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‘A agonía do león’: Maquis gallegos, pioneros de la resistencia antifranquista

El Mundo.es, 10/04/2011 | 11 abril 2011

La Federación de Guerrillas de Galicia-León fue la primera de la posguerra

 

Montse Dopico | Santiago de Compostela

Sirvió de modelo a las otras que se formaron en el territorio del Estado

El escritor Carlos Reigosa esclarece la caída de Manuel Girón

Debates que comezaron en los años 80 continúan abiertos en la actualidad

“En este libro no se dibuja el perfil de un héroe ni de un villano”. “Tampoco hay juicios morales destinados a orientar al lector; ni el asesino sin piedad que unos cincelaron con saña en tiempos pasados, ni el impoluto guerrillero que otros alabaron con fervor en épocas más próximas”. Así presenta el escritor y periodista Carlos Reigosa su libro ‘A agonía do León. Esperanza e traxedia dos escapados’ (Xerais), revisión actualizada de otro ensayo que publicó en castellano en 1995.

Reigosa fue uno de los autores pioneros en la difusión de la historia de los guerrilleros antifranquistas gallegos. En 1989 recuperó en el libro ‘Fuxidos de sona’ el relato de la trayectoria de varias figuras del maquis: ‘Foucellas’, ‘Gardarríos’, ‘Piloto’, César Ríos, Gómez Gayoso, ‘Mario de Langullo’ y ‘Gafas’. En 1992 publicó ‘El regreso de los maquis’, centrado en César Ríos, Mario Morán y Marcelino Fernández Villanueva, ‘Gafas’. El también escritor Víctor Freixanes reconstruyó en ‘Memoria dun fuxido’ (1980), la vida de Manuel González Fresco.

Pero los primeros estudios sistemáticos sobre el movimiento guerrillero de resistencia antifranquista vinieron de mano de los historiadores. Bernardo Máiz o Hartmut Heine sentaron los pilares de una serie de debates que hoy, en parte, continúan. La profesora de la Universidad de Santiago Aurora Marco realizó en los últimos cuatro años una investigación sobre las mujeres guerrilleras y considera que no fueron reconocidas como merecían.

“El papel de las mujeres en la guerrilla fue mucho más que la intendencia: hacer la comida o lavar la ropa de los guerrilleros. Hubo mujeres que participaron en los combates, como ‘Chelo’. La mayoría fueron enlaces, y su actividad fue fundamental: llevaban correos, enlazaban con otras personas, avisaban de por dónde andaba la Guardia Civil, conseguían armas… y se expusieron mucho por ello”, explicó Marco.

Libertarios y nacionalistas

En uno de los últimos congresos celebrados en Galicia sobre la guerrilla, organizado en 2009 por la Comisión para a Recuperación da Memoria Histórica de A Coruña, el historiador Eliseo Fernández reivindicaba el papel de los libertarios, mientras el también historiador Uxío-Breogán Diéguez hacía lo propio con los nacionalistas.

“En A Coruña hubo, en un principio, huidos al monte. Después, actuaron más ofensivamente: en el 37, un minero de Lousame asaltó la mina… Fue importante la partida de Neira, en Cariño, Ortigueira, Viveiro… Algunos libertarios fueron asesinados por comunistas cuando la guerrilla entró en su fase más estalinista y militarizada”, recordó entonces Eliseo Fernández.

Ese mismo año se celebró un acto de homenaje a Ramón Rodríguez Varela, ‘Curuxás’, guerrillero anarco-sindicalista cuya trayectoria, con 31 años de clandestinidad hasta su muerte en 1967, fue recogida por Carlos Parrado en el libro ‘Curuxás, o guerrilleiro que non cazou Franco’.

Las guerrilas y el nacionalismo

Uxio-Breogán Diéguez comentó, por su parte, con ocasión de aquel congreso en A Coruña, que “el Partido Galeguista quedó descabezado en Galicia, algo que no le ocurrió al Partido Comunista. Pero Alexandre Bóveda organizó la resistencia armada en Pontevedra. Hubo galleguistas enlaces de la guerrilla… El PC era su referente entonces, y muchos volvieron a conectar con el nacionalismo cuando se reorganizó, con la UPG y la AN-PG”, -años 60-70-.

La actividad de las asociaciones es fundamental en la actualización del debate sobre el movimiento ‘guerrilleiro’. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recuperó el año pasado en Triacastela (Lugo) los restos de tres mineros bercianos que escaparon al monte para evitar que los matasen. Hace sólo unos días, se celebró en Chantada (Lugo) un homenaje a ‘Piloto’.

Carlos Reigosa defendió, en la presentación de ‘A agonía do León’, la necesidad de recuperar la historia de los guerrilleros sin “orientaciones sectarias o mitificadoras”. Su libro se centra en la figura de Manuel Girón, del que afirma que fue el mejor amigo de sus compañeros, pero un ser odiado y temido por sus enemigos. La obra desmonta la falsa teoría de que había sido la compañera sentimental de Girón, Alida, quien lo había traicionado entregándolo a las autoridades.

El ensayo ‘A guerrilla antifranquista en Galicia’, -publicado a principios de los años 80-, de Hartmut Heine, recibió algunas críticas por la simpatía que mostraba hacia los maquis. Fue este historiador alemán quien primero señaló la importancia de la guerrilla gallega que, según explicó, sirvió de modelo a las otras desarrolladas en otros territorios del Estado.

¿Un error?

