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Entrevista inédita: Miaja relata el “no pasarán” del 6 de noviembre de 1936

Cuarto Poder, 06-11-2010 | 7 noviembre 2010

“No tomaron Madrid porque había un pueblo dispuesto a morir antes que entregar la ciudad”

 

Sábado, 6 de Noviembre de 2010

Cuando el general José Miaja Menat (Oviedo, 1878-México, 1958) llegó al exilio, hace ahora setenta años, los medios de comunicación mexicanos no vieron en él a un militar republicano derrotado, sino al artífice de la defensa de Madrid durante los tres años que duró la Guerra Civil. Los generales sublevados, Franco, Mola, Yagüe, Varela, Orgaz… se reían de él haciendo un gesto con sus dedos como si estrujaran una miga, una miaja de pan. Pero aquel 6 de noviembre de 1936 , sus tropas se estrellaron contra la defensa de Madrid que dirigía aquel viejo demócrata leal a la II República. Cuando se cumplen 74 años de este acontecimiento, cuartopoder.es rescata esta entrevista, inédita en España, que le hizo el periodista José Gomis Soler en la Radio Nacional de México, en mayo de 1942:

 

“El general Miaja –decía Gómis Soler en la presentación– no era una figura popular ni siquiera conocida, pero el 6 de noviembre, el Gobierno de Largo Caballero se trasladó a Valencia ante el peligro inminente en que se hallaba Madrid, y el general Miaja, en calidad de jefe militar de la plaza, asumió el mando civil y militar de la capital de España. Los facciosos estaban seguros de entrar en Madrid aquel mismo día. Hubo que organizarlo todo y se constituyó una Junta de Defensa –todos sus miembros eran civiles y jóvenes- que presidió el propio general Miaja. Y se hizo ese milagro de bravura que la historia registró. No lo hizo solo el general Miaja, pero a él cabe la gloria de haber dirigido la defensa con clarividencia y serenidad. Él eligió, entre los militares más capaces y leales, su Estado Mayor; él estuvo presente, aquellos días históricos, en las primeras líneas de la Casa de Campo; él reafirmó el espíritu indomable de Madrid con su ejemplo. Si Madrid resistió cuantas veces se le dio por conquistado se debe a este hombre de virtudes excepcionales”.

 

Resuelto el pueblo madrileño a sucumbir entre escombros antes de consentir al nazifascimo, capitaneado por Franco, apoderarse de la Capital de la República española, ¿cómo aprecia usted la intervención de los factores populares que dieron origen a esa heroica actitud?

La actitud del pueblo en la defensa de Madrid tuvo resultados definitivos. El pueblo supo apreciar la importancia que para nuestra causa tenía la defensa de la capital y dio un ejemplo al mundo de lo que puede la decisión de vencer. El pueblo español sabía que tenía razón, y luchaba denodadamente contra sus enemigos nacionales y extranjeros. Ninguna consideración de orden internacional pudo evitar que se batiera fieramente en defensa de sus legítimos derechos. Decisiva fue aquella actitud heroica. Sin vacilaciones, con espíritu inquebrantable, el pueblo de España, en aquellos días de la defensa de Madrid, como en la defensa de todo el territorio patrio, gritó al mundo que los totalitarios no eran invencibles y que, contra sus procedimientos, el recurso era luchar con fe. La ciudad de Madrid, sin aquel espíritu y aquel afán de triunfo, hubiera caído en manos del enemigo y el milagro de su defensa no se hubiera podido realizar.

¿Cómo encontró usted a la gran ciudad en lo que a fuerzas se refiere, al hacerse cargo de la plaza, con el enemigo a la vista, el 6 de noviembre de 1936?

La propaganda fascista ha tratado insistentemente de hacer creer al mundo que si no había tomado Madrid era debido a que contaban con inferioridad de elementos. Yo no sé si alguien se lo habrá creído. No tomaron Madrid porque había un pueblo dispuesto a morir antes que entregar la ciudad, ¡y ellos no esperaban esto! ¿Con qué medios contaba para llevar a cabo la defensa? Casi nulos. Madrid no tenía más defensa natural inmediata que el río Manzanares. Aunque de poco caudal, nos fue muy útil gracias a su canalización. La población levantó el adoquinado de las calles que podían constituir el acceso del enemigo, construyó barricadas de más valor romántico que militar, hasta el punto de que muchos de estos improvisados parapetos –símbolo de la voluntad de defensa– hubieron de ser derribados por compañías de zapadores, pues su emplazamiento los hacía contraproducentes. Esto y los edificios de la ciudad eran las únicas fortificaciones de Madrid. Al hacerme yo cargo de la defensa desconocíamos la situación y la fuerza de los enemigos, así como la línea exacta ocupada por nuestras fuerzas. Los combatientes republicanos venían retirándose ante la enorme superioridad enemiga, hasta llegar a la ciudad de Madrid, donde había de suceder lo inesperado para los fascistas.

Disponían ustedes, general, del armamento suficiente para la defensa?

Sobre los pertrechos de guerra, nuestra situación no era muy halagüeña. Como prueba de la escasez de armamento ahí quedaron estas palabras textuales, y elocuentes, del acta levantada en la primera sesión de la Junta de Defensa, cuya presidencia desempeñé: “Expuso el presidente la situación que se encontró la noche anterior, al tomar el mando de las fuerzas que pusieron a su disposición, cuya cuantía no era posible conocer, ni tampoco su situación, pues únicamente se tenía referencias de las columnas Barceló, Galán, Escobar, Mena, Bueno y Líster. La capacidad combativa de estas fuerzas a disposición del mando era poca, pues se habían empleado todo el material y en el Parque de Artillería contábamos con munición para tres horas de fuego. De munición para el máuser español teníamos unas cien cajas. También contábamos con siete ametralladoras y algunos otros efectos.

