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El PCE en la Guerra Civil

Lne.es, 17-02-2011 | 19 febrero 2011

La ajustada visión del historiador Hernández Sánchez

ULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS En la oceánica literatura histórica que ha producido la Guerra Civil española, el del papel del PCE en el conflicto civil ha sido uno de los temas que más atención ha despertado entre los historiadores, estudiosos y protagonistas, dada la relevancia que los comunistas tuvieron en el desarrollo bélico. Pero también ha sido uno de los más parcial y subjetivamente tratados, como demuestra este libro del historiador Fernando Hernández Sánchez, Guerra o Revolución. El Partido Comunista de España en la Guerra Civil (Crítica, 2010). Tanto en las interpretaciones que se han venido dando de esa participación por la literatura de la izquierda anticomunista (socialista y anarquista) como en las procedentes de la derecha (las de tendencia liberal y conservadora y la franquista).

Con finalidades ideológicas diferentes (como es obvio) esa historiografía, construida de manera dominante con fuentes secundarias y memorialísticas incidía (y coincidía) en una valoración profundamente negativa del papel de los comunistas españoles en la contienda civil. Para los socialitas y anarquistas del exilio, que buscaban su autojustificación por la derrota , los comunistas trataron de imponer una férrea hegemonía dentro del campo republicano, subordinando la guerra a los intereses estalinianos de la Komitern (Internacional Comunista ) y, por ende, habrían sido los verdaderos responsables de la derrota republicana La interpretación canónica de la derecha, con otro significado y finalidad ideológicas, coincidía grosso modo con ese modelo interpretativo. Modelo que alcanzó su versión canónica, en el contexto de la cruzada anticomunista desarrollada durante la guerra fría, con la obra de Burnett Bolloten que se convirtió en el paradigma interpretativo a seguir por unos y otros hasta prácticamente hoy.

Según Bolloten, la estrategia comunista para dominar la República habría tenido tres pilares: el ascenso fulgurante del Partido Comunista en número y fuerza organizativa; su conversión en un partido «refugio» de capas medias temerosas de la revolución social que pretendían llevar a cabo, aprovechando la guerra, los anarquistas y la izquierda radical; y, finalmente, el desarrollo por el partido de una operación de camuflaje de sus verdaderas intenciones totalitarias impuestas por Stalin, ocultándolas bajo el barniz de un partido frentepopulista cuyo objetivo era alcanzar una revolución democrática republicana, cuando en realidad, su meta (apuntaba el historiador británico en pleno desarrollo de la guerra fría) era implantar una versión avant la lettre de una democracia popular como las que existían en ese momento tras el Telón de Acero.

Por su parte, el PCE también elaboró su propia interpretación canónica en los años sesenta en una obra redactada por una comisión del Comité Central con el título de Guerra y Revolución, en la que se caracterizaba la Guerra Civil como una guerra popular revolucionaria contra los residuos feudales de la aristocracia terrateniente, el capitalismo monopolista y el ejército de casta; y una guerra nacional patriótica frente a la invasión de las potencias del Eje. Interpretación que adolecía de evidentes connotaciones hagiográficas y partidarias.

Dada esa situación historiográfica, el análisis de Fernando Hernández Sánchez, que es conocido como coautor con Ángel Viñas de un excelente libro sobre el fin de la República (El desplome de la república, Crítica, 2009) ha consistido en hacer una nueva lectura de la historia del Partido Comunista en la Guerra Civil a través de las fuentes primarias para revisar la pertinencia o no de esas interpretaciones de la historiografía tradicional pasando revista no sólo al papel jugado por el Partido a lo largo del curso del conflicto, sino también ( y esto es que quizás lo más novedoso e interesante de este libro que va a ser, sin duda, una obra de referencia para este tema ) a las dimensiones, sociología, organización interna y funcionamiento del partido. Análisis que le permite al autor criticar y desmontar convincentemente la mayor parte de las interpretaciones fosilizadas y sesgadas tradicionales, poniendo fin a numerosos mitos y leyendas que envolvían esa historia.

Hernández no sólo pone en justo término el crecimiento exponencial que tuvo el Partido hasta aproximadamente la mitad de la guerra, que le hizo pasar de ser un partido marginal al comienzo de la República a convertirse en un partido de masas durante el conflicto, como consecuencia, en gran medida, de su cambio de estrategia política al pasar de tener como objetivo su lucha contra el socialfascismo a convertirse en un partido defensor del frentepopulismo y de los ideales democráticos republicanos. Además de utilizar unas modernas técnicas de propaganda y tener a su favor el prestigio de la modernidad de la joven Unión Soviética. Pero ese enorme crecimiento cuantitativo tuvo, según nuestro historiador, sus limitaciones en el sentido que ni fue equilibrado territorialmente, ni se realizó logrando convertir la cantidad en cualidad entre sus militantes y no se hizo, como se ha venido diciendo, a base de un proselitismo feroz a costa de los partidos de izquierda..

Tras el análisis del autor tampoco puede aceptarse el mito creado, sobre todo por Bolloten, de un partido integrado más que por obreros por capas medias temerosas de los amagos de revolución social de los anarquistas y el socialismo radical. El análisis sociológico de sus componentes lo muestra como un partido interclasista, en el que obreros y campesinos tuvieron un lugar destacado y en que los nuevos militantes eran sobre todo, jóvenes y mujeres.

La reconstrucción a través de fuentes primarias de las posiciones y actuaciones políticas de PCE en el Gobierno de Largo Caballero y en los de Negrín dejan ver que no hubo una la subordinación incondicional a las estrategias estalinistas de la Internacional Comunista y la obediencia a sus directrices y mandatos fue rota en muchas ocasiones por el PCE para adaptarse a las circunstancias y problemas de la guerra. Lo que deja fuera de lugar la imagen de un partido títere en manos de Stalin como se ha venido manteniendo por numerosos historiadores y protagonistas de la guerra. Frente y contra la opinión de Moscú, formaron parte del Gobierno de Largo Caballero en 1936 y, al contrario, el PCE contribuyó, en contra de la opinión de Stalin, a derribar al líder socialista del gobierno en 1937. Como también hubo divergencias respecto a la depuración del POUM entre los soviéticos y el PCE, tras la insurrección de Barcelona contra la República en 1937.

Más bien lo que constata Hernández a través del análisis del discurso político de los dirigentes del PCE es que éste actuó con lealtad a la República y a su ideario frentepopulista ,como demostró con su apoyo hasta el final al Gobierno de Negrín frente al golpe de Casado, en contra de los que lo han interpretado como un intento de llevar hasta el final la guerra en aras de los intereses soviéticos.

Con todo ello y más allá de todas esas limitaciones, sombras y errores del PCE, a los que también se hace referencia en estas páginas, no es injustificado, sino que está bastante fundamentado que el autor concluya su libro caracterizando la actuación del PCE en la guerra como la de un auténtico y verdadero partido republicano, cuyo legado a las generaciones de militantes clandestinos que, tras la Guerra Civil, se enfrentaron al franquismo, fue su lucha contra el fascismo.

http://www.lne.es/cultura/2011/02/17/pce-guerra-civil/1034936.html