Pero es difícil acusar de mitificación a quien, en el congreso de A Coruña, aportó un durísimo balance de este movimiento, hasta el punto de afirmar que “visto desde hoy, está claro que fue un error, en el sentido de que fue ineficaz para derrocar al régimen. Pero, en aquel momento, fue una respuesta lógica, producto de la guerra civil. Supuso mucho derramamiento de sangre…” ya que “familias enteras fueron fusiladas por ayudar a los guerrilleros, sin juicio, en plena paz. La guerrilla no fue muy grande y potente en cuanto a la cantidad de guerrilleros, pero sí hubo muchas personas que la apoyaron. Hoy, y ya entonces, es imposible delimitar quién ayudó a la guerrilla de buen grado y quién, en cierto modo, se vio obligado por la guerrilla a colaborar…”.

Es cierto que la guerrilla no logró terminar con la dictadura pero, según opinó Jorge Seoane, hijo de uno de los principales líderes del Exército Guerrilleiro de Galicia en una visita que realizó a Santiago de Compostela en 2008, la guerrilla fue “embrión de la lucha antifranquista que germinó en la lucha clandestina de las fábricas y en la vida diaria del pueblo”. La interpretación de Heine es diferente, pues el experto alemán cree que, a corto plazo, muchos de los colaboradores potenciales de la resistencia antifranquista terminaron muertos o encarcelados a causa de la guerrilla, por lo que ésta quemó otras formas de lucha.

El movimiento guerrillero antifranquista gallego se extendió, según Heine, desde 1941 a 1951. Abarcó las catro provincias gallegas y zonas limítrofes: el Bierzo, La Cabrera, el valle de Sanabria en Zamora o el ayuntamiento asturiano de Ibias. El régimen desplegó a la Guardia Civil, e incluso a miembros del Ejército, para combatirlo. En un principio, huir al monte era simplemente un modo de sobrevivir a una “represión implacable”.

Una guerrilla ‘modelo’

La organización llegó después. La primera, la Federación de Guerrillas de Galicia-León, a partir de 1941-42, que tuvo influencia en zonas de Lugo y Ourense. La segunda, que sucedió a la primera desde 1946, fue el Exército Guerrilleiro de Galicia que duró hasta 1951 y que era de dominio comunista, a diferencia de la Federación, más plural -con socialistas, comunistas, libertarios, galleguistas y republicanos-.

“No es bandolerismo” -al contrario de lo que sostenía entonces la versión oficial franquista-, “pues hay unha clara conciencia política”, explicó Heine. Así, grupos de combatientes descoordinados -asturianos, gallegos y leoneses- fueron convirtiéndose en agrupaciones guerrilleras organizadas. Marcelino Fernádez ‘Gafas’, Mario Morán o César Ríos fueron, según destaca la investigadora Lupe Martínez en su libro ‘Coa man armada. Ejército Guerrillero de Galicia’, algunos de los principales responsables de dar forma a la Federación.

Marcelino Rodríguez, ‘Marrofer’, se esforzó por unificar los grupos de la provincia da A Coruña y del norte de Lugo. La época de mayor auge de la guerrilla, entre 1946 y 1948, se alcanzó bajo la dirección de José Gómez Gayoso, como secretario general del PC en Galicia, y Antonio Seoane, al mando del Exército.

La historia de la guerrilla tiene, por supuesto, sus dimensiones oscuras. Dice Heine que el mítico ‘Foucellas’, auténtico símbolo del movimiento guerrillero, fue un héroe con sus “zonas de sombra”. Se ha discutido, por ejemplo, si el PC actuó bien tras ordenar la retirada a partir de 1948. Según algunas interpretaciones, el partido dejó a su suerte a los guerrilleros que quedaban en el monte.

Una figura por reconocer

“La guerrilla gallega fue una parte de un movimiento antifascista y antifranquista español que no se puede entender sin el contexto europeo. La guerrilla estuvo esperando la intervención contra Franco de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, que nunca llegó. El régimen pasó de estar aislado internacionalmente a ser aceptado en la estrategia anticomunista de la guerra fría. No es cierto que el PC cambiase de táctica en el 48 y abandonase a los guerrilleros. Los siguió apoyando hasta el 51. El cambio de estrategia fue paulatino”, apuntó el historiador Víctor Santidrián con ocasión de su intervención en el citado congreso coruñés. El historiador Bernardo Máiz señaló 1948 como un año de infiltraciones, depuraciones y problemas, una vez capturados los principales líderes del movimiento e iniciado el giro táctico del PC.

En su libro ‘Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista’, Secundino Serrano subraya que la Federación de Guerrillas de Galicia-León, constituida “oficialmente” en el 42 en los montes de Ferradillo, cerca de Ponferrada, fue la primera guerrilla española de la posguerra y, apunta a capítulos de fuertes discordancias internas, como las que llevaron a asesinatos “en la mejor tradición estalinista”.

La mayor militarización de la guerrilla, comenta, favoreció que los enlaces -apoyos de la guerrilla en el llano- se fuesen apartando de la guerrilla, que se produjesen deserciones o infiltraciones, por lo que los guerrilleros no fueron capaces de mantener la buena relación con la población que antes habían tenido. Carlos Reigosa recuerda a Mario Rodríguez Losada, ‘Mario de Langullo’ o ‘Pinche’, como el maquis español en activo que más tarde abandonó el monte para tomar el camino del exilio, en 1968, tras resistir en las sierras de Ourense durante 32 años.

Uno de los ex-guerrilleros vivos más activos en el debate, Francisco Martínez López, ‘Quico’, sigue denunciando que, a pesar de la Ley de Memoria Histórica, falta aún por reconocer debidamente a los maquis en su condición de luchadores por la libertad. “No tenemos derechos. Las personas que fueron asesinadas injustamente siguen figurando en muchos documentos como delincuentes, bandoleros…”, recordó.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/10/galicia/1302457086.html