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Reflexiones y carta a Jorge Videla de un ciudadano español, hoy un poco argentino

Eduardo Montagut Contreras. 22 Dic 2010 | 3 enero 2011

Solamente mereces el desprecio más absoluto, el oprobio al que se hacen acreedores los que se creen salvadores de la patria y solamente siembran dolor, sangre y espanto

Ante las declaraciones y justificaciones emitidas por Jorge Videla en el juicio al que ha sido sometido, no he podido dejar de pensar que tenía una obligación moral, muy modesta, por supuesto, con los desaparecidos y sus familias en un país tan cercano al nuestro. Siempre he sido de la opinión de que no todas las ideas y argumentos son válidos ni respetables. No entiendo la democracia como un sistema que pueda permitir sin respuesta que personas o grupos defiendan ideologías o lancen discursos y mensajes que siembren el odio, insulten a las víctimas, justifiquen o promuevan la aniquilación del ser humano.

Los argumentos justificativos de Jorge Videla no son nuevos, los vemos repetirse en dictadores y defensores de las dictaduras, en el presente y en el pasado, en América Latina, en Asia, África o en Europa, incluido nuestro país, donde hay todavía gente que piensa que el Caudillo por la Gracia de Dios salvó a España de una supuesta dictadura comunista, gracias a la machacona propaganda franquista y con la inestimable ayuda de los propagandistas neofranquistas actuales.

Dice Videla que lo que ocurrió fue una guerra justa, justísima, es decir, si mal no recuerdo, la que se libró con las detenciones ilegales, en las salas de tortura, en las prisiones clandestinas, con los atentados de la Operación Cóndor, en los aviones sobre el mar lanzando a los detenidos, o en el secuestro de los niños de las detenidas torturadas y asesinadas. Fue la guerra justa o “santa”, la que lideró en sus primeros años un personaje de comunión diaria, sin escrúpulos de conciencia.

Ahora me dirijo a ti, ciudadano Videla, porque a pesar de los pesares, el estado de derecho argentino te juzga con garantías y te reconoce tu condición de ciudadano, esa que negaste a miles de tus compatriotas y de otros países. Ahora, cuando ya no puedes tortura, te dedicas a seguir insultando a la memoria de los desaparecidos, a sus familiares, al propio espíritu cristiano, ese al que crees ser devoto, a la inteligencia y a la decencia. Solamente mereces el desprecio más absoluto, el oprobio al que se hacen acreedores los que se creen salvadores de la patria y solamente siembran dolor, sangre y espanto. En tu conciencia quede siempre ese horror, ex-militar, condición a la que deshonraste desde el primer día del golpe. Ya has conseguido alcanzar el lamentable honor de pertenecer a la detestable galería de tiranos sanguinarios, de monstruos que la Humanidad ha tenido que sufrir en la reciente historia. No te apures, Videla, no estás solo, ni eres el más importante, pero ya tienes derecho a un lugar entre ellos.

http://lacomunidad.elpais.com/memoria-historica/2010/12/22/reflexiones-y-carta-jorge-videla-un-ciudadano-espanol-hoy