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Un libro sobre los fugitivos de los nazis en España replantea la responsabilidad del franquismo en el exterminio de los judíos

La Vanguardia, 06/03/2011 | 7 marzo 2011

“La penúltima frontera: fugitivos del nazismo en España (1940-1945)” de Rosa Sala Rose

‘La penúltima frontera: fugitivos del nazismo en España (1940-1945)’ permite entender las pesadillas burocráticas que suponía el paso por España en los años aciagos de la Segunda Guerra Mundial

PAU ECHAUZ

Es más arduo honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de quienes no tienen nombre”. Esta cita de Walter Benjamín resume el último libro de la escritora y germanista Rosa Sala Rose. Se trata de un puñado de historias protagonizadas por hombres y mujeres que como el filósofo alemán se vieron obligadas al desarraigo y a huir de una Europa enloquecida por el nazismo y la guerra, jugándose la vida, gente anónima que entraba en España por los Pirineos, la penúltima frontera antes de conseguir la libertad.

Rosa Sala Rose se encontró con todas estas historias olvidadas mientras buscaba en archivos alemanes y españoles materiales para sus libros de temática germanista. Ha leído miles de legajos que detrás de un lenguaje burocrático, en algunas ocasiones crudo y siniestro, esconden peripecias de personas que no tenían ni tienen la relevancia de Benjamin y por esa razón rescató su identidad y decidió “devolverlos a la vida”. Según la autora “algunas de las historias son asombrosas, otras grotescas y casi todas trágicas”. Sala ha leído cartas manuscritas, oficios de instancias oficiales y también ha intentado completar la historia de todos ellos, de los que encontraron la muerte y los que consiguieron llegar al mundo libre, contactando con personas que los conocieron.

La penúltima frontera: fugitivos del nazismo en España (1940-1945), es un libro que permite entender las pesadillas burocráticas y las penalidades físicas que suponía el paso por España en los años aciagos de la Segunda Guerra Mundial. Una de las fuentes principales ha sido el Arxiu Provincial de Girona, pero también entrevistas, libros y aportaciones de expertos, como el historiador Josep Calvet, especializado en el estudio de las redes de evasión por los Pirineos en este periodo, autor del prólogo.

Entre todas las historias recreadas por Rosa Sala, destaca por trágica, la de Jenny Kehr Lazarus. A finales de octubre de 1942, en Coll de Nargó, la Guardia Civil detiene a una pareja que ha entrado clandestinamente en España. Max Regensburger y Jenny Kehr habían huido con más gente del campo de concentración de Gurs en el sur de Francia y en sus primeras declaraciones ante las autoridades franquistas que decretan su ingreso en prisión se hacen pasar por pareja aunque no están casados. Jenny había perdido a su marido Nathan Richard Kehr, de quien había tomado el apellido, en uno de los pogromos efectuados por los nazis en regiones alemanas fronterizas con Francia. Las dos hijas adolescentes de los Kehr consiguieron salir de Europa pero la mujer y su madre fueron deportadas a Gurs donde la anciana falleció a los pocos días. Fue allí donde conoció a Max y donde se presume que iniciaron una relación sentimental. Detenidos en Lleida, el gobernador civil, Juan Antonio Cremades Royo ordena el ingreso de los dos en el campo de concentración de Miranda de Ebro. Pero en el campo sólo admiten hombres por lo que la pareja es separada y Jenny vuelve a dar con sus huesos en la cárcel de Lleida apenas un mes después de su entrada clandestina y llena de penurias en España y a disposición del gobernador civil.

En el expediente de Jenny Kehr, Rosa Sala ha encontrado un documento que explica el trágico final de la mujer. El gobernador civil decide que la refugiada sea conducida hacia Figueres y desde allí sea entregada en la frontera a la policía alemana. Así se lo comunica a su colega de Girona: “Tengo el honor de participar a V.E., que con esta fecha ordeno la conducción a Figueras de la extranjera hebrea Jenny Sara Kehr nacida Lazarus, rogando a V.E. tenga a bien ordenar que sea obligada a repasar la frontera ya que penetró en nuestro territorio clandestinamente y se ha dispuesto su expulsión del mismo por ser judía, esperando tenga a bien comunicarme la fecha en que esto se lleve a cabo…”.

