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“En León debajo de cada arbusto hay una fosa”

La Voz de Asturias, 04/01/2011 | 5 enero 2011

José Cabañas, “investigador aficionado”, presenta su primer trabajo en el que analiza la represión franquista en la comarca bañezana

PATRICIA CAMPELO / Madrid

José Cabañas González (León, 1955) es un hombre inquieto y de verbo ágil que ha llevado a cabo un trabajo propio de historiador profesional o, al menos, de alguien ducho en bucear entre legajos por todo tipo de registros y archivos municipales y militares. Pero Cabañas, que trabaja como funcionario en Ourense, es nieto y sobrino de dos fusilados republicanos en la Guerra Civil y nada tiene que ver con el mundo de la historiografía.

Su circunstancia familiar es la que le ha conducido a elaborar ‘La Bañeza 1936. La Vorágine de julio. Golpe y represión en la comarca bañezana’ (Lobo Sapiens), libro que recoge las investigaciones que su autor realizó desde 2003 sobre víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura y cuya presentación tuvo lugar ayer en San Justo de la Vega (León).

Dolor anónimo

“Mi madre, sin quererlo, me transmitió ese dolor que tenía por quedarse huérfana a temprana edad, ya que se llevaron a mi abuelo del pueblo junto con otros hombres y nunca más volvió a saber nada de él”, explica Cabañas sobre el leitmotiv que le dirigió a llevar a cabo una investigación tan exhaustiva de la represión franquista en la comarca de la Bañeza. “Se trata de un dolor que no se entiende porque en casa nadie hablaba de estos familiares ni de lo que había pasado”, clarifica.

Un homenaje a víctimas del franquismo, celebrado en Ourense en 1998, sacudió la conciencia del autor de La Bañeza 1936, y fue en ese momento cuando comenzó a plantear en la revista de su pueblo, Jiménez de Jamuz, la necesidad de rendir un tributo a los 17 civiles jiminiegos desaparecidos en el otoño de 1936 (la mayoría pertenecientes a las Juventudes Socialistas, a la Casa del Pueblo y a UGT). Entre ellos estaban el abuelo de Cabañas, Domitilo González Lobato, concejal por Izquierda Republicana, y su tío-abuelo, Francisco Bolaños Alonso, afiliado al Partido Socialista y a UGT.

“Buscaba a dos familiares míos y nunca imaginé lo que acabaría encontrando”

El homenaje incentivó a este escritor novel para comenzar la investigación de sus familiares y, de esta manera, emprender un camino de luces y sombras en el que el objetivo que le motivó no se ha cumplido -nada se sabe aún de los 17 de Jiménez de Jamuz, incluidos sus familiares- pero, hoy, muchas familias conocen detalles de víctimas que consideraban desaparecidas gracias a la labor de Cabañas, que rescató sus nombres de los registros y archivos en los que indagó.

De lo familiar a lo colectivo

Los testimonios orales son una “pieza fundamental” en la búsqueda de pesquisas “que te hagan dar con una fosa o con nombres de otros desaparecidos”, señala el autor sobre lo que es “uno de los pasos más difíciles”.

“Los testimonios se recogen de familiares cercanos y eso plantea un conflicto ya que hay que romper cierta resistencia que tienen a hablar y reverdece el dolor”, confiesa Cabañas, a la vez que reconoce tener “un plus de facilidad” a la hora de entablar conversación con los familiares de víctimas por su condición de nieto de represaliados: “Se establece un lazo instantáneo de empatía”, puntualiza.

“Mi madre me trasmitió sin querer su dolor de huérfana”

“Me dí cuenta de que el problema estaba más extendido de lo que pensaba. En el verano de 2003 buscaba la fosa donde podrían estar los 17 de Jiménez de Jamuz por la zona del monte de San Isidro”, recuerda el autor para explicar cómo comenzaron los primeros pasos de su investigación. “Visité registros civiles de los ayuntamientos de la zona y descubrí datos de muchos otros desaparecidos que figuraban como tales o como ‘hombre aparecido muerto'”, apunta.

“Nunca imaginé todo lo que acabaría encontrando”, lamenta el autor de La Vorágine de julio sobre lo que es un problema social, “un problema de todos en el que te vas implicando cuando ves que lo que le ocurrió a tu familia también le pasó a muchos de tus vecinos, a gente de otros pueblos en otras comarcas y provincias “, añade.

Cabañas comenzó a percatarse de la magnitud del mapa de fosas cuando Wenceslao Álvarez Oblanca, historiador de referencia en la provincia de León junto con Secundino Serrano, le ilustró la situación de una manera gráfica: “En León, sobre todo al sur, debajo de cada arbusto hay una fosa”.

“Durante todo el proceso de búsqueda de mis familiares fui pasando de lo personal y familiar a lo colectivo”, narra Cabañas que, en el germen de su investigación, se encontraba solo, “me sentía como un francotirador”, subraya, ya que hasta 2002 no se unió al movimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Ese año vi un documental en Informe Semanal sobre la fosa de Piedrafita de Babia y al día siguiente contacté con la ARMH porque me dí cuenta que había otras personas que hacían lo mismo que yo llevaba años haciendo, pero de manera organizada”.

“Indagador” todoterreno

José Cabañas González, que se declara como un “modesto indagador aficionado”, ha llevado a cabo esta misión en su tiempo libre, sin ningún tipo de subvención ni de ayuda y autoeditando su libro. “La única oportunidad que tenía”, confiesa, “ya que es muy difícil que las editoriales apuesten por alguien que no es conocido y que nunca antes había publicado”.

Pero el dinero no lo es todo y en este caso “no es nada”, apunta Cabañas, quien encuentra la mayor satisfacción en la contribución que ha hecho a que otras familias “logren saber, en muchos casos, la identidad de víctimas que consideraban desaparecidas”.

Cabañas ya está preparando el segundo volumen de ‘La Bañeza 1936. La Vorágine de julio…’, que documenta el periodo de la historia de España de 1808 a 1931 en esta zona de León.

http://www.lavozdeasturias.es/politica/madre-trasmitio-querer-dolor-huerfana-Jose-Cabanas-fusilados-guerra-civil_0_366563539.html