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A Dios rogando…

Federación Estatal de Foros por la Memoria, | 4 noviembre 2010

Exigimos a Benedicto XVI que pida perdón por el papel de la Iglesia en la represión, y por su colaboración con el régimen de Franco

 

La Federación Estatal de Foros por la Memoria exige a Benedicto XVI que pida perdón a las víctimas de la dictadura y al conjunto de la sociedad española, por el papel de la Iglesia en la represión y por su colaboración con el régimen de Franco.

La Asamblea Conjunta Obispos-Sacerdotes celebrada en septiembre de 1971, debatió la siguiente resolución: «Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque nosotros no supimos a su tiempo ser verdaderos ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo, dividido por una guerra entre hermanos». Dicha resolución, si bien respaldada mayoritariamente, no prosperó al no alcanzar los votos requeridos. Hasta la fecha de hoy no se ha vuelto a promover en el seno de la Iglesia española otra iniciativa similar, ni se ha condenado la dictadura de Franco.

En 1936 varios miles de miembros de la Iglesia española fueron víctimas de una espontánea ola de crímenes. El fracaso parcial del golpe de estado contra la República degeneró en una explosión de violencia en la retaguardia del territorio que permanecía bajo el control gubernamental. Ya en su momento, estos injustificables asesinatos fueron condenados por el Gobierno y los políticos republicanos, quienes acabaron drásticamente con dicha situación en el proceso de reconstrucción del Estado republicano, cuyas estructuras y resortes coercitivos habían resultado seriamente dañados por efecto del golpe militar.

Al mismo tiempo, en la zona controlada por los facciosos, desde el primer momento la Iglesia católica participó activamente en la represión premeditada y planificada por los militares golpistas, y construyó la principal argumentación teórica de la legitimación de la rebelión militar, de la guerra (definiéndola como Cruzada) y del Nuevo Estado fascista. La contribución de la Iglesia a la represión franquista fue entusiasta e incondicional, pero fundamentalmente independiente y previa a la violencia que contra la Iglesia se estaba produciendo en la retaguardia republicana. Si por una parte la jerarquía eclesiástica legitimaba y colaboraba con los militares traidores, por otro lado centenares de clérigos participaban activamente en ejecuciones extrajudiciales y en farsas de procesos judiciales como confesores y denunciantes, cuando no llegaban más lejos.

Pero la colaboración de la Iglesia con la dictadura y sus crímenes no se limitó al periodo de guerra abierta, sino que continuó después de 1939 adoptando múltiples formas:

  • Proporcionando buena parte de la base teórica e ideológica del Estado totalitario, el llamado Nacionalcatolicismo.
  • Haciendo uso y abuso del monopolio ideológico en el sistema educativo, dando a éste un carácter adoctrinador, acientífico, castrador, aberrante, idólatra y sexista.
  • Colaborando activamente con el estado policial y el control social en múltiples aspectos de la vida cotidiana, ejerciendo una función esencial en el sistema de denuncias y avales; así como de guardianes de la moral pública y privada.
  • Formando parte de comisiones de depuración de funcionarios y profesionales; comisiones de censura artística y de publicaciones; de elaboración de listas de libros prohibidos…
  • Las congregaciones religiosas y capellanes de prisiones tuvieron un importante cometido en la represión carcelaria, asumiendo competencias anteriormente ejercidas por el cuerpo de funcionarios de la República y en especial por el de funcionarias de prisiones creado por Victoria Kent, lo que caracterizó el vejatorio trato recibido por las presas políticas y sus hijos.
  • La Iglesia (como otras muchas instituciones y empresas privadas) se benefició materialmente del trabajo forzado de presos políticos, por medio, fundamentalmente, del llamado Patronato de redención de penas por el trabajo.
  • Miembros de la Iglesia tuvieron un papel central en el robo de niños, no sólo arrebatándolos a las presas en la posguerra inmediata: empieza a conocerse (y lo que se sabe a día de hoy parece ser sólo la punta del iceberg) el fenómeno del robo de niños en hospitales durante los años 60 y 70.

71 años después del fin de la guerra y 35 de la muerte física del dictador, cuando las víctimas del franquismo y sus familiares seguimos exigiendo Verdad, Justicia y Reparación en la más absoluta indefensión judicial; en un país en el que subsisten cientos de fosas comunes repletas de defensores de la legalidad democrática; donde las sentencias de los consejos de guerra y los tribunales represivos franquistas continúan siendo legales y firmes, la Iglesia católica acusa al movimiento por la recuperación de la Memoria y a las víctimas del franquismo de revanchismo, de espíritu vengativo, de despertar rencores y abrir heridas. Mientras tanto sigue beatificando y santificando ostentosamente a sus “mártires de la Cruzada”, sin pretender no ya realizar una mínima autocrítica, sino ni tan siquiera analizar o explicarse las causas sociales y políticas (de remoto calado histórico) que crearon las condiciones para que se produjese esa violencia.

Han pasado 74 años desde la sublevación de los militares perjuros contra el Gobierno democrático. Creemos que la próxima visita del Papa es un buen momento para que la Iglesia pida perdón a las víctimas del franquismo y al conjunto de la sociedad. Significaría ser consecuentes con el mensaje evangélico poniéndose del lado de las víctimas, como ya hicieron en su momento miembros de la Iglesia, de modo puntual, tales como Marino Ayerra, Gumersindo de Estella, o los sacerdotes que en el tramo final de la dictadura colaboraron con la oposición democrática y fueron represaliados por ello.

Hoy, en 2010, la mayoría de las víctimas directas ya no están con nosotras y nosotros, y muchos cuentan con una edad avanzada. Sus familiares no tenemos la “paciencia” de Galileo, pero confiamos en que, como alguien dijo una vez: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”.

Noviembre de 2010