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Manuel Rivas: “El juez estrella no se jugaría la cabeza”

Público, 15/03/2011 | 16 marzo 2011

El escritor gallego conversa con Baltasar Garzón en el libro, ‘La fuerza de la razón’, y considera que la memoria histórica es una tarea de futuro

PATRICIA CAMPELO Madrid

En su último trabajo, el periodista y escritor gallego, Manuel Rivas, ha conversado durante varias horas con el magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, un momento congelado por la cineasta Isabel Coixet en el documental Escuchando a Garzón.

Ayer, amigos y ex compañeros del juez, víctimas del franquismo, políticos, actores y escritores arroparon la presentación de La fuerza de la razón, el libro que recoge la amplia entrevista que Rivas hizo al magistrado suspendido en funciones por intentar investigar los crímenes franquistas.

Entre los muchos autores que evocó ayer el escritor durante la presentación del libro, Montesquieau le sirvió para explicar la esencia de la entrevista con el juez: “Una injusticia hecha a uno solo, es una amenaza hecha a todos”.

Rivas se reconoce “intermediario” entre el magistrado y el público en la tarea de “escuchar” al destinatario de tantas iras. “La gente tiene que escucharle de verdad en medio de tanto silencio mudo”, sostuvo.

Víctor Klemperer fue otro de los autores que Rivas trajo al calor de su discurso narrativo para ilustrar la importancia de las palabras como “dosis ínfimas de arsénico”, que despliegan su efecto pasado un tiempo.

Para el escritor, el intento de derrotar a Garzón “es un intento de deconstruir aquello en lo que los demócratas confiamos”. Y apunta hacia el narrador de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, para explicar que el juez “encarna todo aquello en lo que el ser humano quiere confiar”.

Con todo, el autor de ¿Qué me quieres amor?, presentó ayer el libro de conversaciones con el juez como “el antídoto contra ese arsénico que hoy es la injusticia evidente y la demolición mediática”.

¿Es Garzón un personaje incómodo para algunas instituciones españolas?

El problema de Garzón es todo lo que encarna. Es incómodo porque ha demostrado valor y porque no pueden decir ‘es uno de los nuestros’, sino que es un personaje incorruptible y con el valor suficiente como para que la justicia universal no tenga fronteras. Aquí todos vemos con naturalidad que se juzgue a los dictadores del resto del mundo, es decir, ‘bienvenidos todos los típicos tópicos siempre que sean nuestros’, pero falta una determinación del pensamiento liberal y progresista español. Esto no es una cuestión de izquierdas sino del partido de la humanidad. Hay dos partidos, el de la humanidad y el de la no humanidad. Personas del campo del libre pensamiento se abstienen y ven esta cuestión incómoda porque lleva riesgos y bofetadas pero, como decía Pío Baroja, “el reaccionario es un tozudo y el liberal es muy inconsistente y muy volátil”.

¿El juez estrella se ha comido al hombre de verdad?

Lo que veo es que el juez estrella no resistiría. Si realmente estuviéramos hablando del juez estrella sería cual piuma al vento. Si le interesase estar en la cresta de la ola jugaría con todos, como hacen algunos. Pero la condición de que no es juez estrella es que precisamente se está jugando la estrella de juez, se está jugando la cabeza. Eso no lo hacen las estrellas.

¿Se podrán juzgar algún día en España los crímenes franquistas?

No es un caso cerrado. Ha pasado mucho tiempo, pero también es cierto que en los últimos años se ha hecho muchísimo más que en todo el periodo anterior de suspensión de conciencias, de silencio. Creo que la sensación negativa se debe al equívoco de pensar que si se juzgaba el franquismo y el régimen se ponía en cuestión la convivencia. Hay que darle la vuelta al argumento y decir que no tendremos realmente una convivencia y que la propia democracia estará contaminada mientras nos movamos en esa especie de balsa sobre los huesos de las víctimas. Sobre todo es una cuestión de círculos de conciencia que tendrán que ir aumentando.

¿Qué queda de la herencia del franquismo?

El caso de Garzón es la demostración de que hay un hilo umbilical  en ciertos estamentos con una percepción y una mentalidad revisionista. Estos estamentos quieren dejar en suspenso ese periodo histórico, en una especie de amnesia retrógrada que es una amnesia selectiva. Y ya es hora de al franquismo llamarle fascismo. Esos sectores, esas élites como son parte del poder judicial o de la iglesia, son sectores de poder muy fuertes pero también está demostrada la fuerza de la gente y que sus conciencias no pueden ser amputadas.

¿Hay algún vínculo entre la impunidad del franquismo y la impunidad de la que gozan actualmente algunos casos de corrupción política?

No se puede hacer un manga de todo pero sí hay un problema de corrupción asociado al propio modelo que tiene que ver con la Transición incluso con el sistema electoral como es la duración de los mandatos. Hay un problema nuclear: la corrupción tiene una naturaleza autoritaria. Es el poder que trata de suplantar a los ciudadanos. Es un poder que se mueve en lo oculto, hay un dinero sucio que trata de esconderse tras lo honesto. Y en medio de este magna yo invito a una reflexión: si detrás de la Gürtel— que es el caso de corrupción más amplio que se ha dado en democracia— y si los responsables no son juzgados, debemos preguntarnos si no existe peligro de estar gobernados en España por redes mafiosas.

¿Por qué cree que algunos de los afectados por las adopciones irregulares de las últimas décadas de la dictadura y primeros años de la democracia insisten en que no son memoria histórica?

Puede que sea un asunto táctico y de autodefensa frente a los prejuicios. Pero lo que es evidente es que desde una perspectiva rigurosa de la historia todo esto es una trama que se remonta a la posguerra y no es algo oculto, sino organizado dentro del plan sistemático del franquismo. Invito a leer, no solo el auto de Garzón, sino los trabajos de historiadores y a ver documentales donde se documenta el origen histórico determinado y las directrices del régimen que respondían a la idea de arrancar hasta la última raíz de pensamiento de izquierdas.

¿Cómo valora el papel del Gobierno frente al trabajo de las asociaciones de memoria histórica?

Este movimiento empezó como una iniciativa cívica, sin apoyo estatal porque no se habían perdido esos depósitos de memoria y de esperanza. La memoria es un movimiento hacia delante, una tarea de futuro que va del campo didáctico hacia el campo de la justicia. Poner trabas es echar más tierra sobre los muertos. Esto va a seguir aunque desde las fuerzas políticas no sepan entender en toda su dimensión lo que esto significa.

http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/366214/manuel-rivas-el-juez-estrella-no-se-jugaria-la-cabeza