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Represión franquista en Olivares de Duero

Verdad y Justicia de Valladolid, | 15 diciembre 2010

Olivares de Duero es una pequeña localidad muy próxima a Quintanilla

 

 

Olivares de Duero es una pequeña localidad muy próxima a Quintanilla de Abajo (ahora “de Onésimo”), separada de ésta por el río Duero. Precisamente en Quintanilla existió una Casa del Pueblo importante, con numerosos afiliados, muchos de ellos de Olivares. Esta organización estuvo siempre en el punto de mira de los falangistas de Peñafiel, perfectamente uniformados y armados, quienes en julio de 1936 protagonizaron múltiples acciones violentas por toda la zona.

29 de octubre de 2010

Los jornaleros de Olivares habían acogido con alegría el advenimiento de la República, en 1931; el pueblo entero estaba en la Plaza celebrándolo. La hermana del cura salió al balcón y empezó a dar vivas a Cristo Rey, y unos cuantos la hicieron callar, insultándola. Después, en el 36, fue una de las personas que hicieron la lista, junto con su hermano.

Antes del golpe se movía por los alrededores una buena patrulla de jóvenes falangistas, la cual hacía instrucción en varias fincas cercanas. Sus integrantes eran de todos los pueblos cercanos y hasta de la capital.

En todo caso, los jornaleros de Olivares, que estaban muy unidos a los de Quintanilla de Abajo, lucharon por conseguir que las mejoras laborales dictadas por la República se hicieran efectivas, y para ello acudieron a los mítines de la época y proclamaron huelgas; actividades que les costarían la vida.

A lo largo de la tarde del 12 de septiembre de 1936 fueron detenidos:

–  Marcial Lázaro Miguel, nacido en 1903, socialista, casado.

–  Mauricio Lázaro Miguel, nacido en 1905, socialista, casado, tres hijos menores.

–  Gaudencio Toribio Sinovas, nacido en 1900, socialista, jornalero, soltero.

–  Teodoro González de Diego, nacido en 1904, socialista, jornalero, soltero.

–  Félix Cortijo Toribio, nacido en 1906, socialista, soltero, jornalero.

–  Gonzalo Gómez Benavente, nacido en 1915, socialista, soltero. Supuestamente sobrevivió unos días.

La detención de estos vecinos se realizó en Olivares, mientras trabajaban; los responsables fueron falangistas procedentes de Peñafiel, armados, y perfectamente conocidos por la gente de la zona; el lugar de reclusión fue el ayuntamiento de Quintanilla, donde todos los detenidos fueron torturados sin piedad, tal y como refieren los testigos de los hechos, quienes recuerdan con terror que “los gritos se escuchaban perfectamente en la plaza”.

Al clarear el día 13 de septiembre, todos los detenidos fueron sacados y obligados a subir a un camión que esperaba en la puerta del ayuntamiento. Los hermanos Lázaro iban atados entre sí; Gaudencio Toribio fue arrojado al camión como si se tratara de un fardo, con las piernas colgando (“iba como un pelele, con las piernas y los brazos rotos”). Varios vecinos pudieron contemplar la lamentable escena, ocultos tras las ventanas de los edificios. A continuación, el camión enfiló la cuesta que conduce al Monte Alto, donde fueron asesinados.

El guarda del monte se llamaba Teodoro Mozo y era natural de Traspinedo. Fue el principal testigo de los hechos, los cuales contó en Quintanilla, en Olivares y en Traspinedo. Según dijo, los asesinos intentaron que las víctimas cavasen su propia fosa; las dos víctimas más fuertes eran los hermanos Lázaro, quienes se negaron en redondo, siendo apaleados y golpeados con las culatas de los fusiles y atados a un árbol. Tras el asesinato, que se produjo con las víctimas metidas ya en la fosa, los asesinos echaron sobre ellos tierra en poca cantidad, dejando los cuerpos semienterrados.

Teodoro Mozo se mantuvo escondido durante un buen rato, atemorizado por la posibilidad de que lo vieran u oyeran; por fin, escuchó quejidos provenientes de la fosa y se acercó, viendo que una de las víctimas se movía y se quejaba.

TESTIMONIO DE G.S.M., sobrina del guarda de campo Teodoro Mozo, testigo de los hechos:

“El guarda del monte era de Traspinedo, era primo carnal de mi madre. Vivía en el mismo monte, en una casa de la finca. Todo se supo por él. Dijo que vio cómo los mataban, pero que Gonzalo quedó vivo y que él lo recogió y lo cargó hasta su casa. Intentó darle curas; lo cuidó casi quince días. El chico estaba muy mal y aun así le pedía todo el tiempo que lo llevase a su casa, pero Teodoro lo tuvo guardado. Marchaba a su labor y lo dejaba trancado donde los animales, por miedo a que lo viese alguien, pues si lo encontraban allí, los matarían a los dos.

Un día volvió de dar la vuelta al monte y lo encontró muerto encima de la tapia. Se ve que quiso volver a su casa, porque estaba obsesionado con eso. Tuvo que cogerlo y llevarlo otra vez a la fosa, donde lo enterró encima de los demás.