La autora hace notar que el gobernador decide expulsarla no sólo por su entrada clandestina a España sino que la califica como “una extranjera hebrea” y sin que venga a cuento añade el nombre de Sara a su identificación completa, un trámite que sólo se empleaba en el III Reich en aplicación de las leyes raciales de Nuremberg. Según Sala, “todos los judíos debían añadir obligatoriamente, entre el nombre de pila y el apellido, el apelativo ‘Israel’ en el caso de los hombres y ‘Sara’ en el de las mujeres. El objetivo era identificar de inmediato en la correspondencia o en las transacciones comerciales la identidad judía del firmante”. Cremades Royo, un gobernador que procedía de la CEDA y del nacionalcatolicismo de la Asociación Nacional de Propagandistas, se deja llevar por un inusitado fervor filonazi y decide que Jenny ha de ser expulsada “por ser judía”.

Jenny es informada de su fatal destino y empieza su camino de vuelta desde la penúltima frontera hacia un campo de exterminio. Durante el traslado debe pernoctar en la cárcel de mujeres de Les Corts en Barcelona. Es ingresada la noche del 10 de diciembre de 1942 y las monjas guardianas ni apuntan su nombre y la dejan a cargo de una reclusa que la encierra en una celda. Por la mañana la encuentran colgada de un cinturón. Sala Rose escribe: “Qué sola tuvo que sentirse Jenny Kehr aquella fría noche de invierno en su celda de Barcelona. Y qué pavoroso tuvo que ser su miedo”.

Según Rosa Sala, la historia de Jenny demuestra que el franquismo también colaboró con la estrategia de solución final diseñada por los nazis para eliminar a los judíos de Europa. La España franquista no promulgó ley ni decreto alguno que determinara la expulsión de ciudadanos extranjeros en virtud de su origen étnico o religioso ni adoptó los brutales métodos del nacionalsocialismo. La decisión de expulsar a los refugiados extranjeros quedaba en manos del gobernador civil de la provincia donde se había producido la detención y todo apunta a que Jenny tuvo la mala fortuna de ir a parar a manos de un gobernador “anormalmente hostil a los judíos”, cosa que no sucedía en Girona, cuyo gobernador civil, Paulino Coll, no manifestaba tales actitudes antisemitas.

El caso de Jenny Kehr no fue el único. Este y otros varios ya fueron registrados por el historiador Josep Calvet en su libro Les muntanyes de la llibertat. Según Rosa Sala, queda desmentida la aseveración hecha por Patrik von zur Mühlen en un estudio de 1992 donde, careciendo de documentación relativa a expulsiones de judíos, afirma que “no existe el menor indicio de que España participara indirectamente en el holocausto entregando fugitivos a sus verdugos en virtud de su filiación”. Calvet corrobora la responsabilidad del primer franquismo en la deportación de muchos refugiados y fugitivos que entregados a los nazis acabaron pereciendo en los campos de exterminio. “Se destaca mucho –escribe– la labor de diplomáticos españoles que en las embajadas de muchos países del Este de Europa consiguieron salvar a miles de judíos, pero se omite que también fueron diplomáticos españoles destinados en Francia los que facilitaron la deportación a campos de exterminio de centenares de republicanos españoles exiliados en el país galo”.

La cantante que escribió al ‘Caudillo’

La penúltima frontera es un libro en el que tras las peripecias personales aparece un escenario lleno de tipos característicos y el trasfondo de una sociedad autoritaria llena de miserias y penurias por las circunstancias históricas y sociales. Los fugitivos son en buena parte judíos, pero entre los refugiados los hay de las más diversas procedencias, como desertores, espías, inventores y artistas como la cantante de variedades polaca Dora Poch. Era una joven cantante polaca que entra en España por su condición de judía con toda su familia, sus padres y su hermano Jean, que se encuentra en edad militar. Ingresados en la cárcel de Girona la joven toma rápidamente la iniciativa para conseguir salir de aquel nido de piojos y chinches. Escribe una carta personal al Caudillo y en la misiva le pide la libertad para ella y su familia. “Le ruego protección, Señor General, pues conozco su gran bondad y su interés por nuestro gremio”, afirma en una carta que incluye el “¡Arriba España! ¡Viva Franco!” de obligado cumplimiento.

Rosa Sala no ha podido confirmar si Franco leyó la entusiasta misiva, pero lo cierto es que mientras el padre y el joven Poch van a dar con sus huesos al campo de concentración de Miranda de Ebro, las dos mujeres consiguen la libertad y ya instaladas en Barcelona, la joven se transforma en Dora Henríquez, la cantante del Rigat, sala de variedades, en la que reanuda su carrera.

Dora logró la libertad de su padre y de su hermano, y finalmente, abandonó España por Marruecos, instalándose en Casablanca

http://www.lavanguardia.es/cultura/20110306/54123773845/un-libro-sobre-los-fugitivos-de-los-nazis-en-espana-replantea-la-responsabilidad-del-franquismo-en.html