¿A qué atribuye usted, señor general, su identificación, tan completa, con el espíritu de resistencia de los madrileños; y la obediencia llena de respeto y de cariño con que le secundaron en la prolongada lucha?

Yo procuré cumplir con mi deber, dentro de los más estrictos límites de la equidad y justicia. Traté de que en todo momento la situación de los combatientes y de la población civil fuera lo mejor posible, dentro de las naturales incomodidades que ocasiona una lucha armada. El pueblo confió en mí como yo confié en él, y la identificación fue tal que en veintiocho meses no se suscitó en Madrid el más mínimo conflicto de orden público.

¿Y cómo supo usted conservar y vigorizar el espíritu combativo, lleno de confianza en el mando suyo, de todos los habitantes –excepto los quintacolumnistas, claro está– de la capital asesinada?

No se puede hacer distinción de partidos. Todos se portaron a la altura de las circunstancias; entre ellos, desde luego, los comunistas. Todos los partidos y organizaciones afectos a la Republica mostraron su decisión de luchar con firmeza en la defensa de Madrid, que era la defensa de España. Al ser rechazados, un día tras otro, los ataques directos a la ciudad, la moral de los combatientes republicanos se elevó notablemente. Desconcertado el enemigo, desistió del ataque directo, intentando entonces, en diversas ocasiones, cortar nuestras comunicaciones con la región levantina para completar el cerco a la asediada ciudad. Fracasadas también las ofensivas lanzadas con ese objetivo, la moral del pueblo madrileño, combatientes y población civil, se elevó a alturas insospechadas.

¿Concede usted importancia decisiva al intervencionismo armado de Italia y Alemania en la contienda española y en su resultado?

Sí, tuvo una importancia decisiva. Al abortar el levantamiento en las principales ciudades, el Gobierno de la República contaba con las regiones más ricas de España. El papel de los rebeldes era el de asediados sin esperanza. Córdoba, Zaragoza, Huesca, Teruel, Oviedo y otras ciudades estaban sujetas al acoso inmediato de las fuerzas republicanas. Pero la ayuda de las potencias nazifascistas no tardó en dejarse sentir. Cuanto necesitaban los rebeldes para una nueva ofensiva lo obtenían inmediatamente, sobre la hipoteca a la soberanía nacional: esos cinco millones de liras que Franco adeuda a Italia hablan por sí solos. El Comité de No Intervención ayudó a cometer esa monstruosidad contra la República Española. Hoy, uncida España al carro del Eje, los lacayos de Hitler en el poder pagan sus deudas con todo lo que en el país hay de útil y con la sumisión más absoluta. Al lado de esa ayuda italo-germana recibida con la complicidad de los Gobiernos que tenían la obligación de ayudarnos, no tuvimos más apoyo que el de los voluntarios de las Brigadas Internacionales y el de Rusia y México. La distancia hizo que no pudiéramos recibir la ayuda con la rapidez con la que los sublevados tenían la suya.

¿Cómo ve usted la guerra europea y la postura de España en relación a una posible solución democrática?

Tal vez parezca machaconería insistir en que la guerra de España fue el preludio de la contienda actual: pero sobre este punto todo lo que se insista será poco. Tenemos la suerte de encontrarnos en un país que desde el primer momento se colocó en postura de dignidad absoluta. El general Lázaro Cárdenas, presidente de México, con gran visión de la política internacional se dio cuenta inmediatamente del verdadero significado de la lucha en nuestro suelo y comprendió que al defender las instituciones democráticas en España, defendiendo a España, defendía las instituciones democráticas de México, esto es, defendía a México. El verdadero carácter de la guerra de España, para nosotros tan evidente, no lo fue tanto para otros gobiernos que prefirieron esperar a que empezara a arder su propia casa para acudir a apagar el fuego. Los hechos demuestran nuestra razón. La voracidad de los totalitarios, que no tiene límites, se vio azuzada por la indiferencia suicida de los que estaban obligados a poner un dique a aquella avalancha de barbarie que pisoteaba a un país libre y soberano.

¿Y sobre el futuro de España?

Nuestra posición hoy no puede ser más clara e inequívoca: estamos al lado de las Naciones Unidas porque hemos sido los primeros en luchar con las armas en la mano en defensa de los mismos postulados que ellas defiende ahora. El fascismo nos atacó, y sin vacilaciones, con los medios a nuestro alcance, nos defendimos. Es hora de que a la Republica española se le haga justicia colocándola en el lugar que le corresponde. Franco no es neutral, la España de Franco es la de la violencia y el totalitarismo, alineada con el Eje. Estoy seguro del triunfo de las democracias y de que ese triunfo traerá consigo el derrumbe de Franco, pero a los republicanos españoles no nos basta. Pedimos, porque hemos ganado el derecho con sangre, un puesto en la lucha. Pedimos que nuestra bandera tricolor figure al lado de las demás de las Naciones Unidas. Los españoles queremos contribuir a la lucha, de nuevo, en primera fila. Lo piden los muertos en nuestra guerra. Lo piden los voluntarios españoles que luchan al lado de las democracias en diversos frentes sin que les haya dicho que en esta guerra también se persigue la devolución de la libertad a España. Lo piden los que sufren en los campos de concentración europeos y africanos. Lo piden los que en España, penando bajo el régimen fascista, esperan el momento de la liberación”.

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