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La Palma: Pioneros en la recuperación de la memoria histórica

Diario de Avisos, | 23 enero 2011

Trece de las cincuenta personas que fueron asesinadas por la represión franquista en la Isla ya se han localizado y siguen buscando al resto de desaparecidos

DAVID SANZ | SANTA CRUZ DE LA PALMA

El proceso de recuperación de la memoria histórica, que nace en España a contracorriente de una cierta amnesia derivada de la transición democrática, tiene en La Palma su principal antecedente. Se trata del hallazgo en 1994 de la fosa común, en el entorno del Pino del Consuelo, en Fuencaliente, donde encontraron los restos de cinco personas asesinadas por la represión franquista, uno de ellos el que fuera último alcalde antes de la guerra civil de Los Llanos de Aridane, Francisco Rodríguez Betancor.

Se trata del primer hallazgo de este tipo realizado en España, como lo corrobora la abogada e historiadora María Victoria Hernández, quien subraya además que sentó el precedente de que fuera el Juzgado quien se hiciera cargo de los trámites. En 2006, cuando por iniciativa de familiares se sigue excavando en ese entorno de Fuencaliente, y se encuentran nuevos restos, será la primera vez que en Canarias se realiza una exhumación científica de fosas de la guerra civil, efectuada por un equipo de arqueólogos que dio como resultado, en dos fases, el hallazgo de restos de 8 personas.

Se puede especular sobre el carácter sociológico que subyace en La Palma para ser pioneros en esta materia, pero lo cierto es que el motivo que aparece detrás de ellos es el impulso de familiares de estas personas ajusticiadas por encontrar a sus parientes y darle sepultura donde honrar su memoria. En este sentido se ha pronunciado en numerosas ocasiones la presidenta de la Asociación para la Memoria Histórica de La Palma, Aralda Rodríguez, auténtico motor de este movimiento, que no ha cedido al desaliento pese a los múltiples sinsabores y dificultades que ha ido encontrado en este camino tortuoso para encontrar los restos de su padre.

La memoria oral, recogida por los familiares y los investigadores de la Guerra Civil, ha sido la que ha conducido hasta estos hallazgos. En el caso del alcalde de Los Llanos, según recogían las crónicas periodísticas de la época, la familia supo de su emplazamiento porque una persona que participó en los hechos, se lo confesó a un amigo y le pidió que cuando falleciese le trasladara la ubicación a los familiares de Rodríguez Betancor. La siguiente excavación, que tuvo como fruto el hallazgo de ocho personas, fue por el testimonio de Melo Pérez, vecino de Montes de Luna,que había oído contar la historia a su abuelo. En ambos casos fueron los familiares los que encontraron los restos.

El próximo mes de febrero está previsto el enterramiento en el cementerio de Fuencaliente de estos restos, que por fin tendrán una sepultura digna. Pese a que sólo dos de las ocho personas fueron identificadas con las pruebas de ADN, la Asociación de La Palma no ha caído en el desaliento y ha seguido buscando, sin éxito de momento, en los 36 emplazamientos que tienen señalados como posibles lugares donde se encuentren más fosas.

El investigador Alfredo Mederos ha estudiado esta etapa de la historia con la minuciosidad científica del químico que es y ha calculado que las personas que desaparecieron en la Isla asesinadas fueron cincuenta ( de las que ya se han encontrado trece). Además existe un caso, el de José Sanblás Felipe, que en 1936 era concejal socialista en Los Llanos, de quien se tiene constancia de que “salió huyendo al monte y llegó a Santa Cruz de La Palma, pero nunca más se supo nada de él”

Mederos tiene claro que “la mayoría” de estas víctimas fueron enterradas en Fuencaliente. “Otros en Garafía, como el cojo de Los Sauces; algunos en los barrancos de Puntallana y otros en Los Llanos”. ¿Por qué el pinar de Fuencaliente era el lugar elegido para estas ejecuciones?.  “Era un lugar estratégico, de acceso cómodo, con una carretera, estaba cerca y a la vez aislado. De Montes de Luna, el poblado más cercano, apenas llegarían los gritos”.

Las víctimas fueron todos alzados o colaboradores de ellos. Los alzados fueron aquellos que “o se fueron al monte o se escondieron hasta que los detuvieron” cuando llegó el levantamiento militar a La Palma. En cuanto a los colaboradores, gente que le prestaba sustento vital (comida, ropa, etc) a los alzados, destacaron casos como el de Vidal, que con 17 años, su único pecado era coger una cesta de pan, de la panadería de sus padres, y dejársela a los alzados.

Salvar el alma

Vidal fue uno de los llamados “trece de Fuencaliente”. “Lo detuvieron, lo torturaron y lo llevaron al cuartel de San Francisco. De allí los sacaron en dos tandas y los llevaron al Pinar para matarlos”. Tanto Mederos como los arqueólogos están convencidos de que los ocho cuerpos hallados pertenecen a este grupo. De hecho, los dos únicos que se han podido identificar por las pruebas de ADN pertenecen a los trece.

Mederos considera que esta política del terror fue planificada “desde arriba”. “Había que eliminarlos para que la gente tuviera miedo”.  En lo que se refiere a lo asesinos, explicó que se trataban de grupos paramilitares que estaban formados por Acción Ciudadana y la Falange, además de la Guardia Civil. “Estaba planificado por los militares pero el trabajo sucio lo hacían otros”.

El culmen del cinismo de esta atroz solución llegó cuando estas fuerzas que propiciaron el asesinato de tantos conciudadanos suyos se preocuparon porque los estaban matando sin darle la oportunidad de que se arrepintieran de sus pecados. “Fueron a hablar con el capellán militar para que antes de asesinarlos, pudieran confesarlos y darle la extrema unción. No estaban preocupados por matarlos, sino por limpiarles el alma”, comenta Mederos.

¿Qué datos arrojan los restos de las personas halladas en el pinar de Fuencaliente sobre las condiciones de su muerte?. Verónica Alberto, coordinadora de Arqueocanarias, empresa que realizó las excavaciones, recuerda que nada más comenzar los trabajos “nos dimos cuenta que no íbamos a encontrar una fosa común con los trece cuerpos”.  El patrón de enterramiento era diferente. Los habían matado en varias tandas y los enterraron en fosas triples”. En la primera intervención encontraron dos fosas, con seis cuerpos en total. Los familiares siguieron buscando y hallaron una nueva tumba con restos de dos cuerpos. En total hallaron los restos de ocho personas en tres tumbas.

¿Cómo los mataban?

Alberto recuerda que las condiciones de cómo murieron eran “muy evidentes”. “Todos registraban tiros en la cabeza, a bocajarro, luego aparecían otros impactos de bala, que se hicieron cuando fueron arrojados en las fosas, tal vez para rematarlos. En algunos casos iban con las manos atadas y, por la secuencia de los enterramientos, los asesinatos se realizaron de forma individual, hasta completar cada una de las fosas”.

En la excavación también se recuperaron algunos objetos, muy pocos, de tipo personal, relacionados con la vestimenta (suela de zapatos, hebillas, botones), además de una pipa de fumar, restos de una maquinilla de afeitar de metal y un trozo de lápiz. También se localizaron los casquillos de la balas con que fueron asesinados.

Luego se hicieron los análisis de ADN y de los dos casos que fueron positivos, correspondían a los trece de Fuencaliente. La arqueóloga explica que “las identificaciones no se han podido completar porque la toma de muestras de familiares vivos de referencia ha sido difícil, porque se necesita una filiación muy concreta, que en todos los casos no se ha podido encontrar. Se hicieron estudios de ADN mitocondrial, que se trasmite por vía materna. Aunque tengo entendido que se quiere seguir con los análisis y se va a probar con el ADN nuclear que se trasmite vía paterna y que aumenta las posibilidades de identificación”. Con todo, está convencida de que los restos son de los trece de Fuencaliente.

“Donde va…no tendrá frío”

Tiene 84 años, pero recuerda nítidamente lo que sucedió un día de 1936 cuando vinieron a buscar a su tío, Félix Ferraz Vergara. Entonces Felipe Santiago González Ferraz era un niño de 10 años y su tío 23. “Vivía  donde le dicen el barranco La Lava”, en la zona de Malpaíses, Mazo, con sus padres. “Lo que hacía era llevarle comida a los nueve que se escondieron hasta que vino el velero Añaza en el que huyeron”. En ese grupo figuraba el líder comunista Florisel Mendoza Santos y Félix Ferraz Vergara, aunque no era un político activo, “simpatizaba con la izquierda”.

Primero se escondió este grupo en unos pajeros que estaban por debajo de la casa de Félix, para después pasar a la cueva conocida como La Mejorana, en la Montaña de Azufre. “Mi tío les llevaba de comer en un cesto. Ponía los alimentos en el fondo y encima colocaba la comida de los animales para esconderla”. Cuando lo detuvieron por colaborar con este grupo de alzados, “mi abuela le dijo que cogiera un abrigo, pero los captores le indicaron que “donde va no le hace falta abrigo”. “Recuerdo a mi abuela todo el día llorando; vivió muchos años y siempre tuvo ese dolor”. A los pocos días lo fueron a ver al Ayuntamiento de Mazo, donde lo tenían retenido en muy mal estado, y después “ya no se supo más de él”. La familia está convencida de que sus restos se encuentran en Fuencaliente. Félix Ferraz pudo haber huido en barco, pero no quiso hacerlo porque sentía el deber de ayudar a sus padres que eran mayores.

http://www.diariodeavisos.com/2011/diariodeavisos/content/4220/