Mi tío estaba malísimo. Siempre decía: me voy a morir por culpa de los de Olivares; los veo todos los días.

Murió muy pronto; estaba completamente estropeado de los nervios”.

En Olivares había una lista de casi ochenta personas. El veterinario, llamado don Florentino, vio la lista, la cogió y la rompió. Higinio, teniente de alcalde, también se opuso, así como don Germán Capillas, cura de Dueñas (Palencia), quien se atrevió a protestar en el ayuntamiento de Quintanilla cuando torturaban a los detenidos, y fue arrojado por las escaleras. Se marchó y no supieron más de él.

Además de estos vecinos, otros muchos fueron detenidos:

–  Llevaron a la cárcel a Zósimo Lázaro Miguel, hermano de dos de los asesinados.

–  Tomás González Benavente, alcalde constitucional, de cincuenta años de edad, fue condenado a veinte años. Cumplió en la cárcel de Lugo. Fue puesto en libertad en 1943, tras lo cual tuvo que ir desterrado a Tudela de Duero. Asimismo, le fue aplicada la Ley de Responsabilidades Políticas, a consecuencia de lo cual fue multado y le incautaron todos sus bienes.

–  Florentino Pérez Martínez, cuyas propiedades también le fueron incautadas.

–  Julián Cuesta Miguel, de treinta años de edad, secretario de la Casa del Pueblo, fue condenado a veinte años. Salió de prisión en 1941 y estuvo en libertad vigilada hasta 1945.

En enero del 37 apareció en Olivares un camión lleno de falangistas; formaron en la Plaza a todos los mayores de 18 años y los llevaron al frente. Allí desapareció otro de los hermanos Lázaro, Rigoberto, apodado “Largo Caballero”, así como otro joven llamado Julián, que murió en la provincia de Huesca el 27 de marzo del 37. “Entre unas cosas y otras, murieron quince hombres”.

LA FOSA

En el Monte Alto, situado en el término municipal de Quintanilla de Abajo, se halla una fosa común conocida por muchas personas de los alrededores. El 7 de noviembre de 2.003, un amigo natural de la zona nos llevó hasta ella.

Muy cerca del vallado de una finca llamada La Planta, y rodeada de pinos muy antiguos, la fosa aparece perfectamente definida como un túmulo que se levanta veinticinco o treinta centímetros sobre el nivel del suelo. Sobre su superficie hay una cruz formada por piedras de mediano tamaño. La fosa está a la derecha del camino. Los árboles y las jaras la ocultan a la vista.

Nuestro amigo nos contó que a esta fosa alguien ha llevado flores durante todos estos años, hasta 2002, y a partir de entonces quedó abandonada. Allí están enterrados los seis hombres del pueblo de Olivares de Duero a los que trasladaron en un camión desde Quintanilla de Abajo, en cuyo ayuntamiento permanecieron detenidos. A la cabeza del grupo de falangistas estaban Adolfo Murón, de Peñafiel (del que ya nos han hablado en otras localidades), y el alcalde recién nombrado por los golpistas. Nos dijo que mataron inicialmente a cinco de los detenidos, mientras el último, un chico joven, les hablaba, dicen que rezaba. En ese momento, uno de los falangistas le pegó dos tiros.

Esta finca, en el año 36 era propiedad de una marquesa y de su marido. Cuando se enteraron de lo sucedido, tuvieron un gran disgusto y se produjo un enfrentamiento con las nuevas autoridades de Quintanilla, indicando que no tolerarían que volviera a suceder algo así en sus tierras.

Casi todas las familias de estas víctimas lo pasaron muy mal, ya que fueron acosadas, insultadas y perseguidas por sus propios vecinos. Algunas viudas llegaron al extremo de tener que pedir por los caminos para sobrevivir.

Año tras año, sin embargo, la fosa era marcada y aparecían flores sobre ella. El lugar pervivió en la memoria de las familias, que impidieron que el olvido hiciera desaparecer el rastro de sus seres queridos.

Por fin, en el año 2006, un grupo de voluntarios y amigos de Valladolid, requerido por las familias, exhumó la fosa. Allí se encontraron los restos de todos los asesinados, rodeados de todo tipo de municiones.

Los restos fueron enterrados en el cementerio de Olivares el día 1 de abril de 2006, donde se celebró un pequeño homenaje.

Las familias declararon que habían alcanzado la paz y la tranquilidad gracias a la recuperación de los restos, lamentando únicamente que este hecho no se hubiera producido antes.

Todas las actividades, desde la primera entrevista hasta el homenaje en el cementerio, fueron realizadas a nivel particular, sin ningún tipo de ayuda ni apoyo por parte de las instituciones.

La alcaldía del pueblo, del Partido Popular, a pesar de la petición expresa de los familiares, casi todos muy ancianos, ni siquiera hizo acto de presencia.

http://www.represionfranquistavalladolid.org/?Olivares-de-Duero,114