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Testimonio novelado: ‘Después de bajar al infierno en Mauthausen, subí al paraíso

El Mundo.es, 03/01/2011 | 6 enero 2011

La periodista Paloma Sanz ha recreado la vida Ramiro Santiesteban en ‘Amanece en París’

Jéssica Nieto | Madrid

Las voces que sobrevivieron al Holocausto siempre resultan estremecedoras. Ramiro Santiesteban, a sus casi 90 años, habla del infierno y del paraíso, de su antes y después de Mauthausen. Español ahora residente en Francia, fue hecho preso por los nazis -junto a su padre y su hermano- pero consiguió rehacer una vida que ha recreado en forma de novela la periodista Paloma Sanz en ‘Amanece en París’ (Temas de Hoy).

“Dime si tienes miedo a morir. ¡Dímelo! Te ordeno que me lo digas, ¡desgraciado!”. Santiesteban recuerda cómo le gritaba un sargento de las SS hace más de seis décadas. Dice que ha perdonado, pero que es incapaz de olvidar.

Entre 1940 y 1945 unos 7.500 españoles -de un total de 200.000 prisioneros internacionales- estuvieron confinados en Mauthausen, un campo de concentración calificado por los nazis como el único de categoría III, es decir, de exterminio total. “Después de bajar al infierno subí al paraíso”, relata Santiesteban al otro lado del teléfono.

Sus anécdotas de aquellos años se cuentan por atrocidades. Fue detenido en la frontera entre España y Francia, huyendo de Laredo (Cantabria) por la Guerra Civil. Entró en el campo de concentración con 16 años. Recuerda, por ejemplo, la vez en que tres prisioneros judíos polacos traspasaron los límites de seguridad, rasgaron sus camisas y mostraron su pecho desnudo al centinela para que les disparase ante los ojos de todos.

O cuando un oficial obligó a un prisionero ruso a tirarse por un despeñadero. “Para sorpresa de todos, incluso del oficial, el hombre se puso en pie. Había sobrevivido a la caída. Fue un milagro. Pero, el oficial le obligó a subir de nuevo los 186 peldaños que conformaban la ‘escalera de la muerte’ para que se tirase de nuevo. No se volvió a levantar”, explica. “Son imágenes que no se borrarán nunca de mi memoria”.

Dice que nunca pensó en el suicidio, algo muy habitual en aquella cruenta realidad. “Cada mañana aparecían 15 o 20 personas que se habían lanzado contra las vallas electrificadas”. Y cuenta que lo más duro fue compartir cautiverio con su padre y su hermano porque “se sufre más cuando se tiene familia en el campo”.

Santiesteban se salvó del exterminio. El día que llegaron las tropas americanas y les liberaron “fue el más feliz” de su vida. Pero necesitó muchos años para salvarse de lo que venía después: la vuelta a la vida. En este punto, Santisteban hace un alegato del amor incondicional de su mujer: “Hace falta mucho tiempo para poder hacer una vida normal después de una experiencia así. He pasado muy malos momentos hasta que conocí a Niní, mi gran compañera”.

En ese sentimiento de amor se escuda la autora para dar forma a la novela. “Ese amor incondicional que actúa como elemento redentor y que permite sobreponerse a terribles circunstancias”, destaca Sanz.

La también autora de ‘Rojo pasión, negro destino, verde porvenir’ explica que todo lo que sucede en el libro, tanto los hechos, como las descripciones y los personajes son reales. “Para esta novela me he guiado completamente por el testimonio de Ramiro, un testigo del siglo XX que ha vivido en primera persona la Guerra Civil española y la segunda Guerra Mundial y sus consecuencias y que es uno de los pocos que todavía continúa vivo”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/03/cultura/1294042981.html