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El caso Foxá

Amigos de La República, | 12 marzo 2011

El caso Foxá, que va a llevar al banquillo a la concejala de Sevilla Pepa Medrano, es casi exacto al ocurrido en Francia con Céline

El caso Foxá, que va a llevar al banquillo judicial a la concejala de Sevilla Pepa Medrano, es casi exacto al ocurrido en Francia con Céline. Sólo que allí se va a resolver sin las reminiscencias del nazi-fascismo que en España nos llevan a vivir una especie de democracia de los vencedores, una vez demostrada la cobardía de la ley de memoria histórica, que sin duda está en la base de hechos surrealistas como el caso de Garzón, el de Miguel Hernández (que aún sigue condenado a muerte, como tantos otros) y el  caso Foxá.

¿Qué ocurrió exactamente en Sevilla? Se deniega un local municipal a la petición de “Homenaje a Agustín de Foxá en el cincuenta aniversario de su muerte” (sic). Es decir, no se prohíbe nada; simplemente no se cede un local municipal, un centro cívico, para un homenaje (nunca se dice literario) a un cómplice del genocidio fascista, por lo tanto, a un criminal franquista. Y para más datos: el homenaje al final se dio, por desobediencia de los peticionarios, en el recinto del centro cívico; exactamente en el jardín, sin que el Ayuntamiento desalojara ni mandara desalojar.

La concejala, y todo el grupo municipal, más el Ayuntamiento (excepto el PP, en minoría), avalaron esta actuación, que fue denunciada por dos asociaciones de ideología muy especial, que nada tiene que ver con la construcción de la democracia en nuestro país.

A raíz de la anulación del permiso, una serie de medios de comunicación inician una campaña feroz, a la que se suman, para sorpresa de todos, intelectuales muy conocidos, supuestamente de izquierdas (más bien “progres”; uno de ellos, después de alabar a Foxá, dijo que el grupo municipal de IU se ha pasado y tendría que arrepentirse públicamente).

En definitiva, se ha dictado el auto de procesamiento, por presunto delito, con petición de la fiscalía de una larga inhabilitación; y cárcel y otros “castigos” por parte de los denunciantes.

La primera reflexión hay que dirigirla al sujeto de este caso, don Agustín de Foxá, fascista, dirigente del régimen dictatorial y cómplice al menos del genocidio franquista; desde luego parecía, en principio, rechazado por la ley de memoria histórica como objeto de un “homenaje” que se dice literario pero, que más allá, se puede presuponer siempre político, ya que no es posible separar ambas cosas (al menos en este caso) con la “pureza” con la que ha actuado la derecha mediática, política y esos cándidos (y mercantiles) intelectuales de la progresía. Es más, la audiencia provincial dice en su auto que hubo intencionalidad política en la suspensión. ¿Y no la hubo, al menos al mismo nivel , en la petición del homenaje? Todo suena tanto a chapuza y a meter de matute un cierto escarmiento…

Cuando en Francia sacan a Céline de la conmemoración, por parte del mismo ministro que la aprobó en principio, éste llegó a la siguiente reflexión: “Céline merece todas las celebraciones literarias por su genialidad incontestable; pero al haber puesto su pluma al servicio de una ideología repugnante no encaja con el principio de las Celebraciones Nacionales”. Es decir, resultaba inseparable al autor de su obra, cosa que viene demostrando alguno hasta la saciedad, por eso no se puede entender que la jueza que instruyó el procedimiento habla de la literatura como algo ajeno a la ideología y perteneciente a la cultura, y que por eso debe ser honrada desde su calidad, con independencia de su funcionamiento real (el milagro de los panes y los peces: la literatura no tiene nada que cer con la ideología cultural). El caso de Foxá es exactamente igual, aunque desde luego nadie lo puede considerar un genio, como a Céline. Precisamente su novela emblemática, “Madrid de Corte a checa”, que empieza en un tono literario, termina en su última parte (“Hoz y martillo”, cito de memoria) con un ataque virulento no ya a los comunistas y republicanos, que también, sino al pueblo llano de Madrid, al que se observa con auténtica mirada genocida.

Así, pues, de matute, desde una concepción purista, metafísica, de la literatura (cuya autonomía, por cierto, ha sido laminada por el mercado en los últimos años), se está intentando solventar algo podrido, sanguinario, que se sigue defendiendo, esta vez con el pretexto de la literatura

Un juez y una concejala, ingenuamente, se han adentrado por el jardín de un antiguo dominio aún vigente (el franquismo), y todavía no han regresado. Se les intenta anular, “castigar” con los instrumentos de la democracia. El mundo al revés: hace 40 años el fascismo no permitía la existencia de la democracia; hoy, en cambio, resulta que lo antidemócrata es no dejar que este pensamiento, el fascismo, rinda homenaje a los suyos. Vaya bodrio de ley de memoria histórica.

http://larepublica.es/blogs/contralasoledad/2011/03/09/el-caso-foxa/