sin posibles engaños. “lo importante- dicen los familiares- es que se sepa y que se recuerde”.

Para Eusebio y otros, el pueblo siempre supo que estaban allí, mientras rezaban a sus difuntos al otro lado de la tapia del cementerio, mientras paseaban cerca de ese terreno tabú que en alguna ocasión quiso ser comprado a su propietario y éste se negó. “Yo lo oía eso: no llegues ahí, más allá de esa casa que está la pared del cementerio llena de sangre. Sabía todo el mundo que estaban ahí”, dice Felipa Asperilla. “Mientras les llevaban, los serenos rompieron las luces. Todos los días se llevaban a unos pocos (se refiere ahora a las “sacas”) porque eran de izquierda”. Saben éstas y otras cosas “que una mujer la mataron a tijeras y está cerca de la carretera, en un sitio…”, que hubo violaciones, o quién era el guardia que pegaba “a diestro y siniestro”, o que había dos mundos “uno para los pobres y otro para los ricos, unas zonas para rojos y el baile, cortado para los de izquierdas”. Los recuerdos de los familiares y sobrevivientes de la masacre son fundamentales.

Una historiadora, Carmen Fernández, llama la atención sobre la “convivencia falsamente cimentada cuando ahí estaba eso, tantos años así…”. En este pueblo fue tal la represión que muchos de quienes volvían para estar cerca de los suyos en la fosa, no pisaban el lugar de su nacimiento desde aquellos días.

Según datos recabados, se estima que unos 90 vecinos fueron asesinados tras la Guerra en Menasalbas y 12, trasladados a un campo de concentración nazi, del que sobrevivieron dos.

 

Homenaje

El día 24 hay un acto de homenaje mientras los restos se disponen ya para ser estudiados por los forenses a conciencia, para hacer las pruebas de ADN antes de devolverlos a los familiares. En el acto participaron 400 personas y entre ellos, algunos políticos. Por el gobierno autonómico de Castilla la Mancha, el delegado de Agricultura y Medio Ambiente, Gustavo Martín (los organizadores habían invitado públicamente al presidente Barreda). También el coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, para quien llegó el momento de decir que: “los que están en contra del rescate de la Memoria, están a favor de los que ayer apretaron los gatillos.”

Pero la presencia de políticos para muchos de los presentes, era lo de menos. El presidente del Gobierno, en todo caso, tenía otros asuntos rutinarios que atender este verano antes que el requerimiento que hacía públicamente José María Pedreño: “El Gobierno debe ponerse al frente del rescate de la Memoria y de los muertos de todos”.

En nombre de los familiares de las víctimas, Carmen Rodríguez, la nieta de Benigno Gómez Sánchez, y Mario, biznieto de Ladislao Ruíz, orgullosos de su memoria, del rescate y de seguir luchando por los mismos ideales, dijeron algunas palabras, leyeron cartas de despedidas de fusilados, cartas que hablaban de asesinato, ideales y de mantener la cabeza alta. También intervinieron o estuvieron presentes, entre otros, los representantes del Foro de Castilla de Mancha, Pedro García Bilbao y Emilio Sales (incansables voluntarios para todos, en todos estos días), así como el alcalde de San Martín de Montalbán, Justo Barrios, o el Presidente de la Gavilla Verde, Pedro Peinado.

Pasadas las nueve, los familiares colocaban en la fosa sus primeros ramos de flores, a los 71 años. Y cuando se le pregunta a Eusebio si quiere hacer declaraciones en la tele, tras hacerlo los políticos, mientras discretamente asiste entre otras 400 personas al homenaje, mientras mira con ojos que lo dicen todo hacia la fosa abierta llena de flores, él niega con la cabeza y añade: “yo ya he hecho lo que tenía que hacer”.

El sol se ponía, rojo tras las banderas tricolores, y al compás de las músicas de homenaje, los restos de los demócratas españoles se preparaban para un último viaje antes de reposar para siempre en una sepultura digna: el laboratorio de antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se encuentran ahora para su estudio e identificación. Este trabajo durará aproximadamente un año. Luego, los familiares decidirán sobre el futuro de los restos, su enterramiento individual o conjunto, el más probable pero dentro del cementerio, como los demás. En Menasalbas se erigirá un monumento en la memoria de todos ellos. Mientras, poco a poco, comienzan nuevas catas y estudios. Familiares de otras decenas de miles de víctimas esperan su oportunidad, sobre todo que los gobernantes tomen las riendas de lo que es responsabilidad de una España democrática.

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