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El entreguín que venció a los nazis

Lne.es, | 1 noviembre 2010

El «comandante Robert» salió de España derrotado por Franco, pero lideró a 300 guerrilleros en la liberación de Francia

 

Raquel L. MURIAS

Fue uno de los derrotados en la Guerra Civil española, pero tuvo la oportunidad de seguir luchando en Francia contra los nazis, adonde había llegado como consecuencia del exilio. José Antonio Alonso (El Entrego, 1919), el «comandante Robert», sigue manteniendo, a sus 81 años, la elegancia y el buen discurso que no siempre fueron bazas a su favor para llegar a dirigir al XIV Cuerpo de guerrilleros en Francia.

Cuenta con gracia que tardó mucho en crecerle la barba y, a veces, parecía que no le tomaban en serio. Pero no le hizo falta afeitarse para llegar a liberar la ciudad de Foix, «para devolverla a sus ciudadanos». La II Guerra Mundial fue la oportunidad de resarcirse. «Nos permitió coger las armas de nuevo y luchar contra los mismos que nos habían echado de nuestra patria», explica. Y se emociona, porque pedirle que haga balance de aquella historia es «imposible en unos minutos». Ayer fue recibido por la presidenta de la Junta General del Principado y por la alcaldesa de Gijón, a la que agradeció la decisión adoptada esta misma semana por la Junta de Gobierno municipal de dar su nombre a un parque de Montevil. Por la tarde, también en Gijón, participó en una conferencia sobre la resistencia antifascista y republicana en Francia.

El «comandante Robert» sigue enamorado de la República y explica que hay muchas razones para echar de menos este modelo de Gobierno en España. «A nosotros nos robaron la República, que fue legalmente constituida, y con el golpe de Estado se metió a España a sangre y fuego entre hermanos. Durante la República, el pueblo español había tomado cariño a ese modelo, era un Gobierno moderado y se consiguieron muchos avances. Se hicieron muchas reformas, la enseñanza se desvinculó de la Iglesia y se crearon los jurados mixtos, que son tribunales compuestos de representantes patronales y obreros para juzgar despidos ilegales, y eso se creó con la República a partir de 1931. Ese Gobierno tenía la obsesión de la enseñanza y se crearon 9.000 escuelas y un cuerpo de milicianos de la cultura que enseñaban a leer y a escribir a la gente del frente para que pudieran dar noticias a la familia».

Sabe bien el comandante de lo que habla. De qué difícil se hacía dar noticias a la familia cuando, en tiempos en los que servía en las compañías de trabajo francesas, «sólo nos pagaban 50 céntimos al día, dos paquetes de tabaco al mes y dos sellos para escribir a la familia». Muchos de sus camaradas, cientos de compañeros que, como él, trabajaban a destajo en la construcción de trincheras, túneles y carreteras en la frontera, terminaron en el campo de concentración de Mauthausen. Murieron alrededor de siete mil. Pero Alonso, que estaba trabajando cerca de la frontera belga, tomó «carretera y manta» y volvió a iniciar su lucha, nunca apagada del todo, desde Toulouse. «Ahí empezó a organizarse una autodefensa. Por afinidades políticas se buscaban compañeros «para no sentirnos solos y abandonados».

Comenzaba la lucha clandestina, hasta que en 1942 se decidió reorganizar el XIV Cuerpo de guerrilleros, para luchar contra las fuerzas alemanas de ocupación. «Nuestra misión era pasar las líneas enemigas para hacer sabotajes en las líneas férreas, las carreteras y los puentes», asegura. Cada departamento, cada provincia francesa tenía su brigada y se consiguió contar con casi diez mil guerrilleros en el país. Así logró el «comandante Robert» pasar de siete guerrilleros a su cargo hasta más de 300 hombres. «No dependíamos de nadie», explica.

Embargado por la sensación de defender la República, convencido ahora y antes, ya fuera en Francia o en España, logró tomar Foix con sus hombres un 23 de agosto de 1944, localidad de la que ahora es ciudadano de honor. «Yo tenía 25 años, pero no había tiempo que perder. Entramos en Foix, a liberar la ciudad, porque estaba ocupada, y dejamos seis muertos. Los franceses no vinieron a ayudarnos y estoy orgulloso, porque si hubiesen venido seguro que nadie se acordaría de los españoles. Se rindieron a las nueve de la tarde y en el balcón de la Alcaldía le dije a la población: “Ciudadanos de Foix, os devolvemos la ciudad, es vuestra, sois libres”». Ser un hombre con historia marca de por vida y por eso el «comandante Robert», que sigue viviendo en Francia, clama por que se dignifique a las víctimas del franquismo. Que se identifique a los que están enterrados en las fosas comunes y, sin moverlos, «que se haga un monumento en cada una de ellas». Al «comandante Robert» no le gusta ponerse las condecoraciones que recibió, porque «hay gente de mi brigada que no las tiene; para ser buen jefe hay que tener buenos soldados». Y sobra barba.

http://www.lne.es/gijon/2010/10/30/entreguin-vencio-nazis/987477.html