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Del franquismo a la cleptocracia

Alfredo Grimaldos. Republicanos.info, 24-02-2011 | 28 febrero 2011

El sistema político surgido de los ilegítimos acuerdos subterráneos de la Transición ha convertido al Estado español en la cueva de Alí Babá

JUEVES, 24 FEBRERO 2011

El 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la II República, y el 16 de febrero de 1936 –con más claridad aún-, son dos fechas que marcaron el camino de la regeneración moral de este país y abrieron nuevas vías a la legítima lucha por la razón, la igualdad y la libertad. Muchas décadas después, tras la larga noche de la dictadura y la gran estafa del posfranquismo, nos encontramos en un pozo negro de podredumbre política y explotación global. La espontánea llamarada de alegría provocada por la victoria del Frente Popular hace 75 años continúa siendo una referencia fundamental para continuar peleando contra este sistema de bipartidismo plutocrático.

El sistema político surgido de los ilegítimos acuerdos subterráneos de la Transición ha convertido al Estado español en la cueva de Alí Babá. La corrupción se apodera de todo y la Justicia, subsidiaria del poder político, nunca actúa contra los grandes delincuentes. Hay que tener siempre presente que Juan Carlos I de Borbón y Borbón, situado en la cúpula de este entramado, está exento de responsabilidad penal, aunque le duela la mano de tanto poner el cazo.

Los grandes estafadores del país, como Botín o los Albertos, se han librado de la cárcel gracias a artificios legales concebidos expresamente para ellos. En otros casos, como el del testaferro real Manuel de Prado y Colón de Carvajal –íntimo del Monarca, igual que Alberto Alcocer-, se permitió, benévolamente, que el delincuente incumpliera la sentencia correspondiente y abandonara la prisión al poco tiempo de ingresar en ella, sin devolver un duro de lo que había robado. El más reciente beneficiado por el rasero que se utiliza para juzgar los delitos de políticos, banqueros y grandes empresarios ha sido el actual presidente de Telefónica, César Alierta, quien ha buscado al “yernísimo” Urdangarín un privilegiado puesto de trabajo en Telefónica, antigua empresa pública que fue privatizada con completo acuerdo entre el PSOE y el PP.

En el vértice de este sistema inmoral e ilegítimo está el Monarca. Designado por el propio Franco “sucesor a título de Rey”, es el campeón de los comisionistas y el espejo en el que se miran, a la hora de “recaudar”, presidentes autonómicos, diputados, alcaldes y hasta los concejales del pueblo con menor presupuesto municipal. La ignominia instalada en el escaparate del Estado. Empresarios afines, parientes, amigos y amantes se benefician de una forma de hacer política que propicia el saqueo sin piedad del dinero de los ciudadanos.

El recuerdo de quienes dieron su vida por la libertad nos devuelve a otro mundo, el que se quiere seguir manteniendo enterrado. Los republicanos asesinados por los criminales que actuaban bajo las órdenes de Yagüe, Queipo de Llano y el propio Franco aún continúan en las cunetas, 35 años después de la muerte del dictador, mientras las iglesias aún exhiben las placas de “Caídos por Dios y por España”.

En 1973, el “opositor” monárquico Joaquín Satrústegui, que cuatro años más tarde se convertiría en senador por designación real, ya declaraba en Roma: “Debemos tratar de controlar y evitar la movilización mayoritaria y la situación que se podría dar después como consecuencia de ella”. Y añadía, con claras dotes proféticas, refiriéndose al partido dirigido por Santiago Carrillo: “Hay que domeñar, a costa de lo que sea, a los comunistas, sobre todo, y, más importante aún, hay que integrar a sus dirigentes en nuestro proyecto, para que sean ellos mismos los que controlen y eviten la  violencia de las huelgas y las revueltas estudiantiles, sobre las que tienen una gran autoridad e influencia. Hay que evitar a toda costa que se proclame la República de nuevo”.

El secretario general del PCE entendió perfectamente este mensaje y pronto acabó aceptando la Monarquía y haciendo de policía desmovilizador en su importante área de influencia. Acatando sus órdenes y por primera vez en la historia, las bases del partido se vieron obligadas a enarbolar la bandera de la monarquía borbónica, la misma que presidía los consejos de guerra franquistas, y también a enfrentarse con quienes se empeñaban en seguir esgrimiendo la enseña tricolor. En más de una ocasión pudimos ver a curtidos militantes cumplir esa insólita y amarga misión con los ojos empañados: “Por favor, compañero, vamos a intentar que no haya problemas… Tengo que hacer esto por disciplina de partido, entiéndelo”.

En este 75 aniversario de la victoria del Frente Popular, tenemos claro que la República no es sólo historia, sino imprescindible futuro.

http://www.republicanos.info/2011/02/24/del-franquismo-a-la-cleptocracia-por-alfredo-girmaldos/