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Ex presos en el tiempo del túnel

El País, 27/03/2011 | 28 marzo 2011

Seis antiguos penados de ETA y LCR se reúnen en la cárcel de Segovia y piden que se juzgue a los represores franquistas

CHARO NOGUEIRA – Segovia –

“¡Recuento!”. Los hombres dan un respingo al escuchar el grito. “Uf, el corazón me ha dado un vuelco”, exclama uno. Es una broma que sobresalta a todos. Son seis y andan entre los cincuenta y muchos y los sesenta y tantos años. De un plumazo, se han quitado 33 de encima, los que llevan en libertad tras haber penado por ella.

-¿Ustedes quiénes son?

-Somos ex presos.

-No. Somos presos, porque no nos han borrado los antecedentes, ni han anulado nuestros procesos.

Estamos en la antigua cárcel de Segovia, de la que dos de los visitantes de hoy lograron huir en 1976, en una fuga rocambolesca -luego película de la mano de Imanol Uribe-. El viernes volvieron a reunirse con su pasado y con su ánimo combativo. Es la primera vez que se juntan los seis tras estos barrotes que desde hace años sirven de plató de cine. Se proponen recuperar la memoria histórica más reciente, la que va desde el fin de la posguerra a la amnistía de octubre de 1977 que les devolvió la libertad. Son Sabin Arana, Josu Ibargutxi, Enrique Guesalaga, Xabier Armendariz, Miguel Gómez y José María, Chato, Galante. Cuatro vascos, un zamorano y un madrileño. Dieron con sus huesos en esta prisión cuando militaban en ETA VI Asamblea -los cuatro primeros- y en la trotskista Liga Comunista Revolucionaria, organizaciones que acabarían fusionadas. Los periodistas de EL PAÍS los encuentran cuando recorren con la concejal de Cultura, Clara Luquero, la vieja cárcel especializada en presos políticos y que debuta en dos pabellones externos como centro cultural.

“Te da un poco de taquicardia volver. Son muchos años”, dice Arana. “Esto era una comuna”, describe Galante. En este frío penal convivían 86 presos políticos y 10 o 12 comunes. “Había de todo, de ETA, del PCE. Hasta del FRAP…”. Los hombres canosos hablan bajo el lucernario del que parten las cuatro galerías. En tres de ellas se alinean dos pisos de celdas vacías y polvorientas. Los visitantes son un libro vivo de la historia reciente que se resiste a pasar a los manuales. Y la relatan con avidez, con rápidos disparos a un pasado que no debe olvidarse. “Hicimos varias huelgas de hambre, una de ellas contra los fusilamientos de 1975. Franco vivía todavía”. “¡Y dos intentos de fuga!”. Lo dicen con orgullo y pasan a la acción rumbo a la planta baja.

Ibargutxi y Guesalaga hacen de cicerones. Son dos de los 29 presos políticos -de la V y la VI Asamblea de ETA, del Movimiento Ibérico de Liberación, y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico; sumaban más de 1.500 años de condena- que lograron fugarse de esta cárcel el 5 de abril de 1976. Se dirigen hacia las duchas donde los presos construyeron el túnel para el primer intento de huida. “Quitamos nueve azulejos, los colocamos en una placa y empezamos a excavar poco a poco un túnel hacia el alcantarillado. Cada día volvíamos a pegar los azulejos con crema de dientes. Íbamos a fugarnos 54”, explican. Un chivatazo abortó esta evasión cuando todo estaba a punto, en agosto de 1975. Y volvieron a empezar. Esta vez, en un hueco condenado de los aseos del patio y con el mismo sistema de los azulejos. “Ya teníamos conocimiento de la red de alcantarillado, por la primera vez”, puntualiza Guesalaga. “Salimos 29. Atravesamos Segovia por las alcantarillas, al menos un kilómetro arrastrándonos hasta llegar al colector grande. Nos recogió una furgoneta y luego viajamos escondidos en un camión de madera”, relata Ibargutxi. Llegaron hasta la zona de Roncesvalles (Navarra). Debían cruzar a pie a Francia, pero la niebla se alió contra ellos. Solo cuatro lograron pasar la frontera tras ocultarse varios días en un chalé. El resto cayó en el cerco de la Guardia Civil. Uno de ellos, Oriol Solé, murió en el tiroteo. “¿Te acuerdas?”. Y sí, todos se acuerdan de Solé mientras se hace el silencio.

Luego vuelve el ánimo combativo. “Esta tarde constituimos una asociación de presos de la dictadura, que se llamará La Comuna, para dar testimonio de lo que pasó. Queremos que se anulen todas las sentencias del Tribunal de Orden Público y las militares”, explica Galante tras abandonar el sitio del túnel ya invisible. “Queremos tener derecho a pedir una reparación, aunque quizá no lo ejerzamos, y que la Ley de Amnistía deje de ser una ley de punto final para que se pueda juzgar al aparato represivo y judicial franquista. Los crímenes contra la humanidad no prescriben”, añade con énfasis.

Rumbo a la salida, alguien cierra con cerrojazo la gruesa puerta de una celda. Otro sobresalto. “Eso es chapar. No hay otro ruido igual”. Con el sonido vuelven los recuerdos: las galerías son “más pequeñas” que en la memoria. “He procurado barrer los archivos para vivir más tranquilo. Y ha funcionado”, confiesa Guesalaga. “Mis nietos se quejan. Me dicen ‘ya estamos con la chapa de la puta cárcel”, añade. El túnel de la huida se ha convertido en el túnel del tiempo. Y en la vieja cárcel se acaban de rodar escenas de Torrente 4.

http://www.elpais.com/articulo/espana/Ex/presos/tiempo/tunel/elpepiesp/20110327elpepinac_9/Tes