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El franquismo contra la propiedad privada

Eduardo Montagut Contreras, 14 Feb 2011 | 15 febrero 2011

La represión económica es otra más de las sorpresas que el franquismo nos sigue deparando decenios después

El título de este artículo pretende reflexionar sobre cómo el franquismo ha sido, a la espera de que lo confirmen de forma definitiva los estudios historiográficos sobre la represión económica del régimen, posiblemente, el sistema político que más ha atentado contra la propiedad privada en la historia contemporánea española. ¿Paradójico, no? El franquismo fue el defensor y garante de la propiedad en España, devolvió las tierras, talleres y fábricas colectivizadas en la guerra, y las tierras expropiadas por la reforma agraria emprendida por la República. Es más, la dictadura clamó durante toda su eterna existencia sobre el famoso oro de Moscú, al parecer, robo máximo del gobierno republicano. En fin, el franquismo fue apoyado por las clases propietarias de este país, especialmente la de los terratenientes, los empresarios y banqueros; entonces, ¿por qué empezamos diciendo que atentó contra la propiedad privada como, quizás, ningún sistema, gobierno, sindicato o partido ha hecho en los dos siglos largos que van desde la guerra de la Independencia a la democracia actual?

Resulta que, poco a poco, descubrimos la otra cara de la represión franquista, la económica, la menos conocida hasta ahora, salvo excepciones. Sí sabíamos de las incautaciones de los bienes y propiedades de los partidos políticos y sindicatos, del robo de bienes a los grandes protagonistas políticos, como el caso de la biblioteca de Casares Quiroga, o de las propiedades de Alcalá-Zamora, entre muchos ejemplos a citar. También éramos conocedores del gran fraude con el dinero incautado de la República que dejó sin nada a miles de ciudadanos españoles. Por fin, en abierta polémica política, también somos conocedores del robo de documentos a la Generalitat y el gobierno vasco. Pero ahora, algunos historiadores o grupos de trabajo como el proyecto “Rapiña” en Andalucía nos están comenzando a desvelar la magnitud del robo de la dictadura: hablan de las penas pecuniarias, de las expropiaciones al margen de la ley, de expolios puros y duros que sufrieron gentes de toda condición social: adinerados y humildes, familias burguesas liberales, jornaleros y obreros. Los que perdieron la guerra no tenían derecho a nada, o casi nada, y debían pagar, no sólo con la cárcel, la pena de muerte o la depuración de su puesto de trabajo, sino también con dinero y bienes. Habían de purgar sus numerosos delitos y culpas contra España, Dios y la civilización. Daba igual que el supuesto culpable hubiera muerto en la guerra, en el frente o “paseado” en la retaguardia; una vez fallecido, todavía tenía una deuda con la verdadera y única España posible y verdadera. Y esa deuda había que pagarla.

Quizás nos llevemos una sorpresa cuando los estudios serios hagan recuento de lo robado, expoliado, expropiado o escamoteado. Quizás descubramos una forma peculiar de terminar con determinada propiedad privada, la que pertenecía al enemigo político vencido, mientras se restituía la perdida por los afines y sostenedores de la “causa nacional”. Si una izquierda expropió para hacer la reforma agraria y otra izquierda por considerar que la propiedad era un robo y solamente era lícita la colectiva, el franquismo expropió como medio de castigo en su propio beneficio. Es un tema interesante para estudiar de forma detenida.

La represión económica es otra más de las sorpresas que el franquismo nos sigue deparando decenios después y que van desmontando uno por uno de los mitos que fabricó su propaganda. Es una cuestión importante para los que creen que ya sabemos todo del pasado reciente de nuestro país y que no conviene removerlo porque eso, supuestamente, reabriría heridas que, en realidad, nunca se cerraron. Mejor que se callen, dirán los “organizadores del olvido” –feliz expresión acuñada por Gelman- porque, al igual que los que buscan sus muertos en las miles de fosas repartidas por estas tierras del sur de Europa, las familias expoliadas y los investigadores lo que realmente pretenden es generar tensión. Pero los olvidadizos, que nos repiten constantemente que “hay que mirar al futuro y más en tiempos de crisis”, obvian que sus padres y abuelos recuperaron lo perdido, como a sus muertos. ¡Lástima de que en este país haya mucha gente que no sufre de amnesia!, los de siempre, esto es, el rojerío o la progresía rencorosa, en estrecho contubernio con los nacionalismos no españolistas, que se apuntan a un “bombardeo” (aunque no al de Gernika, por mucho que todavía alguien dude de quienes fueron sus autores) con tal de chinchar a los buenos españoles. ¿Y el oro de los españoles dónde está?

http://lacomunidad.elpais.com/memoria-historica/2011/2/14/el-franquismo-contra-propiedad